Coches más grandes, más peatones muertos por atropello

todoterreno SUV

Un análisis de 10.376 accidentes reales en Australia revela que el peso y la altura del vehículo determinan la supervivencia de los peatones, y que los todoterrenos son los más peligrosos.

Cuando un coche atropella a un peatón, lo primero que investiga la policía es la velocidad del conductor. Un estudio publicado en Sustainable Cities and Society señala que hay otro factor igual de determinante: cuánto pesa y cuánto mide en altura el vehículo. La investigación analizó 10.376 accidentes reales registrados en Australia a lo largo de 13 años y encontró una relación directa entre las dimensiones del coche y la probabilidad de que el peatón fallezca.

Índice
  1. Un 11% más de riesgo por cada diez centímetros
  2. La física detrás del impacto
  3. Una flota que engorda año tras año
  4. Lo que puede hacer la regulación
  5. REFERENCIA

Un 11% más de riesgo por cada diez centímetros

Los investigadores cruzaron los expedientes policiales de cada accidente con las especificaciones técnicas reales del vehículo implicado: peso, altura y tipo de carrocería. Sobre esos datos aplicaron un modelo de regresión logística binaria que controla el resto de variables relevantes (límite de velocidad, condiciones de iluminación, edad del conductor y del peatón, y estado de la vía).

Los resultados son contundentes: cada 100 kilogramos adicionales de peso del vehículo aumentan un 6% las probabilidades de que el peatón muera. El efecto de la altura es aún mayor: cada diez centímetros más elevan ese riesgo un 11%. Al comparar tipos de carrocería, los vehículos utilitarios (SUV y todoterrenos) muestran un 60% más de riesgo de causar una muerte peatonal que los turismos convencionales. Los familiares se quedan en un 20% adicional.

La física detrás del impacto

La explicación mecánica es directa. Un turismo convencional, con el frontal bajo, golpea primero las piernas del peatón y provoca una trayectoria de caída hacia el capó, donde el cuerpo absorbe parte de la energía. Un SUV con el morro alto impacta directamente en el torso o en la cabeza, las zonas más vulnerables. La masa del vehículo determina la energía total del impacto; la altura determina dónde se concentra esa energía en el cuerpo humano.

Este patrón ya había sido documentado en estudios previos realizados en Estados Unidos. Lo relevante del nuevo trabajo es que confirma el mismo mecanismo en un contexto diferente, con datos de siniestralidad independientes y una base temporal de más de una década.

Una flota que engorda año tras año

El contexto agrava los datos. Entre 2012 y 2025, el peso medio de los vehículos de pasajeros en Australia aumentó alrededor de 130 kilogramos (un 9%). La tendencia es prácticamente idéntica en Europa: los SUV representaban menos del 10% de las ventas en 2000 y superan el 50% actualmente. En España, las cifras de matriculaciones del último lustro siguen la misma curva ascendente.

Los investigadores calcularon que, si las dimensiones de los vehículos nuevos se limitasen al valor mediano de la flota actual, el modelo predice una reducción de aproximadamente el 9% en las muertes de peatones. Sin cambios en la conducta de los conductores, sin infraestructura nueva: bastaría con contener el crecimiento en las dimensiones de los coches.

Lo que puede hacer la regulación

El estudio no prescribe medidas concretas, pero la investigación internacional apunta en varias direcciones: impuestos progresivos según el peso del vehículo (algunos municipios franceses ya los aplican), normas de seguridad peatonal más exigentes para vehículos de mayor altura, y exigencias de rediseño de los frontales para reducir el impacto en las partes superiores del cuerpo.

La Unión Europea revisa actualmente sus normas de seguridad peatonal (Reglamento GTR 127), centradas sobre todo en la zona de impacto en la cabeza. Los datos australianos refuerzan el argumento para extender esa regulación al peso total del vehículo y a la altura de sus frontales.

Los coches siguen creciendo en masa y en altura. Las calles donde conviven con los peatones permanecen igual de estrechas. La ciencia dispone ahora de la evidencia necesaria para cuantificar esa diferencia en vidas humanas. Corresponde a los reguladores decidir qué hacen con ella.

REFERENCIA

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