La religión está desapareciendo en el mundo, pero esta vez no es por la educación

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Un estudio con datos de 81 países entre 1990 y 2022 confirma que la difusión de internet es el predictor más robusto de la pérdida de identidad religiosa.

Cuando a mediados de los años noventa la Web empezó a llegar a los hogares de todo el mundo, la mayoría de los sociólogos tenían los ojos puestos en la educación, la urbanización o la riqueza como grandes motores del proceso de secularización. El debate académico había girado durante décadas en torno a si el desarrollo económico y cultural lleva inevitablemente a las sociedades hacia la pérdida de la fe. Un estudio publicado en Sociology of Religion propone ahora que todas esas variables, aun siendo relevantes, han quedado en segundo plano frente a una que apenas existía hace treinta años: el acceso a internet.

Índice
  1. Treinta años de datos en 81 países
  2. Internet, el predictor más robusto
  3. La información plural, la hipótesis más plausible
  4. REFERENCIA

Treinta años de datos en 81 países

Los sociólogos Miran Lavrič y Tibor Rutar, de la Universidad de Maribor (Eslovenia), construyeron una base de datos combinando seis oleadas del World Values Survey con estadísticas nacionales de penetración de internet para 81 países entre 1990 y 2022. Para medir la religiosidad, emplearon un índice compuesto de seis ítems: asistencia a servicios religiosos, importancia de Dios en la vida propia, importancia de la religión en general, autoidentificación como persona religiosa, confianza en las instituciones eclesiales y pertenencia a una denominación. Los modelos estadísticos incluyeron controles por renta per cápita, nivel educativo, urbanización, globalización, envejecimiento demográfico y desigualdad de ingresos, con variables desfasadas en el tiempo para establecer la secuencia causal entre la llegada de internet y la pérdida de religiosidad.

Internet, el predictor más robusto

El resultado central del estudio es que un incremento de una desviación típica en la penetración de internet se asocia con una caída de aproximadamente 0,20 desviaciones típicas en el índice de religiosidad. Los análisis de desfase temporal muestran que la expansión de internet precede al descenso religioso, lo que refuerza la interpretación causal frente a la alternativa de que las sociedades ya secularizadas simplemente adoptaron antes la red.

Entre todos los indicadores de modernización analizados (riqueza, educación, urbanización, globalización), internet resultó ser el más consistente y robusto como predictor de cambio religioso. El efecto fue especialmente pronunciado en la autoidentificación religiosa y la pertenencia institucional (la afiliación formal a una iglesia o denominación), más que en la frecuencia de la práctica devocional. La red parece erosionar primero la identidad y la membresía antes que los hábitos de práctica.

La información plural, la hipótesis más plausible

Los investigadores no pueden identificar el mecanismo exacto desde datos agregados a nivel de país, pero la literatura científica ha postulado varias vías plausibles. Internet ofrece acceso sin precedentes a perspectivas alternativas, cosmovisiones seculares y comunidades no religiosas, algo que en entornos culturalmente homogéneos apenas existía hace pocas décadas. Al mismo tiempo, reduce el coste social de alejarse de una comunidad religiosa: en la vida offline, abandonar la fe de la familia o del vecindario solía implicar un precio relacional que hoy puede amortiguarse mediante redes alternativas en línea.

La llamada hipótesis de la exposición a la información (information exposure hypothesis) postula que el contacto sostenido con la pluralidad de creencias erosiona la certeza religiosa. Los datos del estudio son coherentes con esa interpretación, aunque sin confirmarla de forma directa.

El estudio trabaja con estadísticas nacionales, no con personas concretas, lo que impide saber qué perfiles de usuario o qué tipo de consumo de internet se asocian con mayor o menor cambio. Tampoco es posible distinguir si la actividad religiosa en línea (retransmisiones de oficios, comunidades de fe digitales, podcasts de predicadores) compensa parcialmente el efecto secularizador de la red.

Los propios autores reconocen además que la relación podría ser en parte bidireccional: la religiosidad pasada también predice, en cierta medida, la velocidad de adopción de internet dentro de un país. Con todo, analizar 81 países a lo largo de tres décadas con modelos de control robustos convierte este trabajo en uno de los más amplios realizados hasta la fecha sobre la relación entre tecnología y fe.

REFERENCIA

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