Por qué los neutrinos son tan importantes como para merecer el Nobel de física
El físico belga Francis Halzen gana el Premio Nobel de Física 2026 por construir el mayor detector de neutrinos del mundo bajo el hielo antártico.
Cada segundo, más de cien billones de neutrinos atraviesan tu cuerpo sin que lo notes. Sin dejarte huella alguna. Sin interactuar con ninguno de tus átomos. A estas partículas sin carga eléctrica y con una masa prácticamente nula las llaman partículas fantasma, y capturarlas es una de las empresas científicas más difíciles que ha acometido la humanidad. El 6 de octubre de 2026, la Real Academia de Ciencias de Suecia decidió que Francis Halzen, el físico belga que dedicó su vida a ese problema, merecía el mayor reconocimiento de la ciencia.
El Nobel que tardó cuatro décadas en llegar
La relación de Halzen con los neutrinos comenzó a mediados de la década de 1980, cuando estudiaba diseños de telescopios de neutrinos con su postdoctorando Enrique Zas, hoy catedrático en la Universidad de Santiago de Compostela. En 1988 propuso formalmente algo sin precedentes: construir un detector de un kilómetro cúbico bajo el Polo Sur. La idea tardó años en conseguir financiación, pero en 2004 comenzaron las obras y en diciembre de 2010 se instaló la última cadena de sensores. El observatorio que llevaría el nombre de IceCube estaba listo.
Halzen, que tiene 82 años y lleva más de cinco décadas en la Universidad de Wisconsin-Madison, recibió la noticia cuando estaba en Italia. «Ha sido una gran sorpresa, y desde luego no me lo esperaba», declaró Halzen por teléfono al comité Nobel. La Academia Sueca le otorgó el galardón «por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico». El premio lleva aparejados doce millones de coronas suecas (alrededor de un millón de dólares) y convierte a Halzen en el undécimo belga en ganar un Nobel. Nacido en 1944 en Tienen, al este de Bruselas, llegó a Wisconsin en 1971 para una estancia de seis meses en la universidad y nunca regresó.
Eva Olsson, miembro del comité Nobel, sintetizó el alcance del logro con una imagen elocuente. «Abrió la puerta a galaxias lejanas y nos habla de los procesos de las estrellas en explosión», señaló.
Un telescopio de hielo en el fin del mundo
IceCube es, literalmente, un kilómetro cúbico de hielo antártico transformado en detector de partículas. Bajo la estación Amundsen-Scott del Polo Sur, 5.160 módulos ópticos digitales cuelgan a profundidades de entre 1.500 y 2.500 metros, donde el hielo es tan transparente y estable que puede registrar señales imposibles de captar en la superficie. La colaboración científica reúne a más de 450 investigadores de 14 países. Es el primer detector de neutrinos con masa de una gigatonelada.
El principio de detección es indirecto pero ingenioso. Cuando un neutrino choca con un núcleo atómico del hielo, genera una cascada de partículas cargadas que emiten un destello de luz azulada (la llamada radiación Cherenkov). Ese fogonazo dura nanosegundos, pero los sensores lo registran y permiten reconstruir la dirección y la energía del neutrino original. El observatorio capta más de cien mil neutrinos al año.
En 2013, el equipo publicó en la revista Science la primera evidencia de neutrinos de altísima energía procedentes de fuera de la Vía Láctea. Llegaban con energías del orden de petaelectronvoltios (PeV), unas cien veces superiores a las que alcanza el Gran Colisionador de Hadrones del CERN. A las dos primeras partículas identificadas las llamaron «Bert» y «Ernie», en homenaje a los personajes de Barrio Sésamo. Desde entonces, IceCube ha ido apuntando a fuentes concretas: los núcleos activos de galaxias lejanas, entornos próximos a agujeros negros supermasivos donde la materia cae en espiral a velocidades cercanas a la de la luz y genera partículas con energías inalcanzables en cualquier acelerador terrestre. Puedes leer más sobre esa primera detección en este reportaje de Quo.
Por qué ver el universo con neutrinos lo cambia todo
Durante siglos, la astronomía fue la ciencia de observar la luz. Primero con los ojos, después con telescopios ópticos, luego con detectores de radio, rayos X y rayos gamma. Cada nueva ventana reveló aspectos del cosmos invisibles al resto. Los neutrinos abren un canal radicalmente distinto: proceden de regiones tan densas y violentas que la luz no puede escapar de ellas, y viajan en línea recta sin desviarse por los campos magnéticos galácticos, apuntando directamente a sus fuentes.
Eva Lindroth, también miembro del comité Nobel, fue escueta y precisa. «Nos dan información que no podemos obtener de ninguna otra manera», afirmó. Los neutrinos de alta energía son mensajeros de los ambientes más extremos del universo: explosiones de supernovas, chorros de plasma relativista disparados a millones de años luz y los entornos de agujeros negros que trituran materia a escalas cósmicas. Identificar sus fuentes con precisión es uno de los grandes objetivos de la astrofísica actual, y el campo que Halzen contribuyó a fundar (la astronomía de neutrinos) es hoy una de sus fronteras más activas.
Los neutrinos, además, permiten comprobar el Modelo Estándar de la física de partículas en condiciones de energía que ningún acelerador puede replicar. Hasta ahora, incluso los neutrinos más energéticos detectados por IceCube se comportan exactamente como la teoría predice. Pero cualquier desviación, por pequeña que sea, podría señalar la presencia de física más allá del Modelo Estándar, un horizonte que la comunidad física lleva décadas intentando alcanzar.
España también escucha el silencio cósmico
La búsqueda de neutrinos no es exclusiva del Polo Sur. En los Pirineos aragoneses, el Laboratorio Subterráneo de Canfranc (LSC) persigue objetivos complementarios. A 850 metros bajo tierra, protegido de la radiación cósmica que contaminaría cualquier medida en la superficie, el laboratorio busca señales del decaimiento doble beta sin neutrinos, un proceso rarísimo que demostraría que el neutrino es su propia antipartícula (lo que los físicos denominan una partícula de Majorana). Confirmar esa propiedad tendría consecuencias profundas: ayudaría a explicar por qué el universo está hecho de materia y no de antimateria en proporciones iguales, uno de los mayores misterios sin resolver de la cosmología. Puedes conocer mejor este proyecto en este reportaje sobre el Laboratorio Subterráneo de Canfranc.
El Nobel de Halzen llega cuando la física de neutrinos vive una expansión sin precedentes. Se planean detectores más grandes que IceCube, tanto en el Polo Sur como bajo el océano Mediterráneo. Halzen dijo que espera que el premio le ayude a que le aprueben una nueva propuesta de investigación en la que trabaja. El físico belga que llegó a Wisconsin por seis meses y se quedó cinco décadas sigue buscando. Las partículas que atraviesan tu cuerpo cien billones de veces por segundo, sin que lo notes, tienen todavía muchos secretos por revelar.
REFERENCIA
- Evidence for High-Energy Extraterrestrial Neutrinos at the IceCube Detector. IceCube Collaboration. Science, 22 noviembre 2013.
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