Política y lenguaje: si quieres convencer a personas de derechas, cambia las palabras

política y lenguaje

En Estados Unidos, cambiar "privilegio" por "ventaja injusta", entre otras palabras, hace que los votantes republicanos acepten los argumentos

Imagina dos cursos de formación idénticos. Mismas diapositivas, mismos ejemplos, mismo contenido. Lo único que cambia son unas pocas palabras de la presentación. En uno se habla de "diversidad", "inclusión" y "privilegio". En el otro, de "diferencias", de "ser visible, escuchado y tenido en cuenta" y de "ventajas injustas". Según un estudio de la Universidad Cornell publicado en la revista Social Psychological and Personality Science, ese pequeño retoque basta para que las personas conservadoras acepten la formación con mucho menos recelo.

La explicación tiene que ver con cómo procesamos el lenguaje cuando la política se mete por medio. Algunas palabras dejan de describir cosas y se convierten en banderas, señales que nos dicen a qué bando pertenece quien las pronuncia. Cuando alguien oye un término asociado al grupo rival, puede activarse lo que los psicólogos llaman reactancia (una resistencia automática a lo que percibimos como un intento de cambiar nuestras ideas o limitar nuestra libertad). Esa reacción llega antes de escuchar el argumento, de modo que el mensaje queda descartado sin haber llegado a evaluarse.

Índice
  1. El mismo curso con otras palabras
  2. Palabras convertidas en banderas
  3. Una solución barata con matices
  4. REFERENCIA

El mismo curso con otras palabras

Devon Proudfoot y Sean Fath, profesores de comportamiento organizacional en la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de Cornell, querían comprobar si el rechazo a la formación en diversidad depende solo de lo que se enseña o también de cómo se presenta. Para ello realizaron tres experimentos y dos estudios complementarios con trabajadores estadounidenses en activo, tanto votantes demócratas como republicanos.

Los participantes vieron presentaciones de formación en diversidad, equidad e inclusión (lo que en Estados Unidos se conoce por sus siglas en inglés, DEI) y artículos sobre recursos humanos. La mitad recibía los materiales con el vocabulario habitual. La otra mitad, con un lenguaje alternativo cuidadosamente equiparado para que el significado se mantuviera. Así, "diversidad" pasaba a ser "diferencias" y "privilegio" se convertía en "ventajas injustas".

Los resultados fueron claros en el caso de los republicanos. Cuando la formación se presentaba con el lenguaje alternativo, mostraban más entusiasmo por ella y la consideraban menos sesgada políticamente. "No cambió nada de la formación en sí, solo el lenguaje que se usó para presentarla", explica Proudfoot.

Palabras convertidas en banderas

El momento en que se hizo el estudio le da todavía más interés. Los datos se recogieron entre diciembre de 2024 y abril de 2026, justo cuando el debate sobre las políticas DEI estaba al rojo vivo en Estados Unidos, con las elecciones presidenciales y las órdenes ejecutivas de la Administración Trump para desmantelar estos programas en el Gobierno federal. Las ondas de ese choque llegaron a Europa. En febrero de 2025, la embajada estadounidense en Madrid pidió a sus proveedores españoles que certificaran por escrito que no aplicaban políticas de diversidad contrarias a la legislación de su país.

"Se suele dar por hecho que los conservadores rechazan la formación en diversidad porque no están de acuerdo con lo que enseña", señala Proudfoot. El estudio no descarta que ese desacuerdo exista, pero añade una pieza al rompecabezas. "Queríamos saber si las palabras usadas para presentar la formación también influían, y descubrimos que sí", resume la investigadora. Según sus autores, términos como "inclusión" o "pertenencia" se han cargado de significado político con los años. "Algunas de las palabras que usamos para describir la formación en diversidad se han convertido en señales políticas", insiste Proudfoot.

Una solución barata con matices

Para las empresas, la conclusión práctica es sencilla. Describir los contenidos en términos llanos y concretos podría reducir la tensión política en torno a estos cursos sin modificar lo que se enseña. "No es la panacea, pero es un cambio fácil y de bajo coste", reconoce Proudfoot.

El hallazgo encaja con lo que ya se sabía sobre este tipo de programas. Los sociólogos Frank Dobbin y Alexandra Kalev llevan años documentando que la formación obligatoria en diversidad puede provocar el efecto contrario al buscado cuando los empleados la perciben como una imposición. Si la primera impresión ya genera rechazo, el resto del curso tiene la batalla perdida.

Habrá quien vea en el cambio de vocabulario un simple maquillaje, una forma de colar las mismas ideas con otro envoltorio. Otros responderán que los críticos de estos programas cuestionan sus objetivos de fondo, y que rebautizarlos no cambia ese debate. Lo que el estudio muestra es más modesto y quizá más útil. Medía la reacción ante la presentación de un curso, sin seguir después a los participantes para ver si cambiaban su comportamiento en el trabajo. Tampoco se sabe aún si el efecto se repetiría fuera de Estados Unidos, donde estas palabras arrastran otra carga política.

Aun así, el experimento deja una lección que va más allá de los departamentos de recursos humanos. Cuando un tema se polariza, el vocabulario se convierte en un campo de batalla. A veces, para que alguien escuche lo que tienes que decir, basta con dejar de agitar la bandera.

REFERENCIA

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Política y lenguaje: si quieres convencer a personas de derechas, cambia las palabras puedes visitar la categoría SER HUMANO.

Continúa Leyendo

Subir