Separar el artista de la obra: así te engaña tu cerebro para justificarte

Michael Jackson

"Este tío nunca me gustó" o cómo tras un escándalo cambiamos nuestros recuerdos engañándonos a nosotros mismos

Durante años te sabías de memoria las canciones de un cantante. Las cantabas en el coche, las asociabas a un verano, a una persona, a una época de tu vida. Un día descubres algo terrible sobre él. ¿Qué pasa entonces con todos esos recuerdos? Según un estudio publicado en el Journal of Experimental Social Psychology, la mente realiza una especie de "cirugía moral". Reescribe lo que pensábamos del artista y deja intacto lo mucho que disfrutábamos de su obra.

Para entenderlo hay que olvidar la idea de que la memoria funciona como una grabación. Cada vez que recordamos algo, el cerebro reconstruye la escena a partir de fragmentos y la retoca con lo que sabemos en el presente. Esa flexibilidad resulta muy útil para resolver la disonancia cognitiva (el malestar que sentimos cuando dos ideas que tenemos chocan entre sí). Admirar a alguien que ha hecho algo reprobable es incómodo. Una salida es convencernos de que, en el fondo, esa persona nunca nos cayó tan bien.

Índice
  1. Cinco experimentos sobre la memoria de los fans
  2. El artista se hunde, la obra se salva
  3. Proteger los recuerdos es protegernos a nosotros
  4. REFERENCIA

Cinco experimentos sobre la memoria de los fans

La investigación la firman Sally MyungJin Shin, profesora de marketing en la Universidad del Sur de Florida, Paul Rozin, de la Universidad de Pensilvania, y Gal Zauberman, de la Universidad Yale. Diseñaron cinco experimentos prerregistrados (es decir, con las hipótesis y el método publicados antes de recoger los datos, para evitar ajustes a posteriori). En ellos, los participantes valoraban a un creador y su obra, después recibían información negativa sobre esa persona y finalmente tenían que recordar qué opinaban antes de saberlo.

En el primer experimento, cada voluntario elegía su cuadro favorito entre varios y luego se enteraba de algo muy negativo sobre el pintor. En otros se usó música y se trabajó con gustos que los participantes ya tenían de antes. Los investigadores se inspiraron en casos reales, como el de Bill Cosby tras las demandas de 2014, el historial de abandono paterno de Ray Charles o el pasado violento de John Lennon.

El artista se hunde, la obra se salva

Los resultados mostraron un patrón muy claro. En el presente, el escándalo empeoraba la opinión sobre todo, tanto sobre el artista como sobre su obra. La diferencia aparecía al mirar atrás. Los participantes recordaban que el creador siempre les había gustado menos de lo que realmente indicaban sus valoraciones iniciales. En cambio, el recuerdo de cuánto disfrutaban del cuadro o de la canción apenas se movía.

"Lo más sorprendente es que la capacidad de separar el arte del artista solo existe cuando miramos hacia atrás en el tiempo", explica Shin. Según la investigadora, quienes admiraban al creador "rebajan de forma selectiva su opinión pasada sobre el creador mientras mantienen protegido el disfrute pasado de la obra".

El efecto se repitió con distintos tipos de arte, con faltas de diferente gravedad y con varias pruebas de control. Los autores comprobaron que se mantenía cuando se pagaba a los participantes por recordar con precisión, cuando las preguntas se hacían en sesiones separadas por días y cuando las valoraciones pasadas y presentes se medían por separado. Descartaron así que se tratara de pereza al responder o de un intento de complacer a los investigadores.

Proteger los recuerdos es protegernos a nosotros

¿Por qué la obra sale tan bien parada? Los autores apuntan a que los recuerdos ligados a la música, el cine o la televisión forman parte de nuestra identidad. Aquella canción es también nuestra primera fiesta, nuestro primer amor o aquel viaje con amigos. Renegar de ella sería como borrar un trozo de nuestra biografía. Resulta mucho más barato emocionalmente culpar al artista y decirnos que nunca nos fiamos del todo de él.

No es la única estrategia que usamos para proteger a nuestros ídolos. En septiembre contamos en Quo un estudio sobre los fans de Taylor Swift que tomaba el camino contrario. Ante los datos sobre las emisiones de los aviones privados de la cantante, los seguidores más fieles mantenían intacta su admiración por ella y justificaban su huella de carbono. El precio de esa lealtad era alto, porque esas excusas debilitaban su preocupación general por el cambio climático. En aquel caso se salvaba a la persona. En este, se la sacrifica para salvar los recuerdos.

Los investigadores creen que este matiz enriquece el debate sobre la llamada cultura de la cancelación, que suele plantearse en términos de todo o nada. En la práctica, la mayoría de la gente hace algo más sutil. Condena al autor, guarda la obra en un rincón seguro de la memoria y reescribe la historia para quedar como alguien que siempre tuvo sus sospechas. La próxima vez que oigas a alguien decir que "ese tío nunca me gustó", quizá te convenga preguntarte si lo recuerda de verdad o si su cerebro ha pasado por el quirófano.

REFERENCIA

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Separar el artista de la obra: así te engaña tu cerebro para justificarte puedes visitar la categoría CURIOSIDADES.

Artículos relacionados

Continúa Leyendo

Subir