Si quieres un fósil de un minitiranosaurio , prepara 47 millones, solo hay dos

Jodi, un esqueleto de Nanotyrannus descubierto en Montana en 2019. Matthew Sherman/ Sotheby's

Jodi, un esqueleto casi completo de Nanotyrannus, es ya el segundo fósil más caro de la historia, y los paleontólogos temen perderlo de vista

Doce minutos. Eso duró la puja en Sotheby's Nueva York el pasado 27 de octubre. Seis compradores se disputaron un esqueleto de dinosaurio con una estimación de entre seis y nueve millones de dólares, y cuando cayó el martillo el precio había llegado a 47,3 millones. Se llama Jodi, es un Nanotyrannus de hace unos 67 millones de años y su nuevo dueño, por ahora, es un misterio.

Para entender por qué se ha pagado tanto hay que entender la pelea científica que hay detrás de este animal. Durante décadas, muchos paleontólogos pensaron que el Nanotyrannus (literalmente "tirano enano") era en realidad un Tyrannosaurus rex adolescente. Otros defendían que se trataba de una especie propia, un depredador pequeño y veloz que compartía territorio con el gran T. rex. La diferencia es importante. Si el Nanotyrannus existe, el final del Cretácico tenía dos tiranosaurios en lugar de uno, y todo lo que creíamos saber sobre cómo crecía el T. rex habría que revisarlo.

Jodi es uno de los tres únicos ejemplares de Nanotyrannus conocidos por la ciencia. Matthew Sherman/Sotheby's
Jodi es uno de los tres únicos ejemplares de Nanotyrannus conocidos por la ciencia. Matthew Sherman/Sotheby's
Índice
  1. Un hallazgo en un rancho de Montana
  2. El debate que se zanjó en 2025
  3. Un fósil que puede desaparecer en una cámara acorazada
  4. REFERENCIA

Un hallazgo en un rancho de Montana

La historia de Jodi empieza en 2019, cuando la ranchera Jodi Pierson encontró los huesos en el condado de Garfield, en Montana. El fósil lleva su nombre. Lo excavó Clayton Phipps, un paleontólogo comercial conocido como el "vaquero de los dinosaurios", el mismo que en 2006 desenterró cerca de allí los célebres Dueling Dinosaurs, un tricerátops y un Nanotyrannus fosilizados en plena pelea que hoy se exhiben en el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte.

El yacimiento pertenece a la formación Hell Creek, la misma de la que salió en 1902 el primer esqueleto de T. rex. Jodi mide 2,9 metros de alto y unos 6 metros de largo (poco más de la mitad que Gus, el T. rex que batió el récord de subastas en julio con 50,1 millones). Conserva 191 elementos óseos y un cráneo prácticamente completo, con 53 huesos. Las piezas que faltaban se han sustituido por réplicas impresas en 3D y esculpidas a mano.

Su escasez explica buena parte del precio. Jodi es uno de los tres esqueletos relativamente completos de Nanotyrannus que se conocen. Los otros dos son el de los Dueling Dinosaurs y Jane, que se conserva en el Museo Burpee de Historia Natural de Rockford, en Illinois.

El debate que se zanjó en 2025

El origen de la polémica es un cráneo hallado en Montana en 1942 y conservado en el Museo de Historia Natural de Cleveland. En 1988, el paleontólogo Robert Bakker y sus colegas lo bautizaron como Nanotyrannus lancensis. Varios investigadores (con Thomas Carr a la cabeza) replicaron que era un T. rex inmaduro.

La balanza se inclinó hace un año. En octubre de 2025, Lindsay Zanno y James Napoli, del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, publicaron en Nature el análisis del Nanotyrannus de los Dueling Dinosaurs. Los anillos de crecimiento de sus huesos (parecidos a los de los troncos de los árboles) indicaban que tenía unos 20 años y había dejado de crecer. Tenía además brazos más largos que los de un T. rex adulto, más dientes, otra disposición de los nervios craneales y una cavidad sinusal extra en el hocico. Son rasgos que se fijan pronto en el desarrollo, así que aquel animal jamás se habría convertido en un T. rex. Napoli lo resumió así para National Geographic: "No hay forma posible de defender científicamente que esto sea un T. rex".

Pocas semanas después, un estudio publicado en Science llegó a la misma conclusión por otro camino. Sus autores analizaron el tejido del hioides (el hueso que sostiene la lengua) del cráneo de Cleveland y confirmaron que era el de un animal maduro. Algunos de los antiguos escépticos, como Carr o el paleontólogo Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, aceptaron que el Nanotyrannus es una especie distinta, aunque mantienen dudas sobre otros ejemplares.

Un fósil que puede desaparecer en una cámara acorazada

Jodi llegó a la subasta con la etiqueta Nanotyrannus cf. lancensis, una fórmula que en paleontología indica una identificación provisional. Sotheby's lo considera un adulto por su tamaño y el desarrollo de sus huesos, pero no consta que ningún estudio científico revisado por pares lo haya examinado. El esqueleto se ha vendido con todos los derechos, de modo que el comprador puede fabricar y vender réplicas a museos o coleccionistas.

Los paleontólogos llevan años criticando estas ventas millonarias, que alejan ejemplares únicos de la investigación y del público. Brusatte ha declarado que le resulta angustioso imaginar que el esqueleto acabe en el almacén de un coleccionista en lugar de en un museo. David Hone, de la Universidad Queen Mary de Londres, cree que los precios de los dinosaurios son una burbuja que acabará estallando. Mientras nadie pueda estudiarlo, recuerda, el fósil queda a efectos prácticos fuera de la ciencia.

Es la paradoja de Jodi. Su valor se disparó gracias a los estudios que confirmaron que el Nanotyrannus era una especie real, y es precisamente la ciencia la que corre el riesgo de quedarse sin él. Uno de los tres esqueletos que podrían contarnos cómo vivía el otro tirano del Cretácico puede pasar los próximos años en un salón privado, o peor aún, en un almacén.

REFERENCIA

Imagen: Jodi, un esqueleto de Nanotyrannus descubierto en Montana en 2019. Matthew Sherman/ Sotheby's

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