Un antepasado directo del famoso T. rex viajó desde Asia a América hace más de 70 millones de años. ¿El resultado? El tirano más temido de la historia.
Durante el periodo Cretácico, que duró desde hace unos 145 hasta 66 millones de años, el clima global y la geografía de los continentes eran muy diferentes a los actuales. Durante el Máximo Termal Cretácico, un periodo de calor extremo hace 92 millones de años, que afectó la evolución y distribución de la fauna. En esta época vivían los terópodos, un grupo de dinosaurios carnívoros que incluye tanto al Tyrannosaurus rex como a los megaraptores, con largas garras y distintos al T. rex. Los carcharodontosáuridos, gigantes depredadores con dientes similares a los de tiburón, dominaron antes de extinguirse, dejando un nicho libre para nuevos carnívoros gigantes.
Un nuevo estudio liderado por investigadores de University College London (UCL), publicado en Royal Society Open Science, ha revelado que el legendario Tyrannosaurus rex evolucionó en América del Norte, pero su ancestro directo llegó desde Asia cruzando el antiguo puente terrestre que unía Siberia con Alaska hace más de 70 millones de años.
Según los investigadores, el crecimiento acelerado en tamaño tanto del T. rex como de sus parientes los megaraptores coincidió con una caída global de las temperaturas tras el Máximo Termal Cretácico. Esta correlación sugiere que los tiranosaurios podían haber estado mejor adaptados a climas fríos, posiblemente por poseer plumas o una fisiología más cercana a la de los animales de sangre caliente.
Cassius Morrison, autor principal del estudio y estudiante de doctorado en Ciencias de la Tierra en la UCL, comentó: “El origen geográfico del T. rex ha sido motivo de intensos debates. Algunos paleontólogos apostaban por Asia y otros por América del Norte. Nuestros modelos apuntan a que los ‘abuelos’ del T. rex llegaron a América del Norte desde Asia, cruzando el estrecho de Bering cuando aún estaba conectado por tierra”.
Las rutas de dispersión potenciales de los megaraptorans durante el Jurásico Medio-Cretácico Temprano (aprox. 143 Ma). Las rutas de dispersión se elaboraron a partir de las reconstrucciones de las áreas ancestrales de la figura 1 y trazándolas sobre un mapa base redibujado a partir de Scotese [26]. Aquí, las poblaciones de megaraptores se dispersan a través de las regiones más conectadas de las áreas geográficas (es decir, geodispersión). Abreviaturas: ANT.: Antártida; AUS.: Australia. Siluetas realizadas por ‘the funk monk’ y ‘jagged fang designs’ y disponibles en Phylopic.org bajo licencia Creative Commons.
El tiranosaurio original era asiático
Estos hallazgos coinciden con estudios anteriores que mostraban que el T. rex está más emparentado con dinosaurios asiáticos como el Tarbosaurus que con norteamericanos como el Daspletosaurus. Aunque decenas de fósiles de T. rex se han encontrado en América del Norte, el equipo sugiere que los restos fósiles de su antecesor directo aún podrían estar ocultos bajo el suelo asiático, esperando a ser descubiertos.
El estudio también responde a una controversia reciente: un análisis de 2023 propuso que el Tyrannosaurus mcraeensis, hallado en Nuevo México, sería más antiguo que el T. rex, sugiriendo una evolución exclusivamente norteamericana. Sin embargo, los autores del nuevo estudio rechazan esta hipótesis, alegando que la datación del fósil de T. mcraeensis no es fiable.
La pieza ilustra la disparidad de la evolución de las faunas terrestres cretácicas de los hemisferios Norte y Sur tras el Máximo Térmico del Cretácico. A la izquierda, el Hemisferio Sur del Cretácico Superior (Gondwana occidental) pasó a estar dominado por terópodos megaraptoridos y saurópodos titanosaurios. El centro de la pieza resume el acontecimiento de extinción de la fauna terrestre en el Máximo Térmico del Cretácico, donde los depredadores ápice los alosaurios carcarodontosáuridos se extinguieron y los tiranosáuridos (incluidos los megaraptoranos y los antepasados del Tyrannosaurus rex) se quedaron pequeños. A la derecha, la fauna del Hemisferio Norte de finales del Cretácico dominada por tiranosáuridos (como el Tyrannosaurus rex), hadrosaurios y dinosaurios ceratopsianos ornitisquios. El entorno también se hizo más mésico representado por el paisaje en comparación con el entorno estacional más semiárido de principios del Cretácico. Crédito: Pedro Salas y Sergey Krasovskiy
Para llegar a sus conclusiones, los científicos emplearon modelos matemáticos que integran datos fósiles, árboles evolutivos de dinosaurios y reconstrucciones de la geografía y el clima de la época. Una de las fortalezas del modelo es que considera las lagunas en el registro fósil, incorporando la incertidumbre como parte del análisis.
Los megaraptores, uno de los grupos más misteriosos de dinosaurios carnívoros, presentan un gran contraste con el T. rex. En lugar de cráneos macizos y mandíbulas demoledoras, tenían cabezas esbeltas, brazos largos (tan largos como una persona) y garras de hasta 35 centímetros. El estudio concluye que los megaraptores eran más comunes y estaban más ampliamente distribuidos de lo que se pensaba, con un origen probable en Asia hace 120 millones de años. Desde allí se expandieron hacia Europa y, más tarde, al supercontinente Gondwana, que incluía lo que hoy son África, Sudamérica y la Antártida.
Esto implicaría que los megaraptores vivieron en regiones como Europa y África, donde todavía no se han hallado fósiles del grupo. Se sugiere que evolucionaron de forma diferente a los tiranosáuridos como el T. rex, desarrollando garras letales en lugar de mordidas aplastantes, quizás porque cazaban presas distintas. En Gondwana, por ejemplo, pudieron alimentarse de saurópodos jóvenes, mientras que el T. rex cazaba presas robustas como Triceratops, Edmontosaurus y Ankylosaurus.
Cada vez más grandes y terribles
Ambos linajes –tiranosáuridos y megaraptores– alcanzaron tamaños colosales casi al mismo tiempo, justo después de la extinción de los carcharodontosáuridos, que dejó un vacío en la cima de la cadena alimentaria. Esta coincidencia temporal con el enfriamiento global sugiere que los tiranosaurios pudieron aprovechar mejor las nuevas condiciones climáticas que otros grupos.
Al final del Cretácico, el T. rex podía pesar hasta nueve toneladas, comparable a un elefante africano muy grande o incluso a un tanque ligero. Los megaraptores, por su parte, alcanzaban los diez metros de longitud.
Charlie Scherer, coautor del estudio y fundador de la Sociedad de Paleontología de la UCL, explicó: “Nuestros hallazgos arrojan luz sobre cómo aparecieron los tiranosaurios gigantes en América del Norte y del Sur, y por qué alcanzaron tamaños tan extraordinarios hacia el final de la era de los dinosaurios. Probablemente crecieron tanto para ocupar el lugar dejado por los carcharodontosáuridos gigantes, eliminando así una barrera ecológica que antes impedía su expansión”.
Por su parte, Mauro Aranciaga Rolando, coautor argentino del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia en Buenos Aires, añadió: “Hace unos 120 millones de años, los megaraptores formaban parte de una fauna diversa y extendida. A medida que Gondwana se fragmentó, estos depredadores se especializaron y pasaron a habitar entornos más específicos. Mientras que en Asia fueron reemplazados por los tiranosaurios, en lugares como Australia y la Patagonia evolucionaron hasta convertirse en depredadores supremos, dominando sus ecosistemas”.
REFERENCIA
Rise of the king: Gondwanan origins and evolution of megaraptoran dinosaurs
Imagen: La fauna del Hemisferio Norte de finales del Cretácico estaba dominada por tiranosáuridos (como el Tyrannosaurus rex), hadrosaurios y dinosaurios ceratopsianos ornitisquios. Crédito: Pedro Salas y Sergey Krasovskiy.