Un equipo internacional de científicos publica el análisis genómico de restos humanos de cuatro cementerios de cazadores-recolectores cerca del lago Baikal, en el sureste de Siberia
Durante décadas, la aparición de enfermedades zoonóticas devastadoras en la prehistoria humana se ha vinculado estrechamente a la revolución agrícola del Neolítico: el contacto cercano con animales domesticados, el sedentarismo y la densidad poblacional creciente de las primeras comunidades agrícolas habrían creado las condiciones ideales para que los patógenos saltaran de los animales a los humanos y se propagaran con mayor facilidad.
La Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste, es el ejemplo más estudiado de esa narrativa: sus primeras evidencias genómicas en humanos databan de comunidades agrícolas tardías de Europa occidental, asociadas a un declive demográfico prolongado entre hace 5.300 y 4.900 años. El nuevo estudio, liderado por la Dra. Ruairidh Macleod y colaboradores, incluyendo al Prof. Eske Willerslev, pionero del ADN antiguo, desafía esa narrativa con un hallazgo inesperado: cazadores-recolectores, no agricultores, que sufrieron brotes letales de peste aún más antiguos.
Una sorpresa completa en las cuencas siberianas
El equipo de las universidades de Cambridge y Copenhague analizó ADN antiguo extraído de los dientes de 46 individuos procedentes de cuatro cementerios de cazadores-recolectores de la región del lago Baikal, datados en el Holoceno medio. La Yersinia pestis fue detectada en 18 de esos 46 individuos, una tasa de detección del 39% que supera incluso a algunas de las fosas comunes de víctimas de la Peste Negra medieval, el evento de mortalidad masiva por excelencia en la historia humana.
«Encontrar evidencia de un brote letal a gran escala entre estos cazadores-recolectores fue una sorpresa completa», señaló la Dra. Macleod. El análisis de los genomas bacterianos recuperados revela que estas cepas representan los linajes más antiguos de Yersinia pestis documentados hasta la fecha, situados cerca de la raíz evolutiva ancestral de la bacteria, que se habría separado de su predecesor evolutivo (Yersinia pseudotuberculosis) posiblemente solo dos siglos antes de los brotes documentados.
Una etapa transicional en la evolución de la peste
El detalle genómico más revelador es lo que esas cepas no tenían: carecían de los genes necesarios para la transmisión eficiente a través de pulgas y para producir las hinchazones dolorosas (bubones) características de la peste bubónica de epidemias posteriores como la Peste Negra. «El patógeno parece representar una etapa transicional en la evolución de la peste, ya capaz de causar enfermedad severa pero sin poseer todavía el conjunto completo de adaptaciones observadas en las cepas pandémicas posteriores», señaló el Prof. Willerslev.
Eso sugiere que estas primeras cepas se transmitían de persona a persona, no a través de pulgas como las epidemias históricas mejor conocidas, una hipótesis reforzada por la reconstrucción de pedigríes de parentesco entre las víctimas: el primer brote afectó a pequeños grupos familiares en una sola generación, un patrón consistente con la transmisión directa entre personas en convivencia cercana. La mortalidad concentrada en niños de 8 a 11 años, en lugar de afectar uniformemente a todas las edades, también es un dato intrigante que el equipo está investigando para entender mejor cómo se manifestaba clínicamente esta forma temprana de la enfermedad.
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