En las elecciones, los políticos solo piensan a corto plazo, pero puede que los votantes no
Cuatro encuestas muestran que la gente valora una economía que tiende a mejorar a largo plazo, aunque haya que pasar estrecheces al principio
Imagina que te dan a elegir entre dos futuros para los próximos cuatro años. En el primero, la economía crece un 1 % el primer año, un 1,2 % el segundo, un 1,4 % el tercero y un 1,6 % el cuarto. En el segundo crece un 2,3 % todos los años. El segundo escenario es mejor en cada ejercicio, en la media y en el punto de llegada. Aun así, mucha gente se queda con el primero. Es lo que han comprobado Markus Prior, de la Universidad de Princeton, y Talbot M. Andrews, de la Universidad Cornell, en un trabajo publicado en American Political Science Review.
Los politólogos llevan décadas discutiendo cómo juzga el electorado a sus gobiernos. Un modelo clásico, llamado de sanción, describe al votante como un juez que premia o castiga al gobernante según sus resultados recientes. Otro modelo, el de selección, sostiene que el votante usa el pasado como una pista para calcular la competencia futura de cada candidato. Sobre los dos planea una vieja acusación, la miopía. Muchos estudios han observado que el electorado parece recordar solo el último año antes de las elecciones y olvidar el resto del mandato. Prior y Andrews proponen una lectura alternativa. Lo que la gente valora podría ser la mejora en sí misma, con independencia de su memoria.
Gráficos de barras y puntos de indiferencia
Los autores diseñaron cuatro encuestas aplicadas a seis muestras distintas entre 2020 y 2022, algunas reclutadas por internet y una de ellas probabilística, elaborada por el centro de investigación NORC con 2.321 participantes. Esa última es la más fiable para extrapolar a la población general.
Los participantes veían un gráfico de barras con cuatro años de datos económicos y tenían que valorarlo. A unos se les presentaba como la historia reciente del país y a otros como una proyección de los años venideros. Otra tanda usó indicadores ambientales, como la calidad del aire, para ver si el patrón se repetía fuera de la economía.
Después llegaba la parte más reveladora. En un experimento de elección adaptativa, cada persona escogía entre una trayectoria plana y una ascendente. El programa ajustaba la opción plana hasta encontrar el punto exacto en que a esa persona le daba igual elegir una u otra, lo que los economistas llaman punto de indiferencia.
Miopía hacia atrás, hipermetropía hacia delante
Cuando valoraban datos del pasado, los participantes concedían casi todo el peso al último año y prácticamente ninguno a los dos primeros, tal como describe la literatura sobre la miopía del votante. El giro apareció al mirar hacia el futuro. Con las proyecciones, el año más lejano pesaba todavía más que en el caso anterior. Alguien miope solo atendería a lo inmediato, de modo que el resultado apunta a lo contrario, a una especie de hipermetropía.
Los dos escenarios compartían una cosa, la preferencia por lo ascendente. Con datos pasados o futuros, económicos o ambientales, las secuencias que mejoraban de forma sostenida recibían las mejores notas.
Hasta un 46 % elige la peor opción
Las cifras del experimento de elección dan la medida del fenómeno. En la muestra probabilística, el participante medio necesitaba que la trayectoria plana ofreciera al menos un 2,3 % de crecimiento anual para preferirla a una ascendente que crecía un 1,3 % de media. Con el empleo, la gente se quedaba con un mercado que mejoraba a un ritmo medio de 243.750 puestos al año, y solo cambiaba de opinión si la alternativa estable garantizaba 350.000.
Más llamativo todavía, entre el 32 % y el 46 % de los encuestados, según el indicador y el periodo, eligió una secuencia ascendente que era inferior a la plana en todo, tanto en la media de los cuatro años como en la cifra final. Los autores probaron a corregir el sesgo con gráficos que mostraban los totales acumulados. La preferencia por la mejora se redujo, con el umbral medio bajando del 2,3 % al 1,9 %, aunque no desapareció.
La preferencia por la mejora no convierte al electorado en más sabio, advierten los investigadores. "Perseguir la mejora puede sonar más optimista que la miopía, aunque también puede resultar contraproducente", escriben. Difícilmente hay "redención" en un electorado que elige la mejora cuando otras opciones son claramente superiores.
Lo que esto significa para una campaña electoral
Si los votantes premian las trayectorias ascendentes, cualquier candidato tiene un incentivo para elegir el indicador y el periodo que dibujen una cuesta arriba. Los autores reconocen que los candidatos "pueden crear la apariencia de esa mejora", con el consuelo de que tampoco "pueden deshacer los gráficos de sus rivales".
Conviene recordar los límites del estudio. Los gráficos eran limpios y en su mayoría crecían de forma regular, mientras que la economía real avanza a saltos, con subidas y bajadas que la gente podría interpretar de otro modo. Los investigadores también retiraron a propósito cualquier referencia política, de manera que el trabajo no mide a quién culpan los votantes de lo que ocurre ni cómo acaban votando. Queda por comprobar si, llegado el día de las elecciones, el electorado premia de verdad una mejora sostenida.
REFERENCIA
- Are Voters Myopic or Looking for Improvement?. Prior M, Andrews TM. American Political Science Review, 2026.
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