Los planetas más peligrosos del universo: en uno llueve hierro fundido
En uno llueve hierro fundido y en otro el viento sopla a 8.000 kilómetros por hora. Ninguno es ficción, y de varios conocemos la temperatura exacta.
El catálogo de exoplanetas confirmados supera ya los 5.000 mundos, y la estadística hace el resto: cuando se miden miles de objetos, aparecen los extremos. Lo que sigue son planetas reales, con nombre de catálogo y mediciones publicadas, en los que las condiciones superan cualquier escenario imaginado para una película.
WASP-76b, donde llueve hierro
Está a unos 640 años luz, en la constelación de Piscis, y gira tan pegado a su estrella que siempre le muestra la misma cara. En el lado diurno la temperatura pasa de los 2.400 grados, suficiente para que el hierro deje de ser metal sólido y pase a vapor.
Los vientos arrastran ese vapor hacia el lado nocturno, unos mil grados más frío, donde el hierro se condensa y cae. En 2020, un equipo que usaba el espectrógrafo ESPRESSO del Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral detectó la firma del hierro apareciendo en el borde del atardecer y desapareciendo en el del amanecer, que es exactamente lo que predice una lluvia metálica. El trabajo se publicó en Nature.
55 Cancri e, el planeta de lava
A 41 años luz, orbita su estrella en apenas 18 horas. La cara iluminada ronda los 2.400 grados y está cubierta por un océano de roca fundida. Las observaciones del telescopio espacial James Webb apuntan a que conserva una atmósfera densa, probablemente alimentada por el propio magma, lo que lo convierte en el mejor laboratorio disponible para estudiar cómo se comporta un mundo rocoso llevado al límite.
HD 189733b, con viento de 8.000 kilómetros por hora
Visto desde fuera sería de un azul intenso, parecido al de la Tierra, y el parecido termina ahí. El color procede de partículas de silicato en suspensión, o sea cristal. Con vientos que alcanzan los 8.000 kilómetros por hora, siete veces la velocidad del sonido, esas partículas viajan de lado. Llover, lo que se dice llover, no llueve: el cristal se desplaza en horizontal a velocidad de proyectil.
TrES-2b, más oscuro que el carbón
Refleja menos del 1% de la luz que recibe, menos que la pintura acrílica negra. Ningún material conocido del sistema solar alcanza esa cifra. La explicación más aceptada apunta a compuestos de sodio y potasio gaseosos en la atmósfera, que absorben la luz en lugar de devolverla. Pese a ello no está a oscuras, porque su temperatura de unos 1.000 grados lo hace brillar con un tenue rojo propio, como una brasa.
KELT-9b, tan caliente que sus moléculas se rompen
Con unos 4.300 grados en la cara diurna, supera la temperatura superficial de muchas estrellas y deja corto a cualquier planeta conocido. A ese nivel térmico las moléculas de hidrógeno no sobreviven: se disocian en átomos sueltos al pasar por el lado iluminado y vuelven a combinarse al llegar al nocturno, en un ciclo continuo. Su estrella, además, lo está evaporando, de modo que arrastra una cola de gas como la de un cometa gigantesco.
Lo que estos extremos enseñan
Los mundos de esta lista comparten una característica: están muy cerca de su estrella, y ahí es donde los métodos actuales de detección funcionan mejor. La muestra está sesgada hacia lo extremo porque lo extremo es lo fácil de ver, y eso conviene tenerlo presente antes de concluir que el universo es un lugar inhóspito.
El interés científico de estos planetas está justamente en su rareza. Una atmósfera a 2.400 grados pone a prueba los modelos de física atmosférica en condiciones que ningún laboratorio terrestre reproduce, y cada vez que uno de esos modelos falla al describir WASP-76b, mejora también lo que entendemos de atmósferas más templadas, incluida la nuestra.
REFERENCIA
- Nightside condensation of iron in an ultrahot giant exoplanet. Nature, 580, 597-601, 2020.
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