Las medidas del gobierno de Trump para reducir el presupuesto de la NASA pone en peligro los documentos y manuales clave para futuras misiones que se guardan en la biblioteca del centro Goddard

Las medidas del gobierno de Trump en su segundo mandato ponen de manifiesto que no le gusta la ciencia, ni el progreso, ni respeta los logros científicos y técnicos de la historia de Estados Unidos. Las bibliotecas técnicas han sido el andamiaje silencioso de la exploración espacial durante décadas. En ellas se guardan manuales de instrumentos, diarios de calibración y actas de misión que permiten entender cómo y por qué se tomaron decisiones críticas. A lo largo de los años, la NASA ya ha clausurado varias colecciones y centralizó fondos, con promesas de digitalización y acceso remoto, que no siempre se han hecho realidad.

Ahora, el foco está en el Goddard Space Flight Center, en Maryland, cuyo archivo y biblioteca, los mayores de la agencia, afrontan un cierre que sus responsables llaman «consolidación», pero que para muchos investigadores suena a chapuza y pérdida de memoria institucional.

Las medidas del gobierno de Trump para recortar el presupuesto de la NASA

La noticia salió a la luz a comienzos de enero de 2026, en plena pelea presupuestaria. Varios medios adelantaron que el Goddard, pieza clave en programas como Hubble y James Webb, cerraría su biblioteca y que miles de documentos no digitalizados podrían terminar en almacenes o, tras una criba de 60 días, en la basura.

La administración actual en la Casa Blanca propone recortar a la mitad el presupuesto científico de la NASA en el ejercicio de 2026, mientras el Congreso debate mantener los niveles. Goddard también prepara el cierre de 13 edificios y más de 100 laboratorios antes de marzo.

Las reacciones dentro y fuera de la agencia fueron inmediatas. David Williams, científico planetario que ha custodiado archivos de misiones, lo resumió con crudeza: «Si pierdes esa historia, vas a repetir los mismos errores». Williams defiende que sin una colección central, reconstruir cómo funcionaban los instrumentos y cómo se calibraron se vuelve un rompecabezas que ralentizará los proyectos y elevará los costes. Sus palabras apuntan a una verdad incómoda para cualquier gran organización: la memoria técnica no siempre cabe en un PDF, a veces vive en notas marginales, anexos y cajas polvorientas que alguien tiene que saber localizar.

El nuevo administrador de la NASA y los eufemismos

Desde la cúpula de la NASA, el recién jurado administrador Jared Isaacman respondió que no se trata de un cierre, sino de una consolidación planificada desde 2022, bajo una dirección anterior. Aseguró que el personal seguirá teniendo acceso a la información necesaria y que no habrá «quema de libros». Sin embargo, la propia comunicación oficial admite que, tras el periodo de revisión, materiales sin «valor histórico o técnico» podrían no conservarse. Ahí está el nudo del conflicto, porque decidir qué carece de valor requiere criterio archivístico especializado y un conocimiento fino del ecosistema científico de la agencia.

Algunos veteranos como Dennis Wingo y el exastro biólogo Keith Cowing recuerdan precedentes poco halagüeños. En 2019, el cierre de un centro documental en Marshall acabó con materiales dispersos y almacenajes opacos. A comienzos de los 2000, Wingo y Cowing localizaron en un almacén remoto cintas de las sondas Lunar Orbiter que la NASA estuvo a punto de desechar. Aquella recuperación permitió rescatar datos con una resolución imposible de obtener en su día. Para quienes han vivido esas batallas, la palabra «consolidación» suena a un eufemismo que puede terminar en pérdidas silenciosas y costosas de reparar.

El Centro Goddard y la documentación de la carrera espacial

El Goddard Space Flight Center, con su historial en observatorios espaciales y misiones de ciencias de la Tierra, depende de una documentación que no solo explica cómo se hicieron las cosas, sino también por qué se eligió una estrategia y no otra. Los manuales de calibración, estándares internos y actas técnicas son el ADN de la reproducibilidad. En plena transición hacia un modelo donde el sector privado gana peso, ese acervo se vuelve aún más valioso, porque reduce dependencias, evita reinventar la rueda y protege de errores ya conocidos. Tirarlo o dispersarlo aumentaría el riesgo científico y, paradójicamente, haría un futuro para la NASA mucho más caro.

La dirección insiste en que la reorganización obedece a un plan maestro aprobado en 2022 que persigue «capacidad de misión», visión de campus del futuro y metas de «asequibilidad». Nadie niega que los edificios cuestan y que el papel ocupa. El debate real es qué significa acceso cuando el soporte físico desaparece. Un catálogo digital es útil si previamente alguien escaneó, describió y auditó todo lo que contenía. Sin una inversión en archivo, la consolidación se convierte en olvido. Por eso tantos expertos piden una moratoria, recursos para inventariar a fondo y un comité independiente que determine qué se conserva. La historia espacial no merece una criba a contrarreloj.