Un nuevo estudio afirma que, si hubiera vida en las nubes de Venus, podría no haber surgido allí, podría haber viajado desde la tierra gracias al impacto de un meteorito.
Durante décadas, Venus ha sido visto como un infierno. Tiene el tamaño de la Tierra, pero con una superficie con temperaturas de 450°C, suficientes para derretir el plomo, y una presión aplastante. Sin embargo, a unos 50km de altura, las nubes de este planeta ofrecen un refugio con temperaturas muy similares a las de nuestro hogar, donde podrían sobrevivir algunos organismos.
Ahora, un nuevo estudio publicado en Journal of Geophysical Research: Planets sugiere que, si alguna vez encontramos vida en Venus, es muy probable que sean familiares de inmigrantes espaciales que llegaron haciendo autostop desde la Tierra.
Para entender este estudio, primero debemos mirar hacia arriba. A unos 50 kilómetros de la superficie de Venus, las condiciones cambian drásticamente. Allí, en la capa media de nubes, la temperatura oscila entre los 0°C y los 60°C, y la presión es casi idéntica a la que tenemos a nivel del mar en la Tierra.
El único gran problema es que las nubes están hechas de gotas de ácido sulfúrico concentrado. Sin embargo, en la Tierra conocemos bacterias extremófilas, que son microorganismos capaces de vivir y prosperar en entornos inhóspitos en condiciones letales para la mayoría de la vida, y que podrían soportar este entorno ácido.
La panspermia: semillas de vida viajando por el espacio
La panspermia es la idea de que la vida, o sus componentes básicos, pueden viajar entre planetas. Sabemos que restos de meteoritos que se han estrellado en Marte han llegado a la Tierra y viceversa. Los grandes impactos de asteroides tienen la fuerza suficiente para lanzar toneladas de rocas al espacio, y si estas rocas provienen del subsuelo pueden contener microorganismos protegidos dentro de fragmentos de roca. El estudio, liderado por E.Guinan, explora por primera vez cómo estos polizones biológicos podrían llegar y sobrevivir en Venus actualmente.
Esta “invasión biológica” depende en gran parte del tamaño de las rocas, los modelos matemáticos que ha utilizado en equipo de investigadores muestran que los fragmentos deben tener alrededor de un metro de diámetro para sobrevivir al viaje. Estos microorganismos deben sobrevivir al impacto inicial, a la intensa radiación del espacio durante mucho tiempo, y por al aterrizaje.
El modelo pancake y el impacto de un meteorito o cómo aterrizar en Venus
Para saber cómo sería la entrada de las rocas en la densa atmósfera de Venus, el equipo de Johns Hopkins APL y Sandia National Laboratories aplicó un modelo físico conocido “modelo pancake”, para hacer la simulación. Al entrar a una velocidad de unos 25 km/s la roca se deforma y se aplana debido a la resistencia del aire, aumentando su superficie hasta que explota a gran altitud.
Gran parte de la roca se vaporiza por el calor, solo una pequeña fracción sobrevive. El estudio confirmó que la explosión se produce generalmente por encima de las nubes, dispersando los fragmentos diminutos, y aquellos que miden apenas unas decenas de micras, más o menos el grosor de un cabello, son suficientemente ligeros para quedarse flotando en las nubes durante días o semanas. Si no ocurriera esta explosión, y entrara una roca grande en la atmósfera de Venus, caería a la superficie rápidamente, donde cualquier rastro de vida se desintegraría al instante.
Un 1% es suficiente para que haya vida en Venus
Según sus cálculos, de esta forma, cientos de miles de millones de fragmentos podrían haber llegado desde la Tierra a las nubes de Venus a lo largo de su historia, de ellos, unos 20.000 millones habrían llegado en el último millón de años. En promedio, unos 100 fragmentos por año podrían seguir llegando actualmente. Estas cifras no garantizan nada, pero sí muestran que le transporte de material biológico entre la Tierra y Venus es posible.
Aunque la mayoría de los microrganismos, morirían por el camino o no serían capaces de adaptarse al ácido sulfúrico de Venus, el estudio sugiere que incluso con una tasa de supervivencia del 1%, cientos de millones de células podrían haber tenido la oportunidad de intentar colonizar el cielo venusiano.
Este hallazgo tiene consecuencias profundas que podrían reescribir la historia del sistema solar. Si la vida puede saltar entre planetas cercanos, la biología deja de ser un fenómeno local. Cuando exploremos el espacio en busca de vida, debemos tener en cuenta también la procedencia de esa vida.
Si llegamos a detectar vida en las nubes de Venus, no debemos asumir que esa vida se originó allí, y si resulta que son parientes lejanos de microorganismo de la Tierra, habremos confirmado que que la vida es más resistente y nómada de lo que imaginábamos.
REFERENCIA
A panspermia origin for Venus cloud life