Cuando el sol muera ¿cómo se puede mantener habitable la Tierra?

muerte del sol

El sol estallará dentro de unos 5.000 millones de años, y un trabajo especulativo imagina un conjunto de obras de megaingeniería para mantener la Tierra habitable (si es que estamos aquí)

La ciencia ficción nos ha acostumbrado a la idea de que, cuando el Sol agonice, la humanidad tendrá que hacer las maletas y emigrar a otro sistema estelar. Un investigador propone justo lo contrario: quedarse en casa y reformarla a lo grande. Su trabajo, más un ejercicio de imaginación disciplinada que un plan realista, recopila las catástrofes cósmicas que amenazan a la Tierra a muy largo plazo y esboza una solución de ingeniería descomunal para cada una.

Índice
  1. La fecha de caducidad real de la Tierra
  2. Siete amenazas, siete parches
  3. Sombrillas, agua de Júpiter y un motor en el núcleo
  4. Nueve mil billones de años, con letra pequeña
  5. REFERENCIA

La fecha de caducidad real de la Tierra

Conviene empezar por la parte sólida y comprobada, porque suele malinterpretarse. Solemos decir que a la Tierra le quedan unos 5.000 millones de años, los que tardará el Sol en convertirse en una gigante roja capaz de engullir a los planetas interiores. La habitabilidad, sin embargo, se acaba mucho antes. El Sol se vuelve un 10% más brillante cada mil millones de años, y ese incremento bastará, dentro de unos 1.000 millones de años, para desatar un efecto invernadero desbocado que evaporará los océanos. Ese es el plazo real que la ciencia maneja para el fin de la vida en la superficie terrestre, y es el punto de partida del nuevo trabajo.

Siete amenazas, siete parches

El autor, el investigador independiente Gabriel Harry, publica su propuesta en el Journal of the British Interplanetary Society, una revista con tradición en ideas visionarias sobre el futuro de la exploración espacial. Su razonamiento de partida es que, si el viaje interestelar a gran escala resulta inviable y la Tierra es un tesoro raro, una civilización futura quizá prefiera atrincherarse aquí antes que huir. A partir de ahí enumera siete amenazas para la habitabilidad a largo plazo (el aumento del brillo solar, el ser tragada por la gigante roja, el fin de la tectónica de placas, la pérdida de agua, los cambios en la inclinación y la rotación del planeta, los impactos de asteroides y los peligros procedentes de fuera del sistema solar) y propone una obra de megaingeniería para conjurar cada una.

Sombrillas, agua de Júpiter y un motor en el núcleo

Aquí es donde el trabajo se vuelve delirante en el mejor sentido. Para contrarrestar el exceso de luz solar, plantea desplegar una gigantesca sombrilla espacial que dé sombra al planeta. Para escapar del avance de la gigante roja, propone empujar poco a poco la órbita terrestre hacia fuera, manteniéndola siempre dentro de la zona habitable. Cuando la Tierra empiece a perder su agua, sugiere reponerla con hidrógeno extraído de la atmósfera de Júpiter.

Para frenar el enfriamiento del interior del planeta, del que depende la tectónica de placas, la receta es tan cinematográfica como perforar hasta el núcleo e instalar allí un motor de antimateria que vuelva a calentarlo. La energía para semejantes proezas saldría de la fusión nuclear alimentada por los gases de los planetas gigantes, y en el nivel más extremo llega a contemplar el star-lifting, es decir, arrancar materia de la propia superficie del Sol para alargarle la vida.

Nueve mil billones de años, con letra pequeña

Sumando todos esos parches, el cálculo del autor sostiene que la Tierra podría seguir siendo habitable durante 9,1 × 10¹⁵ años, unos nueve mil billones, una cifra que empequeñece por completo la edad actual del universo, a la que multiplica por unas 660.000 veces. Aplicando el star-lifting, el plazo aún se estiraría diez veces más. Toca ahora la letra pequeña, que es abundante. Se trata de un trabajo de un solo autor, publicado en una revista de conceptos especulativos, y el propio texto reconoce que sus ideas son altamente hipotéticas y exigirían recursos inimaginables. Ninguna de esas tecnologías existe ni está remotamente a nuestro alcance. Funciona como una exploración de lo que las leyes de la física permitirían en teoría, llevada hasta el absurdo con rigor matemático, y no como una predicción ni una hoja de ruta.

Vale la pena tomarse estos ejercicios por lo que son, un gimnasio para la imaginación que dibuja los límites últimos de lo posible y, de paso, deja clara la única cifra que de verdad conviene recordar: los aproximadamente mil millones de años de habitabilidad que nos quedan por defecto. Curiosamente, la más modesta de todas estas fantasías, la sombrilla espacial, es pariente directa de propuestas que hoy se debaten muy en serio para frenar el calentamiento global mediante parasoles en órbita. Puede que reheatar el núcleo con antimateria pertenezca a un futuro inconcebible, pero el problema de fondo, el de un planeta que se recalienta, tiene una versión urgente y contemporánea que no admite esperar miles de millones de años.

REFERENCIA

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