Las personas que piensan que son inmunes a los bulos pueden tener más rasgos oscuros de la personalidad, como maquiavelismo, psicopatía y narcisismo 

Joe Rogan, un cómico de EE.UU. metido a entrevistador tiene el podcast con más audiencia del mundo, con más de 16 millones de suscriptores en YouTube y millones de descargas por episodio. En los últimos años se ha hecho tristemente famoso por dar voz a todo tipo de teorías de la conspiración, desde el bulo de que las vacunas causan autismo hasta el que haya una ciudad perdida bajo las pirámides. Lo curioso es que Rogan dice ser «inmune a los bulos» y tener lo que él llama un «bullshit detector», o detector de engaños.

Precisamente, un estudio en Thinking and Reasoning muestra que son las personas como Rogan, que se fascinan por la palabrería pseudoprofunda, quienes creen hacerlo mejor, y que creerse inmune a los engaños se asocia al narcisismo  y maquiavelismo.

En inglés se usa la palabra “bullshit” para describir mensajes que buscan impresionar o persuadir sin preocuparse por la verdad ni la claridad. A diferencia de la mentira, que compara lo dicho con los hechos, el bullshit es indiferente a ambos.

Las personas que declaran practicar más el engaño, ya sea para persuadir o para esquivar preguntas, puntúan más alto en rasgos de personalidad como el narcisismo y el maquiavelismo. Los ejemplos típicos incluyen citas seudoprofundas, saturadas de palabras huecas o afirmaciones tan abstractas que esquivan cualquier interpretación concreta.

La motivación del estudio fue entender por qué algunas personas son más vulnerables al bullshit y menos conscientes de sus límites para detectarlo. El equipo se centró en la conciencia metacognitiva, la capacidad de evaluar con precisión las propias habilidades. También examinó si la mala detección se debe a limitaciones cognitivas, a la necesidad de proteger la autoestima o a rasgos de personalidad vinculados a la manipulación social.

Las investigaciones previas ya habían mostrado que quienes razonan peor suelen exhibir un punto ciego metacognitivo, creyéndose más capaces de lo que son. Al medir capacidad de detección y conducta autoinformada de bullshitting (engañar a los demás), los autores intentaron dilucidad si la sobreconfianza es un fallo cognitivo o una estrategia social.

“Nos interesó este tema porque discutimos sobre el uso del Cuestionario de Frecuencia de Bullshitting y los resultados de nuestro estudio previo, y nos preguntamos si quienes puntúan alto en conducta autoinformada de bullshitting realmente hacen más bullshitting o si solo son más metacognitivamente conscientes de esta conducta”, explicó la autora Vladimíra Čavojová, profesora asociada en la Academia Eslovaca de Ciencias. “Sin embargo, de esta discusión surgieron otras ideas y al final nos centramos en si la sobreconfianza en la detección de bullshit proviene de limitaciones cognitivas, de la necesidad de proteger la autoestima o de rasgos oscuros de personalidad”.

Los autores realizaron dos estudios preregistrados con población adulta eslovaca. En total, 596 personas participaron en el primer estudio y 433 en el segundo. Tenían entre 18 y 70 años y se reclutaron con muestreo por cuotas para asegurar diversidad en edad, género y nivel educativo.

Las personas completaron tareas y cuestionarios en eslovaco mediante la plataforma Qualtrics. La detección de bullshit se midió con enunciados que mezclaban seudoprofundidades con refranes motivacionales genuinos. Por ejemplo, se presentaron frases como “La buena salud otorga realidad a la creatividad sutil”, “La imaginación está dentro de eventos de espacio-tiempo exponencial” y “La conciencia es el crecimiento de la coherencia y de nosotros”. Estas oraciones, altisonantes pero sin significado claro, se contrastaron con citas motivacionales como “Tu maestro puede abrir la puerta, pero debes entrar tú mismo” y “Un río atraviesa la roca, no por su fuerza sino por su constancia”.

Cuando quienes engañan no se dan cuenta del bulo

Las y los participantes juzgaban cada frase como “profunda” o “no profunda”. La precisión se calculó según lo bien que distinguían entre enunciados vacíos y enunciados con sentido interpretable. Para evaluar la metacognición, estimaron su propio rendimiento en la tarea y pronosticaron cómo lo harían otros. Con ello se midieron la sobreestimación, cuánto mejor creyeron hacerlo respecto a su desempeño real, y el sobreposicionamiento, cuánto por encima se situaban respecto a la media estimada de los demás.

El protocolo incluyó además una escala de autoinforme sobre la frecuencia con la que practicaban bullshitting persuasivo o evasivo. Se añadieron medidas de habilidad verbal, pensamiento analítico y rasgos de personalidad, incluyendo narcisismo, maquiavelismo, psicopatía, sadismo y autoestima. En el Estudio 1 hubo una manipulación experimental con retroalimentación positiva, negativa o nula sobre el rendimiento, para probar si una amenaza a la autoestima inflaba la sobreconfianza. Esta manipulación tuvo efectos mínimos y no fue central en los análisis finales.

Ambos estudios confirmaron el patrón Dunning-Kruger en la detección de bullshit. Quienes tenían menor capacidad mostraron mucha mayor tendencia a sobreestimar su rendimiento y a creerse mejores que otros identificando palabrería. En cambio, las personas con mayor habilidad tendieron a subestimar su desempeño, lo que indica una desajuste en ambos sentidos.

Las variables cognitivas, en particular la habilidad verbal, predijeron con fuerza el rendimiento real en la tarea. Quienes razonaban mejor con palabras detectaron con más precisión la seudoprofundidad y además fueron menos propensos a sobrevalorarse. Aun así, la habilidad verbal explicó solo una parte pequeña de la variabilidad en la autoevaluación de la propia capacidad para detectar bullshit. Otras fuerzas parecen empujar esos errores metacognitivos.

La autoestima emergió como un factor clave en la sobreconfianza. Quienes tenían autoestima más alta se adjudicaron mejores notas, con independencia de su rendimiento real. Sin embargo, la autoestima no predijo la precisión en detectar palabrería.

Los rasgos de personalidad, en especial el narcisismo y el maquiavelismo, se vincularon más con la conducta autoinformada de bullshitting que con la habilidad de detección. Las personas con más puntuación en estos rasgos admitieron usar con mayor frecuencia bullshitting persuasivo y evasivo. En particular, los narcisistas creyeron ser mejores detectores de bullshit de lo que mostraban sus resultados, y al mismo tiempo atribuyeron a los demás cierta competencia. Parece más un optimismo inflado que una arrogancia abierta.

Curiosamente, quienes puntuaron alto en maquiavelismo rindieron mejor en las tareas de detección, pese a reportar mayor tendencia a hacer bullshitting. Esto sugiere que algunas personas son conscientes de sus inclinaciones manipuladoras y usan la palabrería como herramienta social, no por ignorancia. La frecuencia del bullshitting persuasivo se asoció de forma consistente con peores habilidades de detección. Quienes recurrían más a la palabrería para convencer resultaron peores reconociéndola. Este patrón apoya la idea de que la palabrería puede ser una estrategia compensatoria en personas con razonamiento más débil.

En cambio, la capacidad cognitiva tuvo poca relación con el bullshitting evasivo, que podría vincularse más con la ansiedad social o la autoprotección que con la persuasión. Ambos tipos de bullshitting, no obstante, se relacionaron con menor autoestima, lo que apunta a que quien se siente menos seguro de sus capacidades puede usar la palabrería como escudo.

“La conclusión clave es que las personas más vulnerables al bullshit tienden a sobreestimarse más, tienen un punto ciego sobre su propia incompetencia, y la sobreconfianza se asoció con habilidades cognitivas más débiles y con mayor autoestima”, dijo Čavojová a PsyPost. “En otras palabras, los más vulnerables al bullshit son quienes menos conscientes son de su propia vulnerabilidad. Esto parece ser especialmente cierto en personas con rasgos narcisistas, pero, curiosamente, el maquiavelismo parece ayudar a detectar bullshit y también se asocia con el bullshitting persuasivo”.

Los autores señalan que su estudio depende de una conceptualización concreta del bullshit, enunciados inaclarables o seudoprofundos. Esta vía pone el foco en la estructura del mensaje más que en la intención. Por ello, los resultados quizá no se extiendan del todo al bullshit político o persuasivo del mundo real, que suele usar lenguaje más claro y emocional.

REFERENCE

Bullshit detection and metacognitive awareness: the interplay of cognitive factors, self-esteem, and dark traits