VIDEO: El pez que hace el "moonwalk" de Michael Jackson

Un sumergible chino ha captado un extraño pez caminando hacia atrás, la primera vez que se observa ese comportamiento en cualquier especie de pez conocida.
Hay un pez en el Pacífico occidental que tiene patas, o algo muy parecido. Se llama Scalicus engyceros, pertenece a la familia de los gripos acorazados y fue descrito por primera vez en 1872, pero los científicos lo conocían casi exclusivamente a partir de ejemplares muertos. Ahora, un equipo chino ha conseguido filmarlo en su hábitat y ha descubierto que hace cosas que ningún otro pez hace.
Patas de rayos de aleta
Lo que permite a este animal caminar es una transformación evolutiva de sus aletas pectorales. Donde la mayoría de los peces tienen estructuras suaves pensadas para nadar, los gripos acorazados han desarrollado rayos de aleta rígidos y gruesos que pueden usar como apéndices para desplazarse sobre el sedimento. El equipo de Han Tian, investigador de la Universidad Sun Yat-sen, filmó el animal con el vehículo tripulado Shenhaiyongshi y el vehículo teleoperado Haiqin entre los 350 y los 500 metros de profundidad, y publicó los resultados en la revista Ocean-Land-Atmosphere Research. A esas profundidades, el agua ejerce unas 40 atmósferas de presión, suficientes para aplastar cualquier recipiente no preparado para ello, y la oscuridad es casi total.
El moonwalk submarino
Lo que sorprendió al equipo fue la variedad de sus movimientos. El pez camina hacia delante sobre sus rayos de aleta transformados, pero también se desplaza de lado como un cangrejo, y, lo más extraordinario, retrocede hacia atrás con una fluidez que nadie había visto antes en un pez. Ese movimiento hacia atrás, apodado moonwalk por quienes lo estudian, no se ha registrado jamás en ninguna otra especie de pez conocida. Cuando algo lo amenaza, el animal reacciona con un salto brusco y sacudido, que resulta tan torpe como efectivo para alejarse del peligro. Como señala Tian, estas observaciones revelan que el animal tiene muchas más adaptaciones conductuales y evolutivas de las que se suponía.
Un rastrillo en la nariz
El cuerpo de S. engyceros es un catálogo de extrañezas. Está cubierto de placas óseas que le dan ese aspecto acorazado del que recibe el nombre su familia. En el hocico lleva unas prolongaciones ramificadas llamadas barbillas, que recuerdan a los dientes de un rastrillo y le sirven a la vez de sensor táctil y químico, permitiéndole detectar presas y obstáculos mientras camina. Los vídeos muestran al animal barriendo esas estructuras por el sedimento conforme avanza, aunque los investigadores reconocen que el gesto parece más incómodo que elegante: los brazos del rastrillo se interponen constantemente con las patas. Para compensar, el pez despliega sus dos aletas pectorales hacia los lados, en abanico, probablemente para mantener el equilibrio.
Ojos que se apagan
El detalle más inquietante de las imágenes es el comportamiento de sus ojos. El animal no pareció notar la llegada de los sumergibles hasta que los tuvo prácticamente encima. Solo uno de sus ojos giró hacia la luz de los focos antes de que el pez se alejara nadando. Los investigadores se preguntan si la especie lleva suficiente tiempo en la oscuridad para haber iniciado la degeneración de su sistema visual, como ocurre con muchos otros animales de cuevas y abismos, o si ocasionalmente sube a aguas menos profundas donde la luz aún llega. La pregunta queda abierta.
Los tres gripos acorazados observados en el estudio comparten un ancestro común que vivió hace unos 60 o 70 millones de años y que fue acumulando las adaptaciones que hoy vemos en el fondo del mar. La familia entera es un recordatorio de que la evolución lleva a menudo a soluciones que los humanos no habríamos imaginado: patas hechas de aletas, sensores en forma de rastrillo, locomoción lateral y marcha atrás como trucos de supervivencia en uno de los entornos más hostiles del planeta.
Tian concluye que estas observaciones ayudarán a comprender cómo los ambientes extremos impulsan la aparición de estructuras y comportamientos que no existen en ningún otro lugar del océano. Probablemente queda mucho más por descubrir en los fondos que todavía no hemos visitado.
REFERENCIA
- Walking Fish (Tian et al., Ocean-Land-Atmosphere Research, 2026. DOI: 10.34133/olar.0172)
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