¿Los líderes nacen o se hacen? Pregunta a los ratones

ratones y liderazgo

Sin ningún reparto de papeles previo, parejas de ratones que colaboran acaban dividiéndose espontáneamente en líder y seguidor, y una región del cerebro tiene la clave 

Cuando dos personas trabajan juntas en una tarea, casi siempre surge una dinámica de roles: alguien toma la iniciativa y otra persona se adapta a sus movimientos. Ese reparto no suele estar escrito en ningún manual, sino que emerge de la propia interacción. Además, como acaban de describir los científicos, no es fijo, lo que acaba con la idea del "líder nato".

Un equipo de neurocientíficos de la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Mount Sinai, en Nueva York, ha conseguido observar por primera vez cómo ocurre este proceso en el cerebro, usando un modelo animal sorprendentemente simple: parejas de ratones que deben coordinarse para conseguir una recompensa.

Índice
  1. Un juego de cooperación con reglas mínimas
  2. Un mapa mental de la posición del otro
  3. Lo que revela sobre las decisiones sociales
  4. Implicaciones más allá del laboratorio
  5. REFERENCIA

Un juego de cooperación con reglas mínimas

En el experimento, publicado en la revista Nature, los investigadores diseñaron una tarea en la que dos ratones debían llegar a la misma zona de recompensa al mismo tiempo para recibir comida. No había ninguna señal externa que indicara quién debía moverse primero. Aun así, en cada pareja surgía de forma espontánea una división de papeles: un animal se convertía en líder, iniciando los movimientos, mientras el otro asumía el papel de seguidor, ajustando su comportamiento al de su compañero.

Cuanto más marcada era esta división de roles, más rápido aprendía la pareja a resolver la tarea conjunta. Es decir, la especialización no era un efecto secundario, sino que parecía facilitar directamente la cooperación.

Un mapa mental de la posición del otro

Para averiguar qué ocurría en el cerebro durante esta negociación silenciosa de roles, el equipo registró la actividad de la corteza prefrontal medial mediante imagen de calcio, una técnica que permite observar en directo la actividad de miles de neuronas. Descubrieron que esta región no solo codificaba si un animal era líder o seguidor en cada momento, sino que construía además una especie de mapa egocéntrico de la posición del compañero, es decir, una representación interna de dónde se encontraba el otro ratón en relación con uno mismo.

Cuando los investigadores interferían en la actividad de esta región, sobre todo en los animales que actuaban como seguidores, la cooperación se deterioraba. Además, cambiaba el modo en que los animales sopesaban la información sobre sí mismos frente a la información sobre su compañero a la hora de decidir su siguiente movimiento.

Lo que revela sobre las decisiones sociales

Los autores combinaron estos datos experimentales con un modelo computacional de aprendizaje por refuerzo inverso multiagente, una herramienta matemática que permite inferir qué objetivos internos guían las decisiones de cada individuo a partir de su comportamiento observado. Gracias a este enfoque, pudieron identificar funciones de valor ocultas que orientan las decisiones cooperativas y que, además, se pueden decodificar directamente a partir de la actividad de la corteza prefrontal.

El resultado ofrece una de las explicaciones más detalladas hasta la fecha de cómo el cerebro de un mamífero social organiza una jerarquía flexible sin necesidad de jerarquías fijas ni comunicación explícita. Los roles no están predeterminados por la genética ni por la fuerza física, sino que emergen de la interacción repetida entre dos individuos, y el cerebro parece llevar la cuenta de quién es quién en cada momento.

Implicaciones más allá del laboratorio

Aunque el experimento se limita a ratones, los mecanismos de la corteza prefrontal implicados en esta división de roles están presentes, con variaciones, en el cerebro humano. Entender cómo se codifican estas dinámicas asimétricas pero recíprocas podría ayudar a explicar por qué algunas personas asumen roles de liderazgo en unos contextos y de seguimiento en otros, y por qué ciertos trastornos que afectan a la corteza prefrontal, como algunas formas de autismo o de esquizofrenia, se acompañan de dificultades para cooperar y coordinarse socialmente. Los investigadores planean ahora estudiar si estos mismos circuitos cambian de forma predecible cuando los roles se invierten entre los mismos individuos.

REFERENCIA

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