¿Caminas rápido? Tu cerebro está mejor que el de los demás

super caminantes

Un estudio con casi 4.000 personas mayores de 80 años halla que quienes caminan más rápido, los llamados súper caminantes, tienen la mitad de riesgo de deterioro cognitivo

La velocidad a la que camina una persona mayor dice mucho más de lo que parece. Los geriatras la usan desde hace tiempo como una especie de constante vital del envejecimiento, y se sabe que un paso lento anticipa problemas cognitivos hasta con una década de antelación. Un equipo de investigadores ha mirado el otro extremo de esa balanza, el de los ancianos que se mueven a paso ligero, y ha encontrado que su cerebro también parece envejecer de una forma excepcional.

Índice
  1. Los súper caminantes
  2. La mitad de riesgo, más hipocampo
  3. Resistencia, no inmunidad
  4. Relacionado, pero puede que no funcione para todos
  5. REFERENCIA

Los súper caminantes

El estudio, publicado en la revista Neurology por un equipo del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, define a los súper caminantes como personas de 80 años o más que, en una prueba de marcha cronometrada, superan en velocidad al 93% de la gente de su misma edad y sexo. Se trata de un puñado de mayores con una forma física fuera de lo común, que además suelen presentar menos enfermedades crónicas, un estilo de vida más sano y una edad biológica más joven que sus coetáneos. Para estudiarlos, los autores reunieron datos de casi 4.000 personas de edad avanzada, con una media cercana a los 84 años, procedentes de varios grandes proyectos internacionales sobre el envejecimiento.

La mitad de riesgo, más hipocampo

Los resultados fueron notables. A lo largo de un seguimiento de entre tres y cinco años, los súper caminantes tuvieron alrededor de un 50% menos de probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo que sus iguales más lentos, y un 60% menos de recibir un diagnóstico de alzhéimer u otra demencia. Su memoria, su velocidad de procesamiento y su flexibilidad mental también se deterioraron más despacio con el paso de los años. Las resonancias aportaron una pista anatómica: estos caminantes veloces conservaban un hipocampo más grande, la región cerebral clave para la memoria, sin diferencias en el grosor general de la corteza. Eso sugiere que el vínculo entre las piernas rápidas y la mente ágil pasa de forma bastante específica por esa estructura.

Resistencia, no inmunidad

El hallazgo más intrigante llegó de un grupo de participantes cuyo cerebro se analizó tras su fallecimiento. Al examinar el tejido, los súper caminantes mostraban cantidades de daño típico del alzhéimer (las placas de amiloide, los ovillos de tau, los cuerpos de Lewy y las lesiones vasculares) muy parecidas a las de los caminantes lentos. Dicho de otro modo, no se habían librado de la biología de la enfermedad, y sin embargo su cerebro funcionaba mejor pese a arrastrar esas lesiones. Los científicos lo interpretan como un caso de resiliencia más que de inmunidad, la capacidad de un cerebro para seguir rindiendo a pesar del deterioro acumulado, algo relacionado con lo que se conoce como reserva cognitiva.

Relacionado, pero puede que no funcione para todos

Antes de salir a batir marcas por el parque, conviene entender bien qué demuestra y qué no este trabajo. Se trata de un estudio observacional, de modo que puede establecer una asociación muy sólida, aunque no probar que caminar deprisa sea la causa de un cerebro más sano. Los propios autores son prudentes y describen la marcha rápida como un marcador de una resiliencia neurocognitiva más amplia, no como su motor.

La relación, de hecho, podría ir en sentido contrario, ya que un cerebro que empieza a deteriorarse en silencio puede frenar el paso años antes de que aparezca ningún síntoma. A eso se suma que los súper caminantes se diferencian del resto en muchas cosas a la vez, desde la salud general hasta los hábitos, y cualquiera de esos factores podría explicar parte del efecto. Acelerar el ritmo, por tanto, no es una garantía de blindar la memoria.

Con esa cautela por delante, queda un mensaje útil y nada dudoso. La velocidad de la marcha es una ventana barata y reveladora sobre cómo estamos envejeciendo, tan sencilla de medir que apenas requiere un cronómetro y un pasillo. Aun cuando este estudio no pueda prometer que unos paseos enérgicos compren por sí solos un cerebro más despierto, mantener el cuerpo en movimiento sigue siendo una de las apuestas mejor respaldadas por la ciencia para llegar en buena forma a la vejez. Caminar, al fin y al cabo, es el ejercicio más accesible que existe, no cuesta nada y se puede hacer a cualquier edad. Que además funcione como termómetro de la salud del cerebro es una razón más para no dejar de mover las piernas.

REFERENCIA

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