Los últimos neandertales preferían el intercambio de parejas

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El mayor análisis genético de neandertales tardíos encuentra comunidades amplias que intercambiaban parejas, sin la consanguinidad que se les atribuía

Durante años, la explicación más repetida sobre el final de los neandertales ha sido la de una especie agotada por dentro: grupos diminutos, aislados unos de otros, emparejándose entre parientes y acumulando mutaciones dañinas hasta desaparecer.

Esa imagen procedía en buena medida de un puñado de genomas de alta calidad procedentes de cuevas siberianas, donde efectivamente había señales claras de endogamia. Un trabajo publicado en Nature acaba de mostrar que esos individuos no representaban al conjunto.

Índice
  1. Veintisiete individuos, diez yacimientos
  2. Ni endogámicos ni degenerados
  3. Una asimetría que sigue sin explicación
  4. REFERENCIAS

Veintisiete individuos, diez yacimientos

El equipo, encabezado por Alba Bossoms Mesa desde el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, ha extraído datos genéticos de 27 neandertales que vivieron hace menos de unos 52.500 años en diez yacimientos de Bélgica y Francia, la mayoría concentrados en la cuenca del río Mosa. Entre ellos hay un genoma de alta cobertura procedente de un individuo de 45.000 años de la cueva de Goyet, en Bélgica, que se convierte en el quinto genoma neandertal de alta calidad secuenciado hasta la fecha.

De otros 19 restos peor conservados se recuperaron datos nucleares de menor resolución, y ahí está una de las aportaciones metodológicas del trabajo: demuestra que incluso los datos de baja cobertura sirven para medir diversidad interna.

Ni endogámicos ni degenerados

La mayoría de esos individuos resultaron estar más emparentados entre sí que con otros neandertales tardíos europeos, lo que dibuja una población regional coherente. Dentro de ella, sin embargo, muchos no eran parientes cercanos, señal de que los grupos eran lo bastante grandes y estaban lo bastante conectados como para evitar la endogamia.

Algunos individuos conservaban además linajes que se separaron antes de la divergencia de los neandertales tardíos, es decir, ramas antiguas que habían sobrevivido dentro de la población. Y un dato que golpea directamente a la hipótesis del deterioro genómico: no se encontró que estos neandertales tardíos acumularan más mutaciones perjudiciales que los anteriores.

Una asimetría que sigue sin explicación

Los neandertales vivieron en esa región al mismo tiempo que los primeros humanos modernos llegados a Europa. Sabemos que hubo cruces, porque prácticamente todas las personas de origen no africano llevan un pequeño porcentaje de ADN neandertal. Lo llamativo del nuevo trabajo es que el flujo no aparece en la dirección contraria: no hay rastro claro de ascendencia humana moderna reciente en estos neandertales tardíos. Como resume la propia Bossoms Mesa, encontramos ancestría neandertal en humanos modernos una y otra vez, y sin embargo no la encontramos en sentido inverso.

Nada de esto descarta que la vulnerabilidad demográfica jugara su papel en la desaparición, hace unos 40.000 años. Lo que hace huír de la explicación cómoda y dejar el problema abierto a factores ecológicos, culturales y de competencia. Conviene también recordar el límite del estudio: 27 individuos de una sola región europea siguen siendo una muestra pequeña para inferir la estructura de toda una especie continental. En la península ibérica, donde se sitúan algunos de los últimos neandertales conocidos, como en El Sidrón en Asturias, o el Abrigo de San Lázaro en Segovia, el registro genético todavía es mucho más pobre por las malas condiciones de conservación del ADN.

REFERENCIAS

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