La trampa de la captura de carbono contra el cambio climático: más polución, más muertes, más desigualdad
Un estudio calcula que reducir más las emisiones directas, en lugar de compensarlas con captura de carbono, evitaría 33.000 muertes prematuras al año en Estados Unidos y repartiría mejor sus beneficios.
Cuando un país se marca el objetivo de llegar a emisiones netas cero, tiene dos caminos disponibles y no son equivalentes: reducir directamente la cantidad de gases contaminantes que emite, o seguir emitiendo una parte y compensarla capturando carbono de la atmósfera con tecnologías específicas. Sobre el papel, ambos caminos llegan al mismo balance final de carbono. Pero un estudio liderado por la investigadora Candelaria Bergero, publicado en Nature Climate Change, demuestra que, en la práctica, no llegan en absoluto al mismo resultado para la salud pública.
Dos caminos hacia el mismo cero, con salud muy distinta
El equipo modeló distintos escenarios de descarbonización de Estados Unidos hasta 2050, comparando una senda que prioriza reducir las emisiones directas de fuentes contaminantes (fábricas, centrales eléctricas, transporte) frente a otra que permite mantener una fracción mayor de esas emisiones y compensarlas mediante captura y eliminación de dióxido de carbono, ya sea con tecnología industrial o con soluciones basadas en la naturaleza. Ambos escenarios logran el mismo objetivo neto de carbono para el clima global, pero solo uno de ellos elimina de verdad los contaminantes que se respiran a pie de calle.
Ahí está la clave del hallazgo: la captura de carbono elimina dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, pero no elimina el resto de contaminantes que acompañan a esas mismas emisiones, como las partículas finas o los óxidos de nitrógeno, responsables directos de buena parte de la mortalidad asociada a la mala calidad del aire. Un escenario que confía demasiado en la captura de carbono puede cumplir su objetivo climático sobre el papel mientras sigue permitiendo que las comunidades cercanas a las fuentes de emisión respiren un aire igual de sucio que antes.
Treinta y tres mil vidas y un reparto más justo
Según los cálculos del equipo, la senda que prioriza reducir emisiones directas, en lugar de compensarlas con captura de carbono, evitaría alrededor de 33.000 muertes prematuras anuales en Estados Unidos para el año 2050, en comparación con el escenario que depende en mayor medida de la eliminación de carbono. Esa cifra por sí sola ya es contundente, pero el estudio añade una segunda capa de análisis igual de relevante: quién se beneficia de esa diferencia.
El análisis muestra que la senda de menor dependencia de la captura de carbono reparte sus beneficios de forma mucho más equitativa entre distintos grupos de población, con mejoras especialmente marcadas entre comunidades no blancas y de bajos ingresos, que en Estados Unidos suelen vivir de forma desproporcionada cerca de instalaciones industriales y corredores de tráfico intenso. El escenario centrado en la captura de carbono, en cambio, tiende a perpetuar esas mismas desigualdades geográficas en la exposición a la contaminación, porque las emisiones residuales siguen concentrándose en los mismos barrios de siempre.
Una advertencia para la política climática
El mensaje del estudio no es que la captura de carbono carezca de utilidad, varios escenarios climáticos internacionales, incluidos los del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, contemplan cierto grado de eliminación de carbono como parte necesaria de la ecuación para sectores difíciles de descarbonizar por completo, como la industria pesada o la aviación. El problema surge cuando la captura de carbono se convierte en la vía principal, en lugar de complementaria, permitiendo posponer indefinidamente la reducción de las emisiones directas más fáciles de evitar con la tecnología ya disponible.
Los autores instan a los responsables de diseñar políticas climáticas a tratar la reducción directa de emisiones y la captura de carbono como herramientas con efectos muy distintos sobre la salud pública, y no como sustitutos intercambiables que producen el mismo resultado solo porque cuadran igual en la contabilidad global del carbono. Ignorar esa diferencia, advierte el estudio, corre el riesgo de alcanzar el objetivo climático sobre el papel sin resolver, e incluso perpetuando, la desigualdad en la calidad del aire que respiran las comunidades más expuestas.
Referencia
- Residual emissions may perpetuate community-scale inequalities in US air pollution (Candelaria Bergero et al., Nature Climate Change, 2026)
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