El pigmento de los pétalos que absorbe los rayos ultravioleta ha aumentado un promedio de 2% por año desde 1941 hasta 2017 

En la foto superior vemos un lirio de agua visto con luz natural (izda) ultravioleta (centro), e infrarrojos (decha). En las plantas con flores, cuando están en lugares con mucho sol, y tienen por tanto una mayor exposición a los rayos UV, tienen en sus pétalos áreas más grandes de pigmentación que absorbe esos rayos UV. De ese modo protegen el polen del daño causado por los rayos UV. Según un nuevo estudio, esta capa protectora de rayos UV ha aumentado significativamente en las flores, adaptándose a la mayor exposición al sol que viven.

Esto tiene una consecuencia que no es frívola: sus colores están cambiando. Estos colores ultravioleta son imperceptibles al ojo humano. Nosotros no podemos apreciar el cambio, pero sí lo hacen los polinizadores, pájaros e insectos que acuden a la flor atraídos por sus colores ultravioleta. Los científicos advierten que esta importante modificación en los colores de las flores puede afectar a la polinización.

En estos tiempos en los que el clima se altera agitadamente, los cambios en las especies empiezan a notarse. Uno de estos cambios es el que acaba de registrar Matthew Koski, ecólogo de plantas de la Universidad de Clemson, en el estado estadounidense de Carolina del Sur. Su estudio, publicado en Cell, sugiere que durante los últimos 75 años, las flores se han adaptado al aumento de las temperaturas y la disminución del ozono. Y lo han hecho alterando los pigmentos ultravioleta (UV) en sus pétalos. La consecuencia es que sus colores, vistos a ojos de un colibrí (por ejemplo), ya no son los mismos.

Ejemplos de variación en la pigmentación floral ultravioleta (UV)

Los pigmentos UV de las flores son invisibles para el ojo humano, pero atraen a los polinizadores y sirven como una especie de protector solar para las plantas, dice Matthew Koski, ecólogo de plantas de la Universidad de Clemson. Así como la radiación ultravioleta puede ser dañina para los humanos, también puede dañar el polen de una flor. Cuanto más pigmento absorbente de UV contengan los pétalos, menos radiación dañina llega a las células sensibles.

Han examinado 1238 flores de 42 especies diferentes. Fotografiaron pétalos de flores de la misma especie recolectados en diferentes momentos a lo largo de su área de distribución natural utilizando una cámara sensible a los rayos UV, que capturó los cambios en el pigmento UV. Luego compararon estos cambios con los datos sobre el nivel de ozono y la temperatura locales.

En promedio, el pigmento en las flores en todos los lugares aumentó con el tiempo: un promedio de 2% por año desde 1941 hasta 2017 , informaron este mes en Current Biology .

Un doble efecto

El polen escondido dentro de los pétalos está protegido naturalmente de la exposición a los rayos UV, al aumentar la pigmentación que absorbe UV se produce una protección adicional que también puede actuar como un invernadero, atrapando el calor. Cuando estas flores están expuestas a temperaturas más altas, su polen corre el riesgo de cocinarse. La reducción de los pigmentos UV en los pétalos hace que absorban menos radiación solar, lo que reduce las temperaturas.

Estos cambios pueden proteger el polen, pero los polinizadores pueden no ver las flores

Aunque estos cambios de pigmento pueden ser indistinguibles para el ojo humano, se destacan como un faro para los polinizadores como los colibríes y las abejas. Así de diferente se ve la misma flor a ojos de un polinizador.

 

Koski dice que la mayoría de los polinizadores prefieren las flores con un patrón de «ojo de buey»: puntas de los pétalos que reflejan los rayos UV y pigmentos que absorben los rayos UV cerca del centro de la flor. Aunque los científicos no comprenden completamente el atractivo de este patrón, creen que podría ayudar a distinguir las flores del fondo que absorbe los rayos UV de otras plantas.

Como resultado, las flores con menos pigmento pueden ser detectadas mejor por los polinizadores, dice Koski. Pero las flores que marcan su pigmento podrían perder ese contraste y, en última instancia, hacerlas menos atractivas para los viajeros que pasan. Estos cambios de pigmento pueden ayudar a proteger el polen, dice Davis, pero «los polinizadores pueden no ver las flores».