Un equipo de científicos japoneses prueba con elefantas tailandesas si distinguen el cuerpo y el rostro humano cuando están orientados hacia ellas, y qué gestos usan para pedir comida.

La atención visual es la capacidad de percibir hacia dónde mira y orienta el cuerpo otra persona, lo que señala si está atenta o no. En animales sociales esto guía decisiones, por ejemplo cuándo pedir o compartir comida. Elefantes y humanos no se comunican igual, ellos dependen mucho del olfato y del oído, pero también usan gestos y posturas.

Un comunicado desde Kioto recuerda que resulta fácil asumir que los elefantes confían sobre todo en señales acústicas y olfativas. Con orejas enormes y trompas hiperfuncionales, nadie se sorprende. También emplean gestos y exhibiciones visuales para comunicarse, aunque sabemos menos sobre cuánto y cómo lo hacen. La investigación en comunicación visual se ha centrado sobre todo en especies muy visuales, como los primates no humanos, y los elefantes no encajan en ese molde.

Un trabajo anterior ya mostró que los elefantes africanos de sabana pueden reconocer la atención visual humana a partir de la orientación de la cara y del cuerpo de una persona. Sin embargo, faltaba comprobarlo en sus parientes asiáticos. Las dos ramas se separaron hace millones de años, y difieren en varios rasgos de comportamiento y cognición. Esa distancia evolutiva convierte la comparación en algo más que un pasatiempo, porque puede revelar qué habilidades se comparten y cuáles surgieron de forma independiente.

Con esto en mente, un equipo de la Universidad de Kioto decidió centrarse en elefantes asiáticos en Tailandia. “Tras realizar mi doctorado sobre cómo los elefantes forman reputaciones, quise poner a prueba si los elefantes asiáticos entienden cuándo los humanos les prestan atención”, explica la autora de correspondencia, Hoi-Lam Jim. La pregunta es directa, pero exige un diseño fino que distinga si el animal responde a la presencia de una persona o a señales visuales concretas.

Un elefante participa en una prueba en la que el cuerpo y el rostro de una persona se dirigen hacia el animal.Crédito
KyotoU / Hoi-Lam Jim

Un elefante participa en una prueba en la que el cuerpo y el rostro de una persona se dirigen hacia el animal. Crédito: KyotoU / Hoi-Lam Jim

El equipo se desplazó a Chiang Rai, en el norte de Tailandia, y trabajó con diez elefantas cautivas. Las situaron en una tarea de petición de comida, un contexto natural para que el animal se dirija a un humano. La experimentadora ejecutaba la tarea variando su orientación corporal en cuatro posiciones. En una, cuerpo y cara hacia el elefante. En otra, ambos en dirección opuesta. En la tercera, solo la cara hacia el animal con el cuerpo girado. En la cuarta, solo el cuerpo orientado hacia el animal con la cara apartada. Después analizaron con qué frecuencia cada elefanta dirigía señales a la experimentadora en cada condición. Además evaluaron la reacción cuando la experimentadora no estaba presente, lo que permitió comprobar si los gestos emergían por hábito o por lectura de atención.

Los resultados fueron claros. Las elefantas gesticularon más cuando tanto el cuerpo como la cara de la experimentadora estaban orientados hacia ellas. La orientación del cuerpo apareció como una pista visual más potente que la de la cara. Sin embargo, ese efecto dependía de que la cara también estuviera orientada hacia el animal. En otras palabras, no basta con girar el tronco si el rostro niega la atención. La combinación de ambas señales parece ser la clave.

El equipo también detectó algo llamativo sobre el mero hecho de que haya una persona cerca. “Nos sorprendió descubrir que los elefantes no gesticulaban simplemente porque hubiera un humano presente”, comenta Jim. Cuando no había nadie delante, las elefantas gesticulaban como si una persona estuviera allí con el cuerpo vuelto del revés. Esto sugiere sensibilidad a la orientación corporal, no respuesta automática a la presencia humana sin más.

El conjunto de hallazgos respalda que los elefantes asiáticos comprenden la importancia de la atención visual para comunicarse de forma eficaz con los humanos. La sensibilidad no se apoya solo en la cara o solo en el cuerpo, sino en una combinación de pistas que les permiten reconocer cuándo alguien les está prestando atención de verdad. Dada la historia de manejo humano de muchos elefantes cautivos, no sorprende que hayan aprendido, con el tiempo, qué postura anuncia interacción y comida, y cuál equivale a un portazo no verbal.

Más allá de la anécdota, el estudio contribuye a perfilar la inteligencia de los elefantes, su comparación entre especies y cómo evolucionan capacidades complejas en animales grandes y sociales. También invita a refinar cómo trabajamos con ellos en entornos de manejo y conservación, porque pequeños detalles de postura humana pueden facilitar o entorpecer la comunicación. El equipo planea ahora profundizar en otros aspectos de la cognición de los elefantes asiáticos, como la cooperación, la prosocialidad y la gratificación retrasada. Si logran que esperen su premio con paciencia, estarán un paso más cerca de descifrar esa mezcla de fuerza bruta y sutileza social que tanto nos fascina.

REFERENCIA

Asian elephants (Elephas maximus) recognise human visual attention from body and face orientation