Por fin, una forma de evitar el ensayo y error hasta dar con el antidepresivo correcto

depresión

No todos los antidepresivos funcionan bien para todo el mundo, pero usando marcadores biológicos se ha conseguir elevado la tasa de acierto hasta un 71% frente al 43% habitual.

Elegir un antidepresivo sigue siendo, en la consulta de psiquiatría, un ejercicio de prueba y error. Un paciente prueba un fármaco durante semanas, y si no funciona, prueba el siguiente. Ese proceso, lento y frustrante para quien lo atraviesa, es la norma desde hace décadas porque no existía una forma fiable de predecir, antes de empezar el tratamiento, qué medicamento tenía más probabilidades de funcionar en cada persona. Un ensayo publicado en Nature Mental Health por el psiquiatra Peter Zhukovsky y su equipo aporta ahora una alternativa basada en datos biológicos y de comportamiento.

Índice
  1. Marcadores que predicen la respuesta antes de empezar
  2. Casi un 67% más de acierto
  3. Por qué todavía no llega a la consulta del médico de cabecera
  4. Referencia

Marcadores que predicen la respuesta antes de empezar

Los investigadores partieron de un gran estudio multicéntrico previo en el que habían identificado patrones, tanto en pruebas de imagen cerebral como en tareas cognitivas y cuestionarios de comportamiento, capaces de anticipar si una persona respondería mejor al bupropión o a la sertralina, dos de los antidepresivos más recetados en todo el mundo. Con esos patrones ya identificados, diseñaron un ensayo clínico prospectivo (es decir, que pone a prueba la predicción en pacientes nuevos, antes de conocer el resultado) para comprobar si realmente servían para guiar el tratamiento en la práctica.

Participaron personas con trastorno depresivo mayor que aún no tomaban medicación. A cada una se le calculó, mediante los marcadores identificados previamente, una puntuación de probabilidad de respuesta para cada uno de los dos fármacos. Los resultados, registrados en el ensayo con identificador NCT05537584, mostraron diferencias claras: los pacientes con marcadores favorables para ambos medicamentos alcanzaron una tasa de respuesta del 71,4%, los que tenían un marcador favorable para al menos uno de los dos llegaron al 65,4%, y quienes no mostraban ningún marcador positivo se quedaron en un 42,9%, la cifra habitual sin esta guía biológica.

Casi un 67% más de acierto

La diferencia entre el grupo mejor orientado y el peor orientado por los biomarcadores representa un incremento de casi el 67% en la probabilidad de respuesta al tratamiento. Para un paciente concreto, esa diferencia se traduce en semanas, a veces meses, que se ahorra sin tener que pasar por un fármaco que no le iba a funcionar, con los efectos secundarios y el desgaste emocional que eso conlleva. En un trastorno donde cada semana sin mejoría pesa especialmente en la calidad de vida de la persona, acortar ese periodo de ensayo y error tiene un valor clínico que va más allá de la estadística.

El equipo, con participación de investigadores de la Universidad de California en Irvine y del hospital McLean, vinculado a Mass General Brigham, subraya que este enfoque no sustituye el criterio clínico, sino que lo complementa con información objetiva que antes no estaba disponible en la consulta habitual.

Por qué todavía no llega a la consulta del médico de cabecera

Antes de que estos marcadores puedan usarse de forma rutinaria, hace falta resolver varios obstáculos prácticos. El ensayo incluyó menos de 50 pacientes en su análisis final, un tamaño de muestra pequeño para un cambio de práctica clínica tan relevante, y algunos de los marcadores predictivos más potentes dependen de resonancias magnéticas funcionales, una tecnología cara y poco disponible fuera de hospitales universitarios y centros de investigación.

Los propios autores insisten en que el siguiente paso debe ser replicar estos resultados en muestras más grandes y diversas, y explorar si es posible simplificar los marcadores hasta un conjunto de pruebas más accesible, tal vez basadas en análisis de sangre o cuestionarios breves, que puedan aplicarse en atención primaria. Mientras tanto, el hallazgo confirma una idea que lleva años ganando terreno en psiquiatría: la depresión no es una única enfermedad con un único tratamiento óptimo, sino un conjunto de trayectorias biológicas distintas que responden de forma diferente a cada fármaco, y que la medicina empieza por fin a poder distinguir antes de recetar.

Referencia

 

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