Si te cuesta mirar a los ojos no estás solo, la incomodidad del contacto visual no es a causa de la dificultad  reconocer emociones en el autismo

Mirar a los ojos de la persona que tenemos enfrente es una recomendación habitual en las primeras citas o las entrevistas de trabajo, y se ha considerado un rasgo social clave. En el autismo, muchos estudios han descrito dificultades para sostener la miradas mutuas y más malestar al hacerlo. Algunas teorías defendieron que quien evita los ojos recibe menos información y, por eso, falla al leer las emociones, un rasgo común en el autismo. Otros estudios nombran factores que acompañan al autismo, como la alexitimia, la dificultad para identificar y describir las propias emociones, o la prosopagnosia, el problema para reconocer rostros.

Pero evitar la mirada no tiene estos efectos, ni es exclusiva del trastorno del espectro autista (TEA). En un nuevo trabajo, liderado por la investigadora Sara Landberg en la University of Gothenburg y su equipo usaron datos de 187 adultos de países anglófonos y midieron rasgos autistas, alexitimia y habilidades de reconocimiento facial. Además, preguntaron de forma directa si el contacto visual resultaba desagradable y qué estrategias usaban para manejar esa sensación. Los participantes completaron también una prueba objetiva de etiquetado de emociones con caras morfeadas al 40% de intensidad, diseñada para que la tarea no fuese trivial. El artículo aparece en Emotion.

El patrón general confirmó algo conocido. A mayor puntuación en rasgos autistas, más probabilidades de declarar que el contacto visual resulta incómodo. La alexitimia, medida por separado, también se asoció de manera independiente con ese malestar. El análisis estadístico sugiere que ambas dimensiones contribuyen, pero no son la misma cosa.

A todos nos cuesta mirar a los ojos

El estudio se fijó en cómo afronta la gente ese malestar. Quienes mostraban más rasgos autistas tendían a mirar a otras zonas de la cara, como la boca o la nariz. En cambio, las personas con más alexitimia preferían apartar la vista del rostro por completo. Desde fuera, ambas conductas parecen similares. Por dentro, responden a mecanismos distintos.

La sorpresa llegó al evaluar la tarea de reconocimiento emocional: no hubo diferencias ligadas a los rasgos autistas. Las personas con puntuaciones más altas acertaron tanto como el resto. Donde sí apareció un efecto fue en el tiempo de reacción. Estas personas tardaron más en etiquetar la emoción. Quienes puntuaban alto en prosopagnosia también respondieron más despacio. El equipo probó después si el malestar ante el contacto visual explicaba esa lentitud. No lo hizo. La incomodidad no predijo el tiempo de respuesta. El enlentecimiento parece surgir de otro mecanismo cognitivo, distinto del rechazo sensorial o emocional a las miradas.

Los autores exploraron la hipótesis de una sensibilidad sensorial general, es decir, que el sistema responda con exceso a luces, ruidos o tacto y eso alimente el rechazo a las miradas. Tampoco encontraron una relación fuerte entre esa sensibilidad global y el malestar específico con los ojos. Esto quiere decir que entrenarse para mirar más a los ojos no garantiza que vayamos a leer mejor las emociones. Podrían necesitarse intervenciones centradas en la eficiencia del procesamiento, no solo en la entrada visual.

Evitar la mirada y tardar más en reconocer emociones pueden coexistir, pero no mantienen una relación de causa y efecto. Son caminos paralelos que exigen apoyos diferentes.

REFERENCIA

Eye Gaze Discomfort: Associations With Autistic Traits, Alexithymia, Face Recognition, and Emotion Recognition (PubMed)