Un estudio desmonta la idea de que quienes beben por depresión solo buscan aliviar el malestar. Al parecer, el alcohol sigue siendo placentero, incluso en casos de adicción.

Aunque se suele pensar que el alcohol es una vía de escape para quienes padecen depresión, la ciencia sugiere otra historia. El trastorno por consumo de alcohol (AUD, por sus siglas en inglés) no solo está relacionado con la necesidad de mitigar sentimientos negativos, sino también con los efectos placenteros que la bebida sigue provocando, incluso en personas con depresión. Este hallazgo podría cambiar la forma en que entendemos y tratamos la adicción al alcohol.

Un estudio reciente de la Universidad de Chicago ha puesto en duda una creencia profundamente arraigada sobre el consumo de alcohol: la idea de que, a medida que avanza la adicción, el placer que se obtiene al beber disminuye y que las personas, especialmente aquellas con depresión, beben principalmente para aliviar el malestar emocional. Sin embargo, la investigación muestra que las personas con trastorno por consumo de alcohol (AUD) y depresión experimentan niveles altos de estimulación y placer al beber, comparables a los de quienes no tienen depresión.

Andrea King, profesora de Psiquiatría y Neurociencia del Comportamiento en la Universidad de Chicago y autora principal del estudio, explica: «Existe esta creencia popular de que la gente bebe en exceso cuando está deprimida y que se trata principalmente de automedicación. Pero en nuestro estudio, que analiza el consumo en el entorno natural y utiliza informes en tiempo real a través de smartphones, los participantes con AUD y depresión reportaron efectos positivos y gratificantes del alcohol, al igual que aquellos sin depresión».

El estudio, publicado el 1 de febrero en el American Journal of Psychiatry, desafía las nociones tradicionales sobre cómo afecta el alcohol a las personas deprimidas que beben en exceso. Además, sugiere que los tratamientos podrían ser más efectivos si se enfocaran no solo en los síntomas de estrés y depresión, sino también en las vías neuronales asociadas al placer que genera el alcohol.

«Actualmente, los tratamientos suelen centrarse en reducir el estrés y los síntomas depresivos, pero eso solo aborda una parte del problema. Si no tenemos en cuenta la estimulación y el deseo de consumir más alcohol, que se da tanto en personas con como sin depresión, estamos dejando de lado un factor crucial», afirmó King, quien lleva décadas investigando cómo responden las personas al alcohol y cómo estas respuestas contribuyen a la adicción.

El alcohol tiene efectos complejos en el cerebro, y entender mejor los factores que influyen en la vulnerabilidad de una persona al AUD y la depresión es clave para desarrollar tratamientos más efectivos y tempranos. No obstante, hasta ahora, pocos estudios habían analizado cómo responden las personas con AUD al alcohol en entornos controlados o en su vida diaria. La inclusión de individuos con AUD y otro diagnóstico comórbido, como la depresión, añade aún más complejidad al análisis.

El alcohol y sus efectos placenteros

Para este estudio, los investigadores siguieron a 232 personas en Estados Unidos, de entre 21 y 35 años, una franja de edad en la que suele producirse el consumo más elevado de alcohol. La mitad de los participantes cumplía con los criterios para el diagnóstico de AUD en el último año, y de este grupo, la mitad también había experimentado un trastorno depresivo mayor en el mismo período. Por razones de seguridad, se excluyó a las personas con ideas suicidas o con síntomas graves de abstinencia alcohólica.

Los participantes respondieron a preguntas a través de sus smartphones cada media hora durante tres horas, tanto en episodios de consumo de alcohol como en periodos sin consumo. Los resultados mostraron que el alcohol redujo los sentimientos negativos, aunque esta reducción fue modesta y no se relacionó específicamente con el estado depresivo o el diagnóstico de AUD. Sin embargo, los efectos positivos del alcohol fueron mucho más marcados en las personas con AUD en comparación con las que no tenían este trastorno, y, contrario a lo que se creía, estos efectos positivos fueron similares en aquellos con y sin depresión.

Daniel Fridberg, coautor del estudio y profesor asociado de Psiquiatría y Neurociencia del Comportamiento en la Universidad de Chicago, destacó: «Durante casi una década, nuestro grupo ha mejorado métodos para usar tecnologías móviles que permiten medir en tiempo real resultados clínicamente relevantes en personas con AUD y en aquellas en riesgo de desarrollar problemas relacionados con el alcohol. Estos enfoques nos permiten cerrar la brecha entre el laboratorio y la vida real, y han generado nuevos conocimientos que podrían conducir a mejores tratamientos».

Los hallazgos del estudio cuestionan la teoría predominante que sostiene que la adicción al alcohol surge de un intento del cerebro por mantener la estabilidad frente al consumo excesivo repetido. Según esta teoría, conocida como el «lado oscuro de la adicción», el consumo prolongado de alcohol provoca cambios en los sistemas cerebrales relacionados con el estrés y la recompensa, lo que lleva a las personas a pasar de beber por placer a hacerlo para evitar el síndrome de abstinencia y el malestar.

Sin embargo, King afirma que esta teoría no explica los altos niveles de estimulación y placer que parecen impulsar aún más la dependencia al alcohol. «Como profesionales de la salud, se nos enseña que las personas con AUD beben para automedicarse y sentirse mejor», dijo King. «Pero, ¿qué están sintiendo exactamente? Según nuestro estudio, experimentan altos niveles de estimulación y efectos placenteros, con una modesta disminución de los estados negativos».

El próximo estudio de King analizará si los adultos de entre 40 y 65 años que han tenido AUD durante décadas también experimentan estos efectos placenteros al beber, en comparación con los bebedores de la misma edad que no tienen AUD. Según la teoría predominante, se esperaría que estas personas mostraran respuestas positivas atenuadas y altos niveles de tolerancia al alcohol. Sin embargo, King investigará si, al igual que en este estudio con bebedores deprimidos, estos individuos conservan una sensibilidad a los efectos placenteros del alcohol a largo plazo.

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