Los cerebros de personas con obesidad crónica muestran daños progresivos y medibles. Pero bajar de peso a tiempo podría proteger la salud mental en la vejez.
El cerebro humano es un órgano muy sensible a los cambios en el cuerpo. La obesidad, una condición caracterizada por un exceso de grasa corporal, puede afectar su estructura y funcionamiento. Cuando se habla de morfología cerebral se hace referencia a la forma y volumen de diferentes regiones del cerebro. La conectividad funcional, por su parte, se refiere a cómo se comunican entre sí distintas áreas cerebrales. El deterioro cognitivo implica problemas de memoria, atención y razonamiento.
Con la obesidad aumentando a nivel mundial, resulta cada vez más urgente entender cómo esta condición afecta al cerebro humano. A pesar de que ya se sabe que la obesidad influye negativamente en la salud cognitiva, su impacto a largo plazo, especialmente en lo que respecta a los cambios cerebrales progresivos y persistentes, aún es poco claro. La profesora Anqi Qiu, del Departamento de Tecnología e Informática de la Salud de la Universidad Politécnica de Hong Kong (PolyU), ha liderado un nuevo estudio que ofrece una mirada más profunda sobre estos efectos, usando datos de miles de adultos británicos.
El equipo de investigación utilizó el extenso biobanco del Reino Unido para analizar las trayectorias de obesidad de más de 15,000 personas de mediana y avanzada edad. A diferencia de muchos estudios anteriores, que usan una sola medición del índice de masa corporal (IMC), este trabajo observó cómo cambiaba la obesidad a lo largo de varios años. De esta manera, identificaron cinco trayectorias diferentes: bajo-estable, moderado-estable, alto-estable, en aumento y en disminución.
Los hallazgos fueron reveladores. Las personas que habían logrado reducir su nivel de obesidad con el tiempo (trayectoria en disminución) mostraban un perfil cerebral y cognitivo muy similar al del grupo más saludable (bajo-estable). Por el contrario, quienes mantenían un nivel moderado o alto de obesidad de forma sostenida, o aquellos cuya obesidad iba en aumento, presentaban un deterioro cerebral más significativo. Este deterioro empezaba en regiones clave como el sistema fronto-mesolímbico —implicado en el control emocional y la motivación— y luego se extendía hacia zonas parietales y temporales del cerebro, que participan en la memoria y la percepción.
Especialmente preocupante fue el caso del grupo de obesidad alta y estable. Estas personas mostraban anomalías cerebrales extendidas que afectaban tanto la forma como la conectividad funcional del cerebro, lo que a su vez se traduce en un mayor deterioro cognitivo. En pocas palabras, mantener niveles altos de obesidad durante mucho tiempo parece acelerar el envejecimiento del cerebro, y con ello aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson.
El estudio resalta así la importancia clínica de observar la obesidad no como una condición estática, sino como un proceso dinámico que cambia a lo largo del tiempo. Según la profesora Qiu, “este trabajo sugiere que controlar el peso corporal a largo plazo puede contribuir significativamente a una mejor salud cerebral, especialmente en el contexto del envejecimiento poblacional y el aumento de enfermedades neurodegenerativas”.
Además, los investigadores proponen que la obesidad persistente podría funcionar como un biomarcador para medir el envejecimiento cerebral, lo que abriría la puerta a nuevas formas de prevenir el deterioro cognitivo mediante intervenciones tempranas. Esto incluye no solo dietas o ejercicios, sino también enfoques más amplios que tengan en cuenta factores metabólicos, genéticos y conductuales.
El equipo de la PolyU no se detiene aquí. En sus próximos pasos, planean integrar técnicas de análisis multi-ómicos, que combinan datos genéticos, proteómicos y metabólicos, para entender mejor las vías biológicas que conectan la salud del cuerpo con la del cerebro. Este enfoque podría permitir identificar qué personas tienen mayor riesgo de daño cerebral relacionado con la obesidad, y cómo prevenirlo de forma más personalizada.
En resumen, este estudio no solo alerta sobre los peligros de la obesidad prolongada, sino que también ofrece una esperanza clara: reducir el peso a tiempo, incluso después de años de obesidad, puede tener beneficios concretos para mantener el cerebro joven y funcional por más tiempo.
REFERENCIA
Long-term obesity impacts brain morphology, functional connectivity and cognition in adults