Estas microesponjas de té verde y algas bloquean la grasa en el intestino
Se trata de unas microperlas vegetales que se unen a la grasa y evitan su absorción, una alternativa a la cirugía y otros bloqueadores de grasa más incómodos
Las opciones actuales para perder peso funcionan, pero no son precisamente un paseo. La cirugía bariátrica de reducción del estómago implica riesgos, y los medicamentos que bloquean la absorción de grasa tienen efectos secundarios. Algunos fármacos, como orlistat, se utilizan para perder peso y tratar la obesidad. Estos compuestos frenan el proceso de absorción de grasa en el intestino al inhibir las enzimas que rompen las moléculas de grasa, aunque pueden causar efectos indeseados, entre ellos, la temida "pérdida de aceite", en la que la grasa sin digerir se escapa por el ano del paciente y mancha su ropa. además, hay riesgo de daño hepático y renal.
Un equipo propone ahora una alternativa más suave, y más cercana a la despensa que al quirófano. Los investigadores han diseñado microperlas comestibles hechas con polifenoles del té verde, vitamina E y un recubrimiento procedente de algas. Una vez ingeridas, se adhieren a las grasas de la dieta dentro del tubo digestivo y dificultan su paso al organismo. Los primeros ensayos en ratas alimentadas con dietas hiperlipídicas sugieren que este enfoque podría ser una opción más segura y accesible que la cirugía o los fármacos.
Yue Wu, estudiante de posgrado en la Universidad de Sichuan, presentará estos resultados en el ACS Fall 2025 Digital Meeting. El equipo subraya que el objetivo es intervenir donde empieza el problema, en el intestino, con un método no invasivo. La idea suena simple, y precisamente por eso resulta atractiva.
“Perder peso puede ayudar a algunas personas a prevenir problemas de salud a largo plazo como la diabetes y las cardiopatías”, dice Wu. “Nuestras microperlas actúan directamente en el intestino para bloquear la absorción de grasa de una manera no invasiva y suave”.
El aumento de peso depende de la genética y del estilo de vida. La dieta, cómo y qué comemos, ocupa un lugar central. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos considera alta en grasa cualquier pauta en la que el 35% o más de las calorías diarias provenga de lípidos y no de proteínas o carbohidratos. Ese umbral, tan fácil de superar con comida ultraprocesada, marca el contexto del problema.
Los fármacos como orlistat que reducen la absorción de grasa al interferir con las enzimas que descomponen los triglicéridos funcionan, pero su historial incluye efectos serios en algunos pacientes. Por eso Wu y sus colegas decidieron apuntar al mismo proceso, pero sin efectos negativos. “Queremos desarrollar algo que encaje con la forma en que la gente come y vive normalmente”, señala Wu. La aspiración es convivir con la rutina, no rehacerla por completo.
Para lograrlo, crearon diminutas esferas vegetales que se ensamblan gracias a enlaces químicos entre los polifenoles del té verde y la vitamina E. Ese núcleo se ancla a las gotitas de grasa y actúa como centro captador. Después recubrieron las esferas con un polímero natural derivado de algas que las protege del entorno ácido del estómago.
El recubrimiento responde al pH ácido expandiéndose, y los compuestos del núcleo se unen a las grasas parcialmente digeridas en el intestino. Allí, las atrapan y favorecen su expulsión con las heces. No hay magia, hay química bien aprovechada.
Las microperlas casi no tienen sabor. Los autores imaginan una integración sencilla en la dieta cotidiana. Podrían fabricarse del tamaño de perlas de tapioca o boba e incorporarse a postres y tés de burbujas. Si algo va a viajar por el intestino, mejor que trabaje a tu favor.
El equipo probó las microperlas como tratamiento para adelgazar en ratas. Dividieron a los animales en tres grupos de ocho durante 30 días. Un grupo siguió una dieta alta en grasa, con un 60 por ciento de lípidos, y recibió microperlas. Otro tomó esa misma dieta sin microperlas. Un tercero comió una dieta normal, con un 10 por ciento de grasas.
Los resultados llamaron la atención. Las ratas con dieta alta en grasa y microperlas perdieron un 17 por ciento de su peso corporal total, mientras que las de los otros grupos no adelgazaron. Además, mostraron menos tejido adiposo y menos daño hepático que las ratas alimentadas con la dieta alta en grasa sin microperlas y que las del grupo con dieta normal sin microperlas. Es decir, el beneficio no se limitó a la báscula.
También expulsaron más grasa en las heces que los animales sin microperlas. Ese extra de lípidos en las deposiciones no produjo efectos adversos aparentes. Es una frase poco glamurosa, pero relevante cuando hablamos de seguridad.
Para comparar con un fármaco, los investigadores trataron a un cuarto grupo con orlistat. En esas ratas observaron efectos gastrointestinales, justo lo que se intenta evitar. En cambio, los animales que consumieron microperlas mostraron una excreción intestinal de grasa similar, pero sin esos efectos. Mismo objetivo, menos incomodidad, y un veterinario más tranquilo.
El grupo ya colabora con una empresa biotecnológica para fabricar las perlas vegetales a escala. “Todos los ingredientes son de calidad alimentaria y están aprobados por la FDA, y su producción puede ampliarse fácilmente”, afirma Yunxiang He, profesor asociado de la Universidad de Sichuan y coautor en la presentación de Wu. La logística importa tanto como la ciencia cuando se quiere llegar al supermercado.
También han iniciado un ensayo clínico en humanos junto con el Hospital de China Occidental de la Universidad de Sichuan. “Esto representa un paso importante hacia la traslación clínica de nuestras microperlas basadas en polifenoles, a partir de nuestros resultados fundacionales”, dice Wu. “Hemos inscrito oficialmente a 26 participantes en nuestro ensayo iniciado por investigadores, y prevemos que los datos preliminares podrían estar disponibles dentro del próximo año”.
Queda camino por recorrer. Resultados en roedores no garantizan el mismo efecto en personas, y los ensayos clínicos mandan. Si los datos acompañan, estas microperlas podrían convertir a la grasa en pasajera, no en pasajera habitual.
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