Un estudio de población para comprobar si los tatuajes dan cáncer de piel encuentra una asociación con el riesgo de padecer melanoma cutáneo
En Suecia, hacerse un tatuaje es ya una costumbre común, y el melanoma cutáneo lleva décadas creciendo. Un equipo de la Universidad de Lund ha cruzado esa coincidencia con datos reales y ha encontrado una asociación que merece atención.
El estudio, publicado en European Journal of Epidemiology, usa un diseño clásico para buscar pistas cuando no se puede experimentar: un caso-control poblacional. Los autores identificaron en el Registro Nacional del Cáncer de Suecia a 2.880 personas diagnosticadas de melanoma cutáneo entre los 20 y los 60 años en 2017, y seleccionaron para cada una tres controles emparejados por edad y sexo desde el registro de población. Después, en 2021, recogieron información sobre tatuajes mediante un cuestionario para eliminar otros factores que pudieran influir.
Los tatuajes dan cáncer de piel: correlación, aunque no causalidad
En la muestra que respondió, el 22% de los casos tenía al menos un tatuaje previo a la fecha índice, frente al 20% de los controles. Esto quiere decir que el riesgo relativo de melanoma en personas tatuadas fue de 1,29, con un intervalo de confianza del 95% de 1,07 a 1,56. Es decir, llevar un tatuaje aumentaba en casi un 30% el riesgo de melanoma.
El estudio también entra en el cómo. La hipótesis de partida tiene que ver con la composición de las tintas y sus impurezas: se han descrito en distintos análisis químicos compuestos con potencial carcinógeno, como hidrocarburos aromáticos policíclicos, aminas aromáticas y metales pesados. Esa justificación no demuestra nada por sí sola, pero da sentido a mirar el tema con herramientas epidemiológicas.
Una parte importante del artículo intenta separar la asociación con otros factores que pueden influir en el melanoma, como los viajes de vacaciones al sol, el uso de cabinas de bronceado y las quemaduras solares en la infancia. Los autores ajustaron por variables relevantes y además hicieron análisis de sensibilidad: añadieron quemaduras infantiles como covariable, excluyeron a personas con melanoma previo, retiraron del análisis a quienes tomaban medicación inmunosupresora y apartaron las ocupaciones con exposición particular a carcinógenos, como bomberos y trabajadores del refino de petróleo. En conjunto, el objetivo era comprobar si la señal del tatuaje se perdía al eliminar esos factores, pero no fue así.
Uno de los resultados menos intuitivos es que no apareció un aumento progresivo del riesgo con áreas de tatuaje más grandes; de hecho, las razones de incidencia fueron más bajas en los grupos con más superficie tatuada, algo que los autores discuten como posible error de clasificación o problemas de medida. También vieron una pista de riesgo algo mayor en tatuajes con tinta de color, solos o combinados con negro o gris, pero reconocen falta de potencia estadística en algunos subgrupos.
Otro punto clave era comprobar si la radiación UV actuaba como modificador del efecto, porque la luz solar acelera la degradación de pigmentos y podría cambiar la exposición local en la piel. En sus datos, las personas tatuadas con alta exposición a UV no mostraron un riesgo mayor que las tatuadas con menor exposición, de modo que esa interacción concreta no quedó respaldada aquí. Aun así, el trabajo insiste en que el contexto importa y que harían falta estudios en regiones con más intensidad UV.
Este estudio sugiere una asociación estadística entre tatuajes y melanoma cutáneo, y no cierra el debate sobre mecanismo, causalidad o tamaño real del efecto. Si te tatuas, lo que hoy está firmemente demostrado que pesa más en el riesgo sigue siendo la exposición a radiación UV, y eso se controla con hábitos concretos, no con suposiciones. El resto, de momento, queda en manos de más datos y mejores seguimientos.
REFERENCIA
Does tattoo exposure increase the risk of cutaneous melanoma? A population-based case-control study