Un equipo de investigadores detecta el la edad a la que los niños dejan de buscar información útil y empiezan a ignorarla para evitar emociones negativas.

La llamada “evitación de la información” describe cuando preferimos no enterarnos de algo aun si ese dato nos beneficia. Es lo que muchos llaman el «efecto avestruz», (aunque en realidad las avestruces no entierran la cabeza). Lo cierto es que los adultos a menudo gestionan la incertidumbre evitando saber. No mirar las noticias. No abrir la app del banco. No pedir una segunda opinión médica. Es un hábito muy extendido, y suele activarse justo cuando la información sería útil.

Los científicos han señalado el momento vital en que empezamos a preferir esta ruta de “mejor no saber”. Investigadores de la Universidad de Chicago precisan la edad a la que germina el comportamiento conocido como efecto avestruz, y resulta que aparece antes de lo que muchos imaginarían. En una serie de experimentos con 320 niños estadounidenses de entre cinco y diez años, el equipo observó que los más pequeños buscaban activamente conocimiento. A partir de los siete años, en cambio, los menores empezaron a evitar información cuando anticipaban que la respuesta podía provocar una emoción negativa.

“¿Por qué los niños son estas personas super curiosas, pero luego de alguna manera acabamos convirtiéndonos en evitadores de información cuando somos adultos?”, preguntó Radhika Santhanagopalan, investigadora posdoctoral de la Universidad de Chicago. “¿Cuál es esta transición?”.

En el primer experimento, el equipo examinó cinco posibles motivos tras ese gesto de meter la cabeza bajo tierra. Evitar emociones negativas como ansiedad o decepción. Evitar recibir información negativa sobre nuestra simpatía o competencia. Evitar desafíos a nuestras creencias. Proteger nuestras preferencias. Y actuar en interés propio, quizá intentando parecer que no actuamos en interés propio.

A partir de los siete años, en cambio, los menores empezaron a evitar información cuando anticipaban que la respuesta podía provocar una emoción negativa.

A partir de ahí, construyeron escenarios para provocar conductas evitativas y medir si esos motivos las impulsaban. En una prueba, cada niño pensaba en su golosina favorita y en la que menos le gustaba. Después se les ofrecía ver un vídeo sobre por qué comer cada una era malo para los dientes.

“Encontramos que, mientras los niños más pequeños querían buscar información, los mayores empezaron a mostrar estas tendencias de evitación”, dijo Santhanagopalan. “Por ejemplo, no querían saber por qué su caramelo favorito era malo para ellos, pero no tenían ningún problema en aprender por qué su caramelo menos favorito es malo para ellos”.

La estrecha rendija del comportamiento ético basado en la ignorancia

Luego entró en escena el curioso caso del “moral wiggle room”, el margen moral que permite evitar información por interés propio sin parecer egoísta ante los demás. Se demostró con otro escenario en el que parejas de niños veían dos cubos de pegatinas, uno para ellos y otro para su compañero. Un cubo ofrecía más pegatinas, mientras que el otro estaba tapado y contenía una cantidad desconocida. Antes de elegir, se les preguntó si querían saber cuántas pegatinas recibiría su compañero.

“Queremos actuar en nuestro propio interés, pero también nos importa mucho parecer justos ante otras personas”, señaló Santhanagopalan. “La rendija moral nos permite lograr ambos objetivos”.

Aunque saber cuántas pegatinas obtendría el compañero no afectaba a las ganancias propias, los niños mayores rechazaron cada vez más la oportunidad de averiguarlo. Al hacerlo, esquivaban la culpa que podía acompañar la elección del cubo con la cantidad desconocida para el otro.

“Lo que hace la rendija moral es permitirles elegir el pago que favorece el interés propio, al tiempo que mantienen la ilusión de justicia”, dijo Santhanagopalan. “Ese velo de ignorancia les permite actuar en su propio interés”.

La escuela nos enseña a tolerar la información negativa, la vida a evitarla

Los hallazgos revelaron un patrón claro. Con la edad, los niños evitaron más a menudo aprender cierta información para eludir las emociones negativas ligadas a ese conocimiento. Hubo una excepción entre los cinco motivos, la relativa a la competencia. En general, los niños no dudaron en descubrir si les había ido mal en una prueba, aunque la respuesta pudiera ser negativa.

El equipo propone una explicación. La escuela fomenta la idea de progreso y cambio. Un mal resultado se percibe como un paso menor en el camino hacia un buen resultado, y no como una etiqueta fija. En ese contexto, la información negativa se convierte en algo útil para mejorar.

“Es posible que, como reciben muchos mensajes sobre cómo puedes cambiar tu aptitud si te esfuerzas”, dijo Santhanagopalan, “quizá estén más inclinados a buscar información porque saben que potencialmente pueden cambiar el resultado”.

En la edad adulta, evitar información es moneda corriente. La información puede abrumar. Puede amenazar creencias que llevamos años alimentando. Puede despertar un miedo a la incertidumbre que tratamos de apartar de forma consciente o inconsciente.

Los investigadores añaden que esa evitación tiene consecuencias personales y sociales. Puede “profundizar la polarización política o la rigidez ideológica”. Cuando nos negamos a mirar, no desaparece el problema. Solo nos cerramos una vía para entenderlo.

El equipo sugiere un ejercicio simple. Preguntarnos por qué evitamos información útil. A veces priorizamos el alivio a corto plazo, aunque ese dato pueda traer beneficios a largo plazo. Conviene intentar reformular el conocimiento como algo valioso, una herramienta para decidir mejor, y así reducir la inclinación a esquivarlo.

“Los humanos tenemos esta propensión a querer resolver la incertidumbre, pero cuando la resolución es amenazante, la gente puede cambiar a la evitación”, dijo Santhanagopalan. “Creo que hay algo que decir sobre poder tolerar e incluso abrazar cierto nivel de incertidumbre. “Creo que eso podría ayudar a no caer presa de la evitación de la información”, añadió.

REFERENCIA

Becoming an Ostrich: The Development of Information Avoidance