Más de 10 millones de niños y niñas de países en desarrollo sufrió algún tipo de violencia sexual digital en tan solo un año
El acceso a Internet hace años que ha llegado a los llamados países en desarrollo, una inclusión que los mantiene conectados, pero que esconde un lado oscuro cada vez más presente: la explotación y el abuso sexual infantil facilitados por la tecnología, agresiones que abarcan desde el ciberacoso (grooming), solicitudes de actos sexuales, recepción de imágenes sexuales no deseadas, difusión no consentida de imágenes íntimas y la sextorsión (chantaje).
Un reciente y exhaustivo estudio realizado en 12 países de África oriental y meridional, así como del sudeste asiático, pone cifras a una crisis que, hasta ahora, había sido poco documentada en estas regiones. Los datos proceden del proyecto Disrupting Harm, una colaboración entre UNICEF, ECPAT International e INTERPOL.
La violencia sexual facilitada por la tecnología no es un problema marginal ni limitado a unos pocos países, afecta a una parte importante de la infancia. La investigación analiza datos de 11.912 menores de 12 a 17 años con acceso a internet entre 2020 y 2021 en países que abarcan desde Etiopía, Kenia o Mozambique hasta Camboya, Indonesia o Filipinas. El estudio concluye que aproximadamente 1 de cada 6 menores que usan internet sufrieron algún tipo de agresión sexual digital en el último año, según las proyecciones esto equivale a más de 10 millones de menores afectados en estas regiones.
La cara oculta de internet: la violencia sexual digital
La gravedad de los daños que sufren los menores varía según el tipo de violencia. Los incidentes más comunes incluyen la recepción de imágenes no solicitadas (10%) y comentarios incómodos sobre su cuerpo o ser presionados para hablar de sexo (8%). También se reportaron casos alarmantes de coacción para realizar actos sexuales, chantajes y ofertas de dinero a cambio de imágenes íntimas. Alrededor del 17% de los menores conectados encuestados dijo haber sufrido al menos un episodio de este tipo de violencia.
No se observaron diferencias claras entre chicos y chicas en la probabilidad de exposición, las tasas son similares entre niños y niñas, sin embargo, los riesgos aumentan significativamente a medida que los menores crecen. El problema no se concentra en un solo sexo, pero si en la edad, cuanta más edad tenían más probable era que hubieran sufrido este tipo de experiencias, siendo el principal foco los adolescentes.
También hubo diferencias entre países y entornos. Las cifras van desde el 5,5% en Vietnam hasta el 29% en Filipinas, y se mostraba una mayor exposición en las zonas periurbanas que en las zonas rurales, lo que sugiere que el riesgo no depende solo de tener o no internet, sino del contexto social, la infraestructura y la forma en que se usa la red.
El muro del silencio
Lo más inquietante no es solo la magnitud del problema, sino lo poco que se denuncia. Entre quienes dijeron haber vivido una de estas situaciones, más de la mitad no se lo contó a nadie, y los que sí hablaron, casi todos lo hicieron con amigos o familiares, no con canales formales como la policía, el profesorado, una línea de ayuda o los servicios sociales.
A pesar de la escala del abuso, el 51% de las víctimas no reveló su experiencia a nadie. La razón principal en la mayoría de los casos es el desconocimiento: un 37.6% de los menores no sabía a quién acudir o adónde ir para pedir ayuda. A lo que se suman sentimientos de vergüenza, el miedo a meterse en problemas o la percepción de que el incidente «no era lo suficientemente grave» para ser reportado.
«No saber a quién acudir ni dónde pedir ayuda» fue la barrera más frecuente para no contar lo ocurrido, citada por más de un tercio de los menores que callaron.
El estudio sugiere que la mediación parental positiva y el conocimiento de dónde pedir ayuda se asocian con una mayor probabilidad de contar lo ocurrido, es decir, cuando hay adultos que acompañan, explican y abren la puerta a pedir ayuda, los menores se atreven más fácilmente a hablar de lo ocurrido. El conocimiento sobre cómo y dónde buscar ayuda ante un acoso o una agresión es igualmente fundamental para detener este tipo de situaciones a tiempo. La educación sobre derechos y recursos de apoyo debe comenzar desde la infancia temprana y adaptarse a medida que los adolescentes se vuelven más autónomos en el mundo digital.
Los gobiernos, las empresas tecnológicas y las fuerzas del orden también tienen un papel decisivo a la hora de coordinar acciones para crear sistemas de denuncia accesibles y libres de estigmas. En un mundo cada vez más conectado, garantizar la dignidad y la protección de cada niño, sin importar su código postal, es una urgencia que no puede esperar.
REFERENCIAS
Technology mediation in child sexual exploitation and abuse in Africa and Asia