Un economista del MIT advierte que la automatización podría crear un mundo rico en tecnología, pero pobre en empleos y justicia social.

La inteligencia artificial (IA) es una rama de la informática que busca desarrollar sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como aprender, razonar o tomar decisiones. En el contexto económico, la automatización mediante IA puede reducir costes y aumentar la eficiencia, pero también puede desplazar trabajadores humanos, afectando especialmente a empleos que antes requerían habilidades especializadas. Esto plantea un riesgo creciente de concentración de riqueza y desigualdad si los beneficios de la IA no se distribuyen de manera equitativa.

El reconocido economista del MIT, David Autor, ha lanzado una alarmante advertencia sobre el futuro del mercado laboral ante el avance de la inteligencia artificial. En una entrevista en el pódcast “Possible”, presentado por el cofundador de LinkedIn, Reid Hoffman, y su jefa de gabinete, Aria Finger, Autor comparó el rumbo actual de la economía con un sombrío escenario sacado directamente de la película Mad Max: Furia en la carretera. Según él, si no se toman medidas, podríamos acabar en un mundo donde, a pesar de una enorme riqueza global, la mayoría de las personas no tenga acceso a recursos ni trabajos dignos.

Frente a la pregunta de si nos dirigimos hacia un futuro similar al de Wall-E, donde los humanos viven cómodamente sin moverse, Autor se mostró mucho más pesimista. “El escenario más probable para mí se parece más a Mad Max, donde todos compiten por unos pocos recursos restantes que no están controlados por algún señor de la guerra”, afirmó. En esta visión distópica, la abundancia de bienes no implica una buena vida para todos, sino una desigualdad extrema, donde solo unos pocos concentran el poder económico y tecnológico.

La película de 2015 a la que hace referencia se desarrolla en un paisaje australiano devastado, donde bandas rivales luchan por agua y combustible, mientras una clase rica y tiránica acapara lo que queda. Autor ve un paralelismo inquietante con lo que podría pasar si la IA sigue avanzando sin una regulación adecuada: una economía donde los trabajos valiosos se vuelven abundantes, y por tanto, pierden su valor. “La amenaza que plantea la automatización rápida no es que se acabe el trabajo, sino que las habilidades valiosas se vuelvan tan comunes que ya no sean valiosas”, explicó.

El economista señala que la automatización puede actuar en dos direcciones. Por un lado, puede aumentar la calidad del trabajo humano al eliminar tareas repetitivas y permitir a las personas centrarse en lo que hacen mejor. Pero también puede tener el efecto contrario: degradar los empleos al automatizar las tareas más complejas, dejando a los trabajadores con actividades simples y poco valoradas. “Puede desprofesionalizar tu trabajo si automatiza las partes expertas y te deja con lo más básico”, advirtió.

Frente a este panorama, Autor insiste en la necesidad de anticiparse. Según él, es fundamental preguntarse dónde se necesitará la experiencia humana en el futuro, dónde será reemplazada, y cómo podemos dotar a las personas de mejores herramientas para que desarrollen trabajos expertos. “Deberíamos desarrollar herramientas que ayuden a las personas a mejorar más rápido en esas áreas”, propuso. No se trata solo de adaptarse, sino de rediseñar el sistema educativo y laboral para aprovechar las capacidades humanas en colaboración con la tecnología, no en competencia directa con ella.

Lo que más preocupa de su visión es que contrasta con los discursos más optimistas que presentan la IA como una fuente de nuevos empleos y mejoras generales para la humanidad. En lugar de abrir oportunidades, Autor advierte que podríamos estar creando una economía donde la mayoría pelea por empleos mal pagados y sin futuro, mientras una élite acumula beneficios gracias a las máquinas.

A pesar de todo, el escenario Mad Max todavía no es inevitable. Las propias empresas están descubriendo que reemplazar humanos con IA no es tan eficaz como parecía. Muchas veces, los sistemas automatizados no rinden como se esperaba, y el trabajo humano sigue siendo esencial. Así que, aunque el camino hacia un desierto distópico lleno de motociclistas furiosos aún está lejos, las señales de alarma están ahí. La verdadera pregunta ahora es: ¿qué decisiones tomaremos antes de llegar a ese punto?