Un nuevo estudio demuestra que los hombres oyen igual de bien que las mujeres a los bebés llorando. Sin embargo, ellas siguen levantándose tres veces más por las noches.

Aunque siempre se ha asumido que las mujeres tienen una especie de radar biológico para detectar el llanto de un bebé, la ciencia sugiere otra cosa. El llanto de un bebé es un sonido agudo y emocionalmente cargado que suele activar reacciones instintivas en los adultos. Pero distinguir entre una sensibilidad auditiva innata y una respuesta aprendida por el contexto social y cultural es clave. Este nuevo estudio aborda la diferencia entre lo biológico y lo social, cuestionando si de verdad las mujeres están «programadas» para despertarse más que los hombres o si simplemente lo hacen porque asumen ese rol por costumbre o estructura familiar.

Un nuevo estudio de la Universidad de Aarhus pone en jaque la creencia extendida de que las mujeres están naturalmente «programadas» para despertarse más fácilmente ante el llanto de un bebé. Los investigadores descubrieron que, si bien hay ligeras diferencias auditivas entre hombres y mujeres, estas son mínimas y no explican por sí solas el desequilibrio en los cuidados nocturnos que observamos en la vida real.

La investigación, liderada por la profesora Christine Parsons del Departamento de Medicina Clínica, se basó en dos estudios distintos. En el primero, participaron 142 adultos sin hijos. Se les expuso a sonidos muy suaves, incluyendo llantos de bebé y alarmas de bajo volumen. Los resultados revelaron que las mujeres tenían solo un 14% más de probabilidades de despertarse ante estos sonidos muy bajos. Eso sí, a medida que aumentaba el volumen, la diferencia entre hombres y mujeres desaparecía por completo.

«Contrariamente a lo que muestran los medios, nuestros participantes masculinos no dormían plácidamente mientras el bebé lloraba. Vimos mucha variabilidad en la forma en que la gente reaccionaba a los sonidos, y una gran superposición entre hombres y mujeres», explicó la profesora Parsons.

Es decir, que biológicamente, tanto hombres como mujeres reaccionan de forma bastante similar ante sonidos nocturnos, al menos cuando hablamos de volumen medio o alto. Lo cual plantea una pregunta obvia: si ambos escuchan igual de bien, ¿por qué son las madres las que se levantan mucho más por la noche?

Para responder a esto, el equipo realizó un segundo estudio, esta vez con 117 parejas de padres primerizos en Dinamarca. Durante una semana, documentaron quién se encargaba de los cuidados nocturnos del bebé. Los resultados fueron contundentes: las madres asumían esas tareas tres veces más que los padres.

Según Arnault Quentin-Vermillet, estudiante de doctorado y coautor del estudio, este gran desequilibrio no puede atribuirse a las pequeñas diferencias auditivas entre géneros. Así que las razones, aseguran los investigadores, deben ser sociales más que biológicas.

La profesora Parsons sugiere varias posibles explicaciones: «En primer lugar, las madres suelen tomar la baja por maternidad antes que los padres la de paternidad. Eso significa que adquieren más experiencia en calmar al bebé desde el principio. En segundo lugar, si la madre está amamantando por la noche, tiene sentido que el padre no se despierte».

Esto señala una dinámica social bastante habitual: las madres se convierten, por práctica y estructura familiar, en las «expertas» en cuidados nocturnos, mientras que los padres se mantienen al margen, no necesariamente por falta de capacidad, sino por falta de oportunidad o hábito.

El estudio también se enmarca dentro del debate más amplio sobre la igualdad de género en la crianza. Al desmontar la idea de que los hombres no «escuchan» al bebé, se abre la puerta a un reparto más equitativo de las tareas nocturnas. La reciente reforma legislativa en Dinamarca, que amplió de dos a once semanas el permiso de paternidad obligatorio, podría ser un paso en esa dirección, al permitir que los padres se involucren más desde el principio.

Los investigadores esperan ahora que se realicen más estudios sobre cómo se adaptan madres y padres a la crianza, especialmente teniendo en cuenta los cambios hormonales y de sueño que experimentan ambos. Porque si algo está claro tras este estudio, es que no se trata de quién tiene mejores oídos, sino de quién tiene más costumbre (o presión) de usarlos.

REFERENCIA

Men and women’s waking patterns to infant crying: Preparenthood differences are insufficient to explain uneven sharing of nighttime care.