¿Se puede enviar un olor por internet? Así funciona la nariz electrónica con IA
Un nuevo dispositivo portátil que combina sensores, inteligencia artificial y pequeños difusores puede clasificar olores y enviarlos por internet. Esto nos abre la puerta a experiencias inmersivas en el mundo virtual y a diagnósticos médicos remotos. Sus creadores también han desarrollado una taza que libera olores y añade sabores al agua.
En los años 80 el excéntrico director de cine John Waters inventó el Odorama para su película Polyester, un sistema para poder oler las escenas rascando una tarjeta con números en el momento adecuado. afortunadamente, las cosas han mejorado con la tecnología.
En una videollamada podemos ver el café que está tomando otra persona y escuchar cómo remueve la cucharilla. Su aroma, sin embargo, se queda al otro lado de la pantalla debido a la complejidad técnica de capturar, procesar y liberar moléculas volátiles en tiempo real y de forma inalámbrica.
Esta semana se ha presentado un sistema capaz de sintetizar y transmitir a distancia olores e incluso sabores. La plataforma se llama Scentronic, está integrada dentro del llamado Internet de las Cosas (IoT) y la han desarrollado investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, y del Laboratorio Zhejiang, en China.
Hay un detalle fundamental para entender el invento. Las moléculas del café no viajan por la red. Lo que se transmite son instrucciones, y el aparato receptor necesita disponer previamente de las sustancias aromáticas que va a liberar.
Una nariz que aprende a reconocer patrones
El dispositivo se compone de dos módulos principales, que operan sincronizados por internet, una nariz electrónica provista de seis sensores de gases. Cuando entran en contacto con los compuestos volátiles que desprende un alimento, sus señales eléctricas cambian. Cada muestra provoca una combinación de respuestas que un algoritmo de aprendizaje automático utiliza para clasificarla.
Los investigadores probaron cinco categorías: cerveza, bizcocho, café, naranja y vino tinto y el mejor modelo alcanzó un 100 % de aciertos en el conjunto de prueba del experimento. Pero, el sistema trabajó con un repertorio limitado y una sola marca por categoría, sin comprobar qué sucedía con otras marcas.
Del mensaje digital al aroma
En el extremo receptor, una vez recibida la señal, el dispositivo activa unos pequeños depósitos de líquido aromático. Una malla con orificios diminutos vibra a frecuencias ultrasónicas y dispersa el líquido en microgotas. El control electrónico permite ajustar la intensidad y combinar distintos canales de olor.
Para facilitar su uso en la vida cotidiana, el equipo construyó una pulsera con dos canales, un dispositivo de mano con cinco y un collar con cinco módulos como si fueran perlas.
La comunicación por internet registró un retraso medio de unos 65 milisegundos, casi instantáneo, aunque corresponde al intercambio digital, no al tiempo completo que transcurre hasta que una persona percibe el aroma.
También hay diferencias entre lo que identifica el algoritmo y lo que reconoce nuestra nariz. En las pruebas con personas, los participantes acertaron aproximadamente el 73 % de los olores individuales y el 71 % de las combinaciones de dos aromas.
Una taza con sabor y olor
Para completar la experiencia, los investigadores fueron un paso más allá y construyeron una taza que integraba el sistema olfativo con un simulador de gusto. Mientras unos módulos liberan aromas cerca de la nariz, otros dosifican líquidos con sabor dentro del agua.
El principio es sencillo, la mayor parte de la experiencia de beber o comer depende de la combinación entre gusto y olfato, al estimular ambos a la vez permite crear una experiencia más completa que emitir únicamente un aroma.
Esta combinación nos permitiría usos clave tanto en entornos extremos como en la realidad virtual. Por un lado, puede mejorar la calidad percibida de las dietas suplementarias en astronautas o de las raciones de campaña en personal militar. Por otro, el equipo integró la taza digital con visores de realidad aumentada como las Meta Quest 3, facilitando que los usuarios interactúen con bebidas virtuales mediante gestos y sientan de inmediato el aroma y el sabor físicos de la opción seleccionada.
¿Qué podría aportar a la salud?
Una posible aplicación consiste en estudiar el olfato a distancia. Este sistema podría permitir realizar pruebas olfativas sin necesidad de que el paciente se desplazara al centro médico.
Mediante el ajuste preciso de la modulación por ancho de pulsos (PWM), Los médicos podrían regular la intensidad y la composición del olor emitido para evaluar la pérdida del sentido del olfato derivada de infecciones víricas como la COVID19 o por traumatismos craneoencefálicos.
“Un sistema de evaluación quimiosensorial puede reducir la necesidad de visitas frecuentes a la clínica, lo que mejora la comodidad del paciente y permite una atención oportuna y personalizada”, señalan los autores en el estudio.
Durante las pruebas con 16 participantes, los investigadores comprobaron que el equipo determinaba con exactitud el límite de detección olfativa de cada persona e identificaba las mezclas de dos fragancias distintas.
Referencias
Yang, C. y colaboradores. Scentronic: An artificial intelligence–assisted olfactory interface for remote odor sharing and transmission, 21 de octubre de 2026.
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