El científico ruso que se cambió la sangre once veces en busca de la eterna juventud

Alexander Bogdanov

Aleksandr Bogdánov, fundador del primer instituto soviético de transfusiones, se sometió a once intercambios de sangre buscando la eterna juventud, pero no llego a doce

Once veces recibió sangre ajena en sus propias venas, y once veces contó después que se sentía mejor: se le detenía la caída del pelo, mejoraba la vista. Aleksandr Bogdánov no era un paciente desesperado ni un curandero de feria. Era médico, filósofo, economista, revolucionario bolchevique y escritor de ciencia ficción, y dirigía en Moscú el instituto que él mismo había fundado para investigar precisamente eso: si intercambiar sangre entre personas podía frenar el envejecimiento.

Índice
  1. De una novela marciana a un instituto real
  2. Once transfusiones, la duodécima sin retorno
  3. Lo que Bogdánov no tuvo y España sí tendría después
  4. REFERENCIAS

De una novela marciana a un instituto real

Bogdánov (nacido Malinovski en 1873, en la actual Bielorrusia) ya había imaginado esta idea antes de intentarla. En su novela "Estrella Roja" (1908), los marcianos practican intercambios de sangre entre generaciones como forma de igualdad física, lo que él llamaba "colectivismo fisiológico". Fue cofundador de la facción bolchevique junto a Lenin, de quien acabó distanciándose, y autor de la tectología, una teoría general de sistemas hoy reconocida como precursora de la cibernética.

Bogdánov conoció en un viaje a Londres en 1922 el trabajo del cirujano británico Geoffrey Keynes sobre transfusión sanguínea. Aquello bastó para convertir la ficción en un programa de investigación: fundó y dirigió el Instituto de Hematología y Transfusión Sanguínea de Moscú, creado oficialmente en 1926, y empezó a probar en su propio cuerpo lo que hasta entonces solo había escrito.

El 1 de octubre de 1924] Alexander Bogdanov inicia una serie de experimentos de transfusión de sangre con la esperanza de alcanzar la vida eterna; una de las personas que participan en los experimentos es María Uliánova, hermana de Vladímir Lenin.
El 1 de octubre de 1924] Alexander Bogdanov inicia una serie de experimentos de transfusión de sangre con la esperanza de alcanzar la vida eterna; una de las personas que participan en los experimentos es María Uliánova, hermana de Vladímir Lenin.

Once transfusiones, la duodécima sin retorno

A lo largo de varios años, Bogdánov se sometió a once transfusiones, recibiendo e intercambiando sangre con voluntarios, varios de ellos estudiantes, con observación clínica y cierto protocolo experimental. En 1928 llegó la duodécima: recibió sangre de un joven estudiante que padecía a la vez malaria y tuberculosis.

El estudiante se recuperó por completo. Bogdánov, en cambio, sufrió una reacción grave unas horas después y murió el 7 de abril de ese año, a los cincuenta y cuatro. Fiel a su papel de científico hasta el final, se negó a recibir ayuda médica activa y dictó sus propios síntomas para dejar constancia clínica del proceso.

Se abrió una investigación oficial sobre las causas de su muerte, pero sus conclusiones nunca se hicieron públicas y la causa exacta quedó sin determinar de forma oficial. La hipótesis médica más citada apunta a una reacción transfusional grave, posiblemente por incompatibilidad de grupo sanguíneo o por transmisión de una enfermedad infecciosa, en una época en la que el cribado y la compatibilización de donantes no estaban estandarizados, pese a que los grupos sanguíneos ABO ya se habían descrito casi tres décadas antes.

Existe también una hipótesis alternativa, minoritaria y no confirmada, de suicidio, basada en una carta de tono pesimista escrita poco antes de morir: una especulación historiográfica, no un hecho establecido.

Lo que Bogdánov no tuvo y España sí tendría después

Ocho años después de aquella transfusión fatal, el médico catalán Frederic Durán i Jordà creaba en Barcelona, en plena Guerra Civil, uno de los primeros bancos de sangre organizados del mundo y la primera unidad móvil de transfusión de Europa.

Su sistema incorporaba refrigeración, extracción al vacío y una cuarentena de tres semanas para reducir el riesgo infeccioso, exactamente las salvaguardas que le faltaron a Bogdánov una década antes. La distancia entre ambos episodios, uno soviético y experimental, otro catalán y ya casi industrial, mide lo rápido que cambió la transfusión de sangre en apenas una generación, una técnica que todavía tardó décadas en hacerse verdaderamente segura.

El instituto de Bogdánov era, en el fondo, un ensayo clínico sin comité ético, sin grupo de control y sin más criterio de seguridad que la propia observación del investigador sobre sí mismo, algo que comparte con otros científicos que decidieron convertirse en su propio sujeto de estudio.

La teoría que mató a Bogdánov sigue viva, solo que con otro nombre. La idea de que la sangre de alguien más joven puede rejuvenecer un cuerpo adulto ha vuelto en la última década de la mano de startups y clínicas privadas que dan servicio a los millonarios. Sin embargo, esa promesa moderna de la "sangre joven" no tiene más respaldo científico del que tenía en 1928. Cien años después, el precio de creer en un atajo hacia la eterna juventud sigue siendo, en el peor de los casos, exactamente el mismo.

REFERENCIAS

Huestis, D. W. "Alexander Bogdanov: The Forgotten Pioneer of Blood Transfusion". Transfusion Medicine Reviews, vol. 21, n.º 4, pp. 337-340, octubre de 2007. DOI: 10.1016/j.tmrv.2007.05.008. PMID: 17900494.

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