Durante la vida adulta, las mujeres parecen ser más habladoras que los hombres, pero esta diferencia desaparece en otras etapas. Además, en general, la gente habla menos con los años.
El lenguaje es una de las herramientas más fundamentales del ser humano, permitiéndonos comunicarnos, expresar emociones y construir relaciones sociales. Estudios en psicología han analizado durante años las diferencias de género en la cantidad de palabras habladas por día, desafiando estereotipos y buscando patrones que expliquen cómo y por qué varía nuestra tendencia a hablar a lo largo de la vida. En este contexto, las investigaciones han explorado factores biológicos, sociales y tecnológicos que influyen en la forma en que nos comunicamos.
Un nuevo estudio ha revelado que las mujeres, en promedio, hablan unas 3.000 palabras más al día que los hombres, pero solo entre los 25 y 65 años. Este hallazgo, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, matiza estudios previos que afirmaban que ambos géneros hablaban aproximadamente la misma cantidad de palabras al día.
El estudio, dirigido por Colin Tidwell, candidato a doctorado en psicología clínica en la Universidad de Arizona, analizó más de 630.000 grabaciones obtenidas de 22 estudios realizados en cuatro países. En total, participaron 2.197 personas con edades comprendidas entre los 10 y los 94 años, lo que permitió a los investigadores examinar cómo varía el habla a lo largo de la vida.
Los resultados mostraron que las diferencias de género en la cantidad de palabras habladas solo eran significativas en la etapa de adultez temprana y media. En este rango de edad, las mujeres promediaban 21.845 palabras diarias, mientras que los hombres decían alrededor de 18.570. Sin embargo, en la adolescencia, la adultez emergente (18-24 años) y la vejez (65 años en adelante), no se encontraron diferencias relevantes entre géneros.
Una de las hipótesis planteadas por los investigadores para explicar este fenómeno es el papel de las mujeres en la crianza de los hijos y el cuidado del hogar. Durante la adultez, muchas mujeres asumen el rol principal en la educación y comunicación con los niños, lo que podría incrementar su número de palabras diarias. Matthias Mehl, profesor de psicología en la Universidad de Arizona y autor principal del estudio, señaló que si la causa de esta diferencia fuese biológica, como la influencia de hormonas, debería observarse también en la adultez emergente. Del mismo modo, si las diferencias generacionales fueran la clave, se esperaría una brecha creciente en edades más avanzadas. Pero ninguno de estos patrones se reflejó en los datos.
Otro hallazgo interesante del estudio es que, en general, las personas están hablando menos con el paso del tiempo. Los investigadores notaron una disminución en el número total de palabras habladas por día entre 2005 y 2018. Mientras que en 2005 el promedio era de aproximadamente 16.000 palabras diarias, en 2018 descendió a 13.000. Los autores sugieren que la creciente dependencia de la comunicación digital, como los mensajes de texto y las redes sociales, podría estar contribuyendo a este descenso.
Aunque las mujeres pueden hablar más en ciertas etapas de la vida, los investigadores subrayan que hay una gran variabilidad individual. La persona menos habladora del estudio, un hombre, solo decía unas 100 palabras al día, mientras que el participante más comunicativo, también un hombre, superaba las 120.000 palabras diarias.
El equipo de investigación también plantea preguntas sobre la relación entre la cantidad de interacción social y el bienestar humano. Mehl está trabajando en un dispositivo similar a un Fitbit, llamado SocialBit, que mediría el tiempo que una persona pasa conversando cada día, sin registrar el contenido de la conversación. El objetivo es explorar cómo el nivel de socialización impacta la salud, dado que numerosos estudios han demostrado que el contacto social tiene efectos positivos comparables al ejercicio físico y al sueño.
Este estudio sugiere que las diferencias de género en la cantidad de palabras habladas no son tan marcadas como se suele creer y que, en términos generales, todos estamos hablando menos. Con el auge de la comunicación digital y los cambios en los hábitos sociales, el lenguaje hablado sigue evolucionando, lo que plantea nuevas preguntas sobre el impacto de estas transformaciones en nuestra vida diaria.
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