Un nuevo estudio sugiere que la falta de sensibilidad en los genitales podría persistir incluso después de dejar el tratamiento con antidepresivos, especialmente entre jóvenes
Los antidepresivos, en especial los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), se utilizan ampliamente para tratar la depresión y otros trastornos del estado de ánimo. Aunque se sabe que pueden causar efectos secundarios sexuales durante el tratamiento, se presta menos atención a los síntomas que podrían continuar incluso después de dejar el medicamento. Uno de estos efectos, conocido como disfunción sexual post-ISRS, incluye síntomas como hipoestesia genital, es decir, una disminución o pérdida de la sensibilidad en los genitales. Este tipo de disfunción puede tener consecuencias importantes, especialmente para jóvenes que están en etapas clave de su desarrollo sexual.
Un nuevo estudio publicado en la revista Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology ha descubierto que un número considerable de jóvenes reporta una pérdida persistente de sensibilidad genital después de dejar de tomar antidepresivos. El estudio destaca que este síntoma, a menudo descrito como adormecimiento, es mucho más común entre quienes han usado antidepresivos que entre los usuarios de otros medicamentos psiquiátricos. Los hallazgos cobran especial importancia al considerar que más del 95% de los participantes del estudio se identificaban como miembros de minorías sexuales o de género, grupos que suelen ser más propensos a recibir tratamiento con antidepresivos debido a tasas elevadas de trastornos del ánimo y ansiedad.
La investigación se centró en datos obtenidos a través de una encuesta anónima y en línea llamada UnACoRN (siglas en inglés de “Understanding Affirming Communities, Relationships, and Networks”), realizada en 2022. Participaron 9.679 personas de entre 15 y 29 años residentes en Estados Unidos y Canadá. De ese total, 2.179 participantes habían usado medicamentos psiquiátricos en el pasado y eran sexualmente activos, lo que permitió evaluar posibles cambios en la sensibilidad genital tanto durante como después del tratamiento.
A los encuestados se les preguntó específicamente si habían experimentado “menos sensación en los genitales al tener relaciones sexuales” y si dicho síntoma había continuado después de dejar el medicamento. Los investigadores compararon tres grupos: usuarios de antidepresivos, de sedantes y de antipsicóticos, excluyendo a quienes se habían sometido a cirugía genital o no eran sexualmente activos.
Adormecimiento genital
Los resultados revelaron diferencias notables. Entre quienes tomaron antidepresivos, un 30,8% reportó adormecimiento genital durante el tratamiento, y un 13,2% dijo que ese síntoma continuó tras dejar la medicación. En contraste, solo un 8,2% de quienes usaron sedantes o antipsicóticos (sin haber tomado antidepresivos) reportó adormecimiento, y apenas un 1,0% dijo que el síntoma persistía. En el grupo que solo tomó antipsicóticos, no se reportaron síntomas persistentes.
Para entender mejor estos datos, los autores del estudio aplicaron modelos estadísticos que consideraron variables como edad, sexo asignado al nacer, uso de hormonas de afirmación de género y gravedad de la depresión. Incluso tras ajustar estos factores, el uso pasado de antidepresivos se asoció de manera significativa con reportes de adormecimiento genital persistente. En términos de probabilidad, las personas que habían usado antidepresivos presentaban más de 14 veces más posibilidades de reportar este síntoma que quienes no los habían tomado.
Aunque el uso de sedantes y la depresión severa también mostraron cierta relación con el adormecimiento persistente, su impacto fue mucho menor. Esto sugiere que, más allá de los efectos del estado de ánimo o de otros medicamentos, los antidepresivos podrían estar implicados directamente en la causa de estos síntomas. El adormecimiento genital, conocido clínicamente como hipoestesia genital, es una característica clave de la disfunción sexual post-ISRS y se distingue de otras dificultades sexuales más generales que suelen asociarse con la propia depresión.
El estudio resulta particularmente relevante al centrarse en una población joven y sexualmente diversa que suele quedar fuera de la investigación clínica tradicional. Estos grupos, debido a su mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental, tienden a recibir antidepresivos a edades más tempranas, lo que podría exponerles a efectos adversos durante una etapa crucial del desarrollo sexual. Por ello, entender completamente el espectro de efectos secundarios, incluyendo los duraderos, es vital para una atención médica responsable.
Sin embargo, los autores reconocen varias limitaciones en el estudio. La encuesta no diferenciaba entre tipos específicos de antidepresivos, como ISRS frente a otras clases, aunque en general los más recetados a jóvenes son los ISRS y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN). Además, al basarse en auto-reportes, existe la posibilidad de sesgos en el recuerdo. Tampoco se pudo establecer cuánto tiempo persistieron los síntomas ni si se limitaron únicamente a la pérdida de sensibilidad genital, ya que no se incluyeron medidas de referencia previas al inicio del tratamiento.
Los investigadores subrayan la necesidad de realizar estudios longitudinales que sigan a los pacientes antes, durante y después del tratamiento para evaluar con mayor precisión la duración y naturaleza de estos efectos secundarios. También señalan la importancia de entender mejor los mecanismos biológicos que podrían estar involucrados, así como identificar si ciertas personas tienen mayor vulnerabilidad a desarrollar estos síntomas.
“Muchas personas se benefician del uso de medicamentos ISRS/IRSN; sin embargo, pueden causar síntomas persistentes de disfunción sexual”, concluyeron los investigadores. “La transparencia sobre los riesgos y el consentimiento informado significativo son fundamentales para una prescripción ética. Además, los pacientes deberían conocer tratamientos alternativos, especialmente quienes se encuentran en las primeras etapas del desarrollo sexual. Es crucial aumentar la vigilancia y la regulación del sector para evitar nuevos efectos iatrogénicos”.
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