Un estudio revela que nuestras heridas sanan casi tres veces más lento que en chimpancés, babuinos y otros primates peludos.

La curación de heridas en la piel es un proceso biológico complejo en el que intervienen células madre, crecimiento de tejido y regeneración de la barrera cutánea. En muchos animales, estas tareas las lideran células madre de los folículos pilosos. Sin embargo, los humanos, al haber perdido gran parte de su pelaje corporal en favor de un sistema de glándulas sudoríparas para mantener la temperatura corporal, han cambiado el tipo de células madre disponibles para curar heridas. Aunque estas glándulas también pueden regenerar piel, lo hacen con menos eficacia que los folículos pilosos. Esta diferencia, fruto de nuestra evolución, parece haber ralentizado notablemente nuestra capacidad para sanar la piel dañada.

Un nuevo estudio dirigido por científicos de Japón, Francia y Kenia ha confirmado lo que muchos veterinarios y biólogos intuían desde hace tiempo: los humanos curan sus heridas de piel notablemente más lento que otros primates. Publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, el trabajo pone cifras concretas a esta desventaja humana: nuestras heridas se curan casi tres veces más lento que las de chimpancés, babuinos y otros primates.

Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigadores diseñó un experimento comparativo entre humanos y varias especies de primates. En el caso de los humanos, se aprovechó la participación de pacientes hospitalarios que estaban siendo tratados por la extracción de tumores cutáneos. Las heridas provocadas por estas intervenciones sirvieron para medir la velocidad de curación natural en condiciones controladas.

Por su parte, los chimpancés estudiados vivían en un santuario, y las heridas analizadas eran el resultado de peleas ocasionales entre machos, un comportamiento social relativamente común entre ellos. Además, los investigadores trabajaron con tres especies de monos en un centro de investigación en Kenia: babuinos oliva, monos de Sykes y monos vervet. A estos animales se les realizaron pequeñas heridas bajo anestesia para poder observar su proceso de curación sin causarles estrés ni dolor.

Nos curamos lentamente a propósito

El resultado fue claro y sorprendente. Todos los primates no humanos, incluidos ratones y ratas usados como comparación, mostraron un ritmo de curación de aproximadamente 0,62 milímetros de piel nueva al día. En cambio, los humanos apenas alcanzaban los 0,25 milímetros diarios.

¿A qué se debe esta diferencia tan llamativa? La clave parece estar en nuestra piel casi desnuda. Mientras los animales cubiertos de pelo cuentan con una red abundante de folículos pilosos, que albergan células madre capaces de generar nuevas células cutáneas con rapidez, los humanos han evolucionado hacia una piel con muchas más glándulas sudoríparas y menos folículos pilosos. Estas glándulas, aunque también poseen células madre, son mucho menos eficaces a la hora de regenerar piel.

Este cambio evolutivo está directamente ligado a la necesidad de regular nuestra temperatura corporal a través del sudor, especialmente cuando empezamos a caminar erguidos y a desplazarnos largas distancias bajo el sol. Aunque la pérdida de pelo fue beneficiosa para evitar el sobrecalentamiento, tuvo el coste de ralentizar la curación de heridas.

No obstante, los investigadores subrayan que la evolución humana no dejó este inconveniente sin respuesta. Nuestro cerebro en expansión nos dio una ventaja compensatoria: la capacidad de tratar heridas con herramientas, conocimientos médicos y prácticas higiénicas que otros animales no tienen. En otras palabras, aunque nos curamos más despacio, también hemos aprendido a curarnos mejor.

Este descubrimiento no solo explica una curiosidad evolutiva, sino que podría tener implicaciones importantes en la medicina regenerativa. Comprender cómo los folículos pilosos promueven la regeneración cutánea en otros primates podría inspirar nuevas terapias para acelerar la curación en humanos. Por ejemplo, el uso de células madre derivadas de cabello o la estimulación de glándulas sudoríparas para que sean más productivas podrían convertirse en líneas de investigación prometedoras.

Aunque la piel humana no es la más eficiente en regenerarse, lo ha compensado con inteligencia y adaptaciones únicas. A veces, ser más lento no significa estar en desventaja, especialmente si puedes construir un botiquín.

REFERENCIA

Inter-species differences in wound-healing rate: a comparative study involving primates and rodents