¿Tus hijos pueden ser obesos? Un test genético lo predice

obesidad infantil

Un análisis genético a gran escala revela que el riesgo de obesidad adulta puede detectarse desde los cinco años.

El sobrepeso y la obesidad son condiciones médicas caracterizadas por un exceso de grasa corporal, y se miden habitualmente mediante el índice de masa corporal (IMC), que relaciona el peso con la altura. Un nuevo estudio utiliza un polygenic risk score (PGS o puntuación de riesgo poligénico), una herramienta que combina cientos o miles de variantes genéticas que, en conjunto, predicen la probabilidad de desarrollar una enfermedad. Estas puntuaciones ayudan a identificar a personas con mayor riesgo genético antes de que otros factores influyan. En este caso, el PGS se usó para predecir la obesidad desde la infancia, abriendo la puerta a intervenciones tempranas y personalizadas.

Un análisis genético con datos de más de cinco millones de personas ha proporcionado una visión más clara sobre el riesgo de desarrollar obesidad a lo largo de la vida. Un equipo internacional liderado por las universidades de Copenhague y Bristol ha demostrado que analizar los genes a una edad temprana puede facilitar estrategias preventivas antes de que el exceso de peso se convierta en un problema clínico.

Según la Federación Mundial de la Obesidad, se espera que más de la mitad de la población mundial tenga sobrepeso u obesidad para 2035. Aunque existen tratamientos como cambios de estilo de vida, cirugía o medicación, no todos son accesibles o eficaces para todas las personas.

Utilizando datos genéticos de más de cinco millones de personas, el equipo de investigación ha desarrollado una puntuación de riesgo poligénico (PGS) que se asocia de forma fiable con la obesidad en adultos y que ya muestra patrones claros desde la primera infancia. Estos resultados podrían permitir identificar a niños y adolescentes con mayor riesgo genético y aplicar estrategias preventivas, como cambios en el estilo de vida, en una etapa temprana de su desarrollo.

“El gran poder de esta puntuación reside en la consistencia entre el riesgo genético y el índice de masa corporal antes de los cinco años y hasta la edad adulta, un momento en que otros factores aún no han empezado a influir en el peso”, explicó Roelof Smit, profesor adjunto en la Universidad de Copenhague y autor principal del estudio, publicado en la revista Nature Medicine. “Intervenir en ese punto podría tener un impacto enorme”.

La nueva PGS demostró ser el doble de eficaz que el mejor método previo para predecir el riesgo de obesidad. Esta puntuación combina miles de variantes genéticas que, de forma individual, tienen un efecto muy pequeño, pero que juntas pueden tener un gran impacto. Algunas de estas variantes afectan, por ejemplo, al cerebro y al apetito.

Los genes no son una condena, el estilo de vida es lo más importante

Los investigadores lograron explicar casi una quinta parte (17%) de la variación en el IMC de una persona, un avance significativo respecto a estudios anteriores. Para desarrollarla, se utilizaron datos genéticos de la base GIANT y de la empresa de análisis de ADN 23andMe, constituyendo el conjunto de datos genéticos más grande y diverso hasta la fecha.

Además, la PGS se puso a prueba con datos físicos y genéticos de más de 500.000 personas, incluidos registros del estudio Children of the 90s, que ha seguido el IMC de niños desde los años 90. Los resultados mostraron que la nueva PGS duplicaba la precisión del mejor método anterior para predecir quién desarrollará obesidad.

La doctora Kaitlin Wade, profesora asociada de epidemiología en la Universidad de Bristol y coautora del artículo, comentó: “La obesidad es un importante problema de salud pública, con múltiples factores implicados: genéticos, ambientales, de estilo de vida y de comportamiento. Muchos de ellos tienen su origen en la infancia. Estamos encantados de haber contribuido con los datos del estudio Children of the 90s a esta investigación excepcional sobre la arquitectura genética de la obesidad. Esperamos que este trabajo ayude a detectar a las personas en mayor riesgo desde edades tempranas, lo que tendría un impacto clínico y de salud pública enorme”.

Los investigadores también analizaron cómo se relaciona el riesgo genético de obesidad con la respuesta a intervenciones de pérdida de peso, como la dieta y el ejercicio. Descubrieron que las personas con un riesgo genético elevado respondían mejor a estas intervenciones, pero también tendían a recuperar peso más rápidamente una vez finalizadas.

Aunque esta nueva PGS se ha desarrollado usando una población diversa, sigue teniendo limitaciones. Por ejemplo, su capacidad predictiva es mucho mayor en personas de ascendencia europea que en personas de ascendencia africana, lo que subraya la necesidad de realizar investigaciones similares en grupos más representativos.

Este estudio refuerza la idea de que la genética no determina el destino, pero sí puede ofrecer una oportunidad valiosa para actuar antes de que los problemas de peso se conviertan en enfermedades crónicas. La obesidad puede no ser inevitable, pero entender el riesgo desde la infancia puede ser clave para prevenirla.

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