Un hallazgo en la cueva de El Mirador revela que, hace 5.700 años, una comunidad local fue desmembrada, cocinada y comida en un solo episodio de violencia extrema.

Un nuevo y escalofriante capítulo de la prehistoria ibérica acaba de salir a la luz gracias a un análisis de restos humanos hallados en la cueva de El Mirador, en la Sierra de Atapuerca. Los investigadores han identificado huesos pertenecientes a al menos 11 personas (incluyendo niños y adolescentes) que fueron despellejadas, desmembradas, cocinadas y consumidas en un único episodio de violencia, fechado entre 5.709 y 5.573 años atrás.

Lo que hace único este hallazgo es que todo parece haber ocurrido en un solo evento, probablemente a lo largo de varios días, sin que existan indicios de que los habitantes fueran caníbales habituales. Las pruebas apuntan más bien a un estallido puntual de violencia, posiblemente ligado a enfrentamientos entre comunidades vecinas en pleno Neolítico.

Algunas de las marcas de corte catalogadas por los investigadores. (Saladié et al., Sci. Rep., 2025)

Algunas de las marcas de corte catalogadas por los investigadores. (Saladié et al., Sci. Rep., 2025)

Palmira Saladié, paleoecóloga del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), destaca que interpretar el canibalismo es una de las tareas más complejas en arqueología, no solo por la carga cultural negativa que arrastra, sino por la dificultad de reconstruir el contexto exacto en el que se produjo. Según explica, la ausencia de evidencia de hambruna o ritual funerario en este caso sugiere que no fue un acto de subsistencia, sino de represalia o dominación social.

Los restos estudiados incluyen 650 fragmentos óseos con señales inequívocas de “procesamiento” tras la muerte: pulido de extremos de huesos posiblemente por su contacto en ollas, decoloraciones producidas por calor, y 132 fragmentos con cortes compatibles con tareas de despellejado, descarnado y eviscerado. Algunos huesos muestran lo que los arqueólogos llaman “pelado”, una alteración que podría producirse al ser mordidos. En este caso, varias piezas presentan marcas compatibles con dientes humanos.

Estos huesos muestran daños que podrían ser el resultado de haber sido masticados. (Saladié et al., Sci. Rep., 2025)

Estos huesos muestran daños que podrían ser el resultado de haber sido masticados. (Saladié et al., Sci. Rep., 2025)

El análisis mediante datación por radiocarbono reveló que todos los individuos murieron en fechas muy cercanas, y el estudio de los isótopos de estroncio confirma que eran locales. Francesc Marginedas, antropólogo evolutivo del IPHES, descarta la hipótesis de un ritual funerario o de hambruna extrema, y propone que el evento fue consecuencia directa de un enfrentamiento violento entre comunidades agrícolas.

El contexto histórico refuerza esta interpretación. Durante el Neolítico, la península ibérica experimentó un notable aumento de población y una competencia creciente por los recursos y el territorio. La violencia intergrupal era relativamente frecuente, y el canibalismo, en casos extremos, pudo haberse empleado como herramienta de intimidación total, destinada a borrar simbólicamente la existencia del enemigo.

Antonio Rodríguez-Hidalgo, arqueozoólogo del IPHES, subraya que incluso en sociedades pequeñas y poco jerarquizadas pueden darse episodios de violencia intensa en los que el enemigo es consumido como forma de eliminación definitiva. La práctica documentada en El Mirador, por tanto, se inscribe en un paisaje más amplio de tensiones y conflictos en la prehistoria reciente.

Además de su valor macabro, el hallazgo aporta un matiz importante al estudio del canibalismo prehistórico. La repetición de este tipo de prácticas en diferentes momentos y lugares de la prehistoria ibérica convierte a El Mirador en un yacimiento clave para comprender cómo las comunidades neolíticas interpretaban la muerte y el cuerpo humano, y cómo esas interpretaciones podían entrelazarse con la violencia y el poder.

En definitiva, lo que ocurrió en El Mirador hace 5.700 años no fue un acto de hambre desesperada, sino probablemente una demostración extrema de fuerza y control, inscrita en un conflicto humano tan antiguo como la propia civilización.

REFERENCIA

Evidence of neolithic cannibalism among farming communities at El Mirador cave, Sierra de Atapuerca, Spain

Foto principal: Fémur de un bebé con marcas de aplastamiento compatibles con la extracción de médula ósea. (IPHES-CERCA)