Hace 56 millones de años, un mamífero carnívoro empezó a comer huesos para adaptarse a un clima más cálido. ¿Sobrevivirán los animales actuales igual de bien?

Durante el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, un episodio de calentamiento global extremo hace 56 millones de años, muchos animales tuvieron que adaptarse a cambios drásticos en su entorno. Este periodo, conocido como PETM por sus siglas en inglés, vio un aumento abrupto en las temperaturas globales y una fuerte alteración de los ecosistemas.

En esta época, un mamífero carnívoro llamado Dissacus praenuntius encontró una peculiar forma de adaptarse: masticando más huesos. Así lo revelan los fósiles dentales estudiados por un equipo liderado por Rutgers University, que examinó cómo este antiguo depredador enfrentó la escasez de alimento provocada por el aumento de temperaturas durante el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM). El estudio, publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, ofrece pistas valiosas sobre cómo podrían responder los animales actuales al calentamiento global que vivimos hoy.

Los estudios fósiles del depredador extinto Dissacus praenuntius ofrecen pistas sobre cómo respondían los animales antiguos a los cambios medioambientales. Este antiguo omnívoro tenía aproximadamente el tamaño de un chacal o un coyote.Crédito
ДиБгд, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, a través de Wikimedia Commons

Los estudios fósiles del depredador extinto Dissacus praenuntius ofrecen pistas sobre cómo respondían los animales antiguos a los cambios medioambientales. Este antiguo omnívoro tenía aproximadamente el tamaño de un chacal o un coyote. Crédito: ДиБгд, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, a través de Wikimedia Commons

Andrew Schwartz, estudiante de doctorado en el Departamento de Antropología de Rutgers y autor principal del trabajo, explica: “Lo que ocurrió durante el PETM es muy parecido a lo que está pasando ahora y lo que vendrá. Estamos viendo los mismos patrones: aumento del dióxido de carbono, temperaturas más altas y ecosistemas alterados”.

Junto con Robert Scott, profesor asociado del mismo departamento, Schwartz empleó una técnica conocida como análisis de textura de microdesgaste dental, que permite identificar el tipo de alimentos que consumía un animal poco antes de morir a partir de las marcas microscópicas en sus dientes. Esas marcas mostraron un cambio notable en la dieta de Dissacus praenuntius, un omnívoro del tamaño de un chacal o un coyote, que probablemente comía carne, frutas e insectos. Aunque tenía un aspecto vagamente similar al de un lobo con una cabeza desproporcionadamente grande, también contaba con pequeñas pezuñas en cada dedo y dientes que recordaban a los de las hienas, según describe Schwartz: “Eran unos mamíferos súper raros”.

Antes del calentamiento global, su dieta se asemejaba a la de los guepardos actuales, centrada en carne dura. Pero durante y después del PETM, los dientes de Dissacus mostraban señales de masticar materiales más frágiles, probablemente huesos, como los leones y las hienas. Esto sugiere que su alimentación se volvió más oportunista, debido a la escasez de sus presas habituales. “Descubrimos que el microdesgaste dental se parecía más al de leones e hienas”, afirma Schwartz. “Eso indica que estaban comiendo más alimentos frágiles, probablemente huesos, porque su presa habitual era más escasa o pequeña”.

Además del cambio de dieta, el animal también experimentó una ligera reducción en su tamaño corporal, lo que, según el estudio, se debió más a la falta de alimento que al calor en sí. Esta conclusión desafía la hipótesis previa que atribuía el enanismo únicamente al aumento de temperatura. “La escasez de alimentos tuvo un papel más importante de lo que se pensaba”, aclara Schwartz.

Aunque el PETM duró unos 200.000 años, sus efectos se sintieron rápidamente. Para Schwartz, mirar al pasado puede darnos pistas sobre el futuro: “Una de las mejores maneras de saber lo que va a pasar es mirar atrás. ¿Cómo cambiaron los animales? ¿Cómo respondieron los ecosistemas?”.

Una lección clave del estudio es la ventaja de ser flexible en la dieta. Los animales que pueden comer una variedad de alimentos tienen más probabilidades de sobrevivir cuando el entorno cambia drásticamente. “A corto plazo, está bien ser el mejor en lo que haces”, dice Schwartz. “Pero a largo plazo, eso es arriesgado. Los generalistas, es decir, los animales que saben hacer muchas cosas, tienen más posibilidades de sobrevivir cuando cambia el entorno”.

Este hallazgo también podría ayudar a los biólogos conservacionistas a identificar qué especies son más vulnerables al cambio climático actual. Aquellas con dietas especializadas, como los pandas, podrían tener más dificultades si sus hábitats se reducen. En cambio, animales más adaptables como los chacales o los mapaches tendrían mayores probabilidades de supervivencia.

Schwartz comenta que incluso ya se están viendo cambios similares hoy: “En una investigación anterior, observé que los chacales en África empezaban a comer más huesos e insectos, probablemente debido a la pérdida de hábitat y el estrés climático”.

El estudio también subraya que el calentamiento rápido del clima puede alterar profundamente los ecosistemas, cambiar la disponibilidad de presas y modificar el comportamiento de los depredadores. Todo esto sugiere que los efectos del cambio climático moderno podrían forzar a muchas especies a adaptarse o desaparecer.

Aunque Dissacus logró sobrevivir durante unos 15 millones de años gracias a su versatilidad, acabó extinguiéndose, probablemente por cambios en el entorno y la competencia con otros animales. Schwartz realizó su investigación combinando trabajo de campo y análisis de laboratorio, centrándose en fósiles procedentes del Bighorn Basin en Wyoming, una zona con un registro fósil continuo y detallado que abarca millones de años.

Su interés por la paleontología comenzó de niño, recorriendo ríos y arroyos de Nueva Jersey con su padre, un aficionado a la búsqueda de fósiles. Ahora, ya en la etapa final de su doctorado, Schwartz quiere utilizar los fósiles antiguos para responder a preguntas urgentes sobre el futuro del planeta.

También espera inspirar a futuros investigadores. “Me encanta compartir este trabajo”, dice. “Si veo a un niño en un museo mirando un dinosaurio, le digo: ‘Soy paleontólogo. Tú también puedes serlo’”.

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