Un nuevo estudio revela que los homínidos comían plantas ricas en carbohidratos mucho antes de desarrollar los dientes adecuados para ello.

Mira tus dientes. Ahora mira los de un gorila. No se parecen mucho, ¿verdad? ¿En qué momento y por qué razón cambiaron nuestros dientes a lo largo de la evolución de la especie humana? Cuando hablamos de evolución humana, a menudo se asume que el cuerpo se adapta primero y luego cambia el comportamiento. Pero nuevos hallazgos desmontan esa idea.

A medida que los primeros humanos salieron de los frondosos bosques africanos hacia sabanas abiertas, su dieta cambió drásticamente. La necesidad de fuentes de energía rápidas les llevó a experimentar con nuevas opciones alimenticias. Según un nuevo estudio dirigido por Dartmouth College y publicado en Science, los homínidos comenzaron a consumir gramíneas y sus órganos subterráneos ricos en carbohidratos antes de tener los dientes adaptados para masticarlas eficientemente. Es la primera vez que se demuestra en el registro fósil humano una “impulsión conductual”: el comportamiento que precede a la adaptación física.

Los investigadores analizaron los dientes fósiles de distintas especies de homínidos, incluyendo Australopithecus afarensis (hace 3,8 millones de años), Homo rudolfensis (hace 2,3 millones de años) y Homo ergaster (hace 2 millones de años), en busca de isótopos de carbono y oxígeno, indicadores químicos de lo que comían. Descubrieron que estas especies empezaron a consumir gramíneas mucho antes de tener los molares adecuados para ello. De hecho, la evolución dental tardó unos 700.000 años en alcanzar el ritmo del cambio dietético.

Los investigadores informan que los dientes de los homínidos, especialmente los molares, se hicieron más pequeños y largos a lo largo de milenios para adaptarse a una dieta cada vez más rica en plantas duras similares al pasto, conocidas como gramíneas, y sus órganos de almacenamiento subterráneos. Descubrieron que el cambio hacia las gramíneas comenzó hace unos 3,8 millones de años con el Australopithecus afarensis (izquierda), un pariente lejano del ser humano. Hace unos 2,3 millones de años, el humano primitivo Homo rudolfensis (centro) obtuvo acceso regular a órganos vegetales subterráneos ricos en carbohidratos, como tubérculos, bulbos y cormos. Pero este cambio en la dieta superó la evolución de los dientes hasta hace unos 2 millones de años, cuando especies como el Homo ergaster (derecha) experimentaron un cambio repentino en el tamaño y la forma de los dientes, que se adaptaron mejor a comer y descomponer los tejidos vegetales cocidos para obtener sus nutrientes. Crédito De izquierda a derecha: Dominio público; Don Hitchcock; Fernando Losada Rodríguez (girado)

Los investigadores informan que los dientes de los homínidos, especialmente los molares, se hicieron más pequeños y largos a lo largo de milenios para adaptarse a una dieta cada vez más rica en plantas duras similares al pasto, conocidas como gramíneas, y sus órganos de almacenamiento subterráneos. Descubrieron que el cambio hacia las gramíneas comenzó hace unos 3,8 millones de años con el Australopithecus afarensis (izquierda), un pariente lejano del ser humano. Hace unos 2,3 millones de años, el humano primitivo Homo rudolfensis (centro) obtuvo acceso regular a órganos vegetales subterráneos ricos en carbohidratos, como tubérculos, bulbos y cormos. Pero este cambio en la dieta superó la evolución de los dientes hasta hace unos 2 millones de años, cuando especies como el Homo ergaster (derecha) experimentaron un cambio repentino en el tamaño y la forma de los dientes, que se adaptaron mejor a comer y descomponer los tejidos vegetales cocidos para obtener sus nutrientes. Crédito: de izquierda a derecha: dominio público; Don Hitchcock; Fernando Losada Rodríguez (girado)

Luke Fannin, investigador postdoctoral en Dartmouth y autor principal del estudio, explica: “Podemos decir con certeza que los homínidos eran muy flexibles en cuanto a comportamiento, y eso fue una ventaja crucial. Aunque normalmente se piensa que el comportamiento y los cambios físicos evolucionan juntos, aquí vemos que el comportamiento por sí solo puede impulsar la evolución”.

Nathaniel Dominy, coautor del estudio, añade que el análisis isotópico permite superar una de las grandes dificultades en antropología: el comportamiento no se fosiliza. “Los rasgos morfológicos tardan cientos de miles de años en aparecer en el registro fósil. Pero las firmas químicas de haber comido gramíneas son inequívocas y aparecen mucho antes que los cambios en la forma de los dientes”, señala.

Los investigadores también compararon dientes de dos especies de primates extintos que vivieron en la misma época: los terópites, unos babuinos gigantes terrestres, y los colobinos, pequeños monos comedores de hojas. Todos ellos (incluidos los homínidos) empezaron a alejarse de frutas e insectos hacia gramíneas entre hace 3,4 y 4,8 millones de años, aunque sus dientes aún no estaban preparados para ello.

El punto de inflexión llegó hace 2,3 millones de años con Homo rudolfensis, cuando se detecta un cambio brusco en los isótopos dentales. La proporción de carbono y oxígeno cayó drásticamente, lo que sugiere una reducción del consumo de gramíneas y un aumento en la ingesta de agua con bajo contenido de oxígeno. ¿Qué explica esto? Según los autores, la teoría más plausible es que los homínidos comenzaron a consumir regularmente órganos subterráneos como tubérculos, bulbos y cormos, que también contienen agua empobrecida en oxígeno. Estos alimentos, escondidos bajo tierra, están cargados de energía y son accesibles durante todo el año, a diferencia de frutas o presas animales.

Fannin destaca que esta transición fue clave: “Proponemos que este cambio hacia los alimentos subterráneos marcó un momento decisivo en nuestra evolución. Generó un excedente de carbohidratos constante, disponible en cualquier estación, lo que permitió alimentar a grupos humanos en expansión”.

Curiosamente, los molares de los homínidos no crecieron en tamaño, sino que se alargaron con el tiempo, en un proceso lento: unos 5% cada 1.000 años. Solo hace 2 millones de años, con especies como Homo habilis y Homo ergaster, se produce un salto evolutivo en la forma y tamaño de los dientes, más adecuados para alimentos cocinados como tubérculos asados.

Dominy concluye que este comportamiento (comer gramíneas y adaptarse a nuevos tipos de vegetación) pudo ser el “ingrediente secreto” del éxito humano. “Una de las grandes preguntas en antropología es qué hicieron los homínidos que no hicieron otros primates. Esta investigación sugiere que aprovechar los tejidos de las gramíneas fue una diferencia clave. Incluso hoy, nuestra economía global depende de unas pocas gramíneas: arroz, trigo, maíz y cebada”.

Así que la próxima vez que cocines unas patatas o comas una ensalada de trigo, piensa que estás siguiendo una tradición que comenzó hace más de tres millones de años.

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