A lo largo de la historia, los tsunamis han demostrado ser una de las fuerzas naturales más devastadoras del planeta.

A diferencia de las olas comunes, generadas por el viento, un tsunami nace de perturbaciones masivas que desplazan verticalmente la columna de agua: terremotos submarinos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra o incluso impactos de meteoritos. Estos fenómenos crean olas que en aguas profundas viajan a hasta 800 km/h, la velocidad de un avión comercial, con longitudes de onda de 100 a 200 km. Al aproximarse a la costa, reducen velocidad pero ganan altura de forma monstruosa, transformando su energía cinética en un aterrador potencial destructivo.

Chicxulub, hace 66 millones de años: El tsunami que cambió la vida en la Tierra

El más colosal tsunami registrado geológicamente ocurrió cuando un asteroide de 15 km de diámetro llamado Chicxulub impactó en Yucatán. Generó olas iniciales de 1,5 km de altura que barrieron el Golfo de México a 300 km/h, depositando sedimentos marinos hasta en Arkansas, en el interior de EE.UU.. Los modelos indican que las aguas inundaron continentes en cuestión de horas, contribuyendo a la extinción del 75% de las especies, incluidos los dinosaurios. Este evento, documentado en capas de iridio y cuarzo, muestra que los tsunamis no solo cambian sociedades, sino el curso de la evolución.

Lisboa, 1755: El terremoto que sacudió la fe

El 1 de noviembre de 1755, un sismo estimado entre 8,5 y 9,0 en la escala Richter azotó Portugal. Minutos después, una muralla de agua de 20 metros de altura arrasó Lisboa. La ciudad quedó sumergida bajo el caos: el terremoto derribó edificios, el tsunami inundó el puerto y los incendios consumieron lo que quedaba. Murieron 60.000 personas en Portugal, España y Marruecos, y el evento desencadenó una crisis filosófica en Europa. Voltaire y Rousseau debatieron si era un «castigo divino» o un recordatorio de la indiferencia de la naturaleza, catalizando las ideas de la Ilustración sobre la fragilidad humana.

Krakatoa, 1883: El estruendo que atravesó el mundo

Cuando el volcán Krakatoa (en Indonesia) estalló el 27 de agosto de 1883, la explosión se escuchó a 4.800 km de distancia. La erupción generó tsunamis de 40 metros de altura que barrieron Java y Sumatra. Los barcos fueron lanzados tres kilómetros tierra adentro, y muchas comunidades costeras desaparecieron en minutos. Un testimonio de la época describe aguas «negras como la brea» cargadas de escombros volcánicos. El saldo: 36.000 muertos, y un legado científico. Las ondas de presión de la erupción dieron la vuelta al globo siete veces, y el evento impulsó los primeros estudios sistemáticos sobre tsunamis.

Alaska, 1958: La ola más alta de la historia

No todos los megatsunamis son tectónicos. El 9 de julio de 1958, un terremoto en la bahía Lituya (Alaska) desprendió 40 millones de metros cúbicos de roca desde 900 metros de altura. Al impactar contra el fiordo, generó una ola de 524 metros. El agua arrancó árboles hasta 500 metros de altura en las laderas, y barrió barcos de pesca. Milagrosamente, solo murieron cinco personas, pero el evento sigue siendo un recordatorio del poder de los megatsunamis por deslizamientos, un riesgo hoy en volcanes como el Cumbre Vieja en Canarias.

Valdivia, 1960: El terremoto que movió el planeta

El 22 de mayo de 1960, Chile sufrió el terremoto más potente jamás registrado (9,5 Richter). Durante 14 minutos, la tierra se retorció, desplazando el lecho marino frente a Valdivia. El tsunami resultante alcanzó 25 metros de altura y viajó a 700 km/h, cruzando el Pacífico para golpear Hawái, Japón y Filipinas. En el pueblo mapuche de Collileufú, la desesperación llevó a un sacrificio ritual: una chamana arrojó un niño al mar para «calmar a los dioses», uno de los últimos registros de sacrificio humano en América. Murieron 1.600 personas en Chile, y dos millones quedaron sin hogar. El evento llevó a crear el Sistema de Alerta Temprana del Pacífico, coordinando a 26 países.

Océano Índico, 2004: La ola que unió al mundo en el dolor

El 26 de diciembre de 2004, un terremoto de 9,1 en la escala Richter sacudió Sumatra, desplazando 30 kilómetros cúbicos de agua. En Banda Aceh (Indonesia), los testigos vieron cómo el mar se retiró «como una marea baja instantánea», seguido por un rugido. Minutos después, olas de hasta 51 metros barrieron la ciudad, penetrando cinco kilómetros tierra adentro. El tsunami duró siete horas, llegando a Somalia, a 5.000 km de distancia. En Tailandia, los turistas filmaron olas arrasando resorts. En Sri Lanka, los trenes fueron arrancados de sus vías. Murieron 227.898 personas en 17 países, y 1,17 millones de desplazados. La tragedia expuso la falta de alertas en el Índico y llevó a la creación del Sistema de Alerta de Tsunamis del Océano Índico en 2006.

Japón, 2011: La triple catástrofe

El 11 de marzo de 2011, un sismo de 9,0 en la escala Richter generó olas de 40 metros que barrieron la costa de Tōhoku. En Sendai, el agua avanzó deiz kilómetros tierra adentro, arrastrando barrios enteros. Pero el horror no terminó allí: en Fukushima, el tsunami inutilizó los sistemas de refrigeración de la central nuclear, causando fusiones parciales en tres reactores. Fue el primer desastre «natural-tecnológico» de la historia: 20.000 muertos, 160.000 evacuados por radiación, y un costo de 25.000 millones de euros. Japón respondió con la construcción de muros antitsunami de 12 metros, aunque expertos advierten que ninguna barrera es infalible .

Tsunami del Pacífico, 2025

Uno de los terremotos más fuertes jamás registrados, de magnitud 8,8 Richter, sacudió el extremo oriental de Rusia la madrugada del miércoles 30 de julio de 2025, provocando tsunamis en Japón, Hawái y en todo el Pacífico. Hasta el momento no se han reportado daños importantes, pero las autoridades advirtieron a la población que se alejara de las costas y dijeron que el riesgo podría durar más de un día. Los puertos de la península de Kamchatka, en Rusia, cerca del epicentro, se inundaron mientras los residentes huían hacia el interior, y olas espumosas y blancas llegaron hasta la costa del norte de Japón. Los coches colapsaron las calles y autopistas de la capital de Hawái, con atascos incluso en zonas alejadas de la costa. Se registró un un tsunami de 3-4 metros de altura en Kamchatka, 60 centímetros en la isla septentrional japonesa de Hokkaido, y hasta 30 centímetros por encima del nivel de la marea en las islas Aleutianas de Alaska. Aunque el terremoto sea de gran magnitud, en comparación con los anteriores el tsunami ha sido poco más que una advertencia.

Imagen: Erik Nikolai Halsteinrud para Pixabay