Un estudio con 25 pulpos salvajes muestra que favorecen sus cuatro brazos frontales para explorar y los traseros para moverse, coordinándolos por pares como si tuvieran una coreografía cerebral.
Los pulpos están hechos, en gran medida, de brazos. Cada uno lleva ventosas y un entramado de músculos y nervios que les permite interactuar con el entorno como ningún otro invertebrado.
Aun así, sigue siendo un misterio cómo negocian ese montón de extremidades semiautónomas. Un nuevo estudio de biólogos de la Florida Atlantic University y del Marine Biological Laboratory de Woods Hole aporta orden al aparente caos.
Aunque cada brazo parece tener vida propia, resulta que tienden a usar brazos concretos para tareas concretas. No es una ley rígida, pero sí un patrón reconocible. Este tipo de preferencia por una extremidad es conocida en primates, roedores y peces. En pulpos, en cambio, apenas se había investigado.
Para entenderlo mejor, un equipo liderado por la bióloga marina y especialista en pulpos Chelsea Bennice colocó cámaras submarinas ante 25 pulpos salvajes. Eran Octopus vulgaris, O. insularis y O. americanus.
Los animales vivían en distintos ambientes del mar Caribe y el océano Atlántico. Todos se movían a menos de 10 metros de profundidad, donde la luz refleja bien en sus cromatóforos y ayuda a la cámara.
Las filmaciones se realizaron entre 2007 y 2015. Algunos pulpos caminaron sobre cascajos de conchas, otros acecharon en praderas de fanerógamas marinas. Varios se deslizaron por arrecifes de coral vivos o cruzaron varios tipos de fondo en una sola sesión.
De esta muestra amplia de pulpos en plena vida salvaje surgió una imagen clara de lo que sus brazos pueden hacer. La naturalidad con la que cambiaban de tarea hacía parecer fácil lo que es complejísimo.
En total, el equipo registró 3.907 acciones distintas de brazos. El resultado fue contundente, los pulpos son diestros en todas direcciones y cualquier brazo acepta cualquier encargo.
Aun así, los pulpos tendieron a emplear más los cuatro brazos frontales, los que se proyectan hacia delante. Esas extremidades participaron en el 64% de las acciones. Los cuatro brazos orientados hacia atrás se usaron el 36% del tiempo.
Traseros para moverse, delanteros para explorar
Los brazos delanteros se asociaron con la exploración del entorno. Los extendían hacia lo que venía por delante, tanteaban huecos y palpaban lo que pudiera ser alimento o refugio.
Los brazos traseros participaron más en la locomoción. Permitieron rodar al animal sobre el fondo como si fuera una cinta transportadora, una especie de “yo me empujo, tú me sigues”. También sostuvieron el cuerpo como zancos, con las puntas extendidas y rígidas contra el sustrato.
La comparación con nosotros es tentadora. Usamos sobre todo las manos para manipular el mundo y los pies para movernos. En los pulpos ocurre algo parecido, pero sin especialización anatómica. Si un pulpo aprendiera a escribir su nombre, podría hacerlo con cualquiera de sus brazos, aunque probablemente elegiría uno de los frontales por pura comodidad.
En las grabaciones se observó incluso a una pareja en apareamiento de Octopus americanus, con uno de los individuos ejecutando la acción de “levantar” un brazo. El repertorio no se detiene ni en los momentos más íntimos.
A diferencia de los humanos, los pulpos no mostraron preferencia por izquierda o derecha. Son, en esencia, ambidiestros. Cuando una tarea requería dos extremidades, coordinaban el brazo correspondiente del lado izquierdo y del derecho para formar la pareja, reflejando su simetría bilateral. Este comportamiento sugiere un control distribuido con reglas simples que producen resultados muy versátiles. No hace falta un director de orquesta si cada músico sabe entrar a tiempo.
Los autores resumen así sus hallazgos: “Todos los ocho brazos parecen capaces de casi todas las acciones y deformaciones, lo que indica adaptabilidad y redundancia entre los brazos”, escriben Bennice y su equipo.
Y añaden: “La combinación de deformaciones y acciones de los brazos implementada para lograr comportamientos complejos ilustra una flexibilidad y coordinación extremas del brazo durante una amplia gama de funciones del brazo”.
La próxima vez que vea a un pulpo curiosear una concha y salir disparado como si tuviera ruedas invisibles, piense en su coreografía interna. No lleva libreta ni bolígrafo, pero su sistema nervioso ya ha tomado nota.
REFERENCIA
Octopus arm flexibility facilitates complex behaviors in diverse natural environments