Un estudio con más de 13.000 pacientes muestra que abandonar el tabaco tras el diagnóstico de cáncer añade casi un año de vida y reduce la mortalidad a la mitad

Dejar de fumar tras un diagnóstico de cáncer puede sonar a consejo tardío, pero la biología no mira el calendario. Desde Plymouth Meeting, Pensilvania, se ha publicado en JNCCN un análisis con más de 13.000 personas con cáncer atendidas en clínicas oncológicas de Estados Unidos. Los investigadores siguieron si quienes fumaban dejaban el tabaco en los seis meses posteriores a su paso por consulta, y cómo eso se relacionaba con su supervivencia en los dos años siguientes.

El beneficio fue amplio y consistente. Las personas con cáncer que dejaron de fumar tuvieron un riesgo de muerte mucho menor que quienes continuaron. El efecto se observó en todos los tipos y estadios de cáncer, incluidos los estadios III y IV, en los que los tratamientos son menos curativos y el pronóstico suele ser peor.

Las personas con cáncer que dejaron de fumar tuvieron un riesgo de muerte mucho menor que quienes continuaron

La cohorte incluyó a todo paciente que acudió a las clínicas participantes, sin excluir por tipo de tumor, estadio o tiempo desde el diagnóstico. De 13.282 pacientes analizados, el 13% se identificó como fumador en el momento de la visita. Entre esas personas, el 22,1% dejó de fumar en los seis meses siguientes.

La diferencia en supervivencia fue notable. Quienes siguieron fumando tuvieron un 97% más de riesgo de morir en los dos años posteriores, si se comparan con quienes dejaron el tabaco. Traducido a tiempo de vida, los que abandonaron el tabaco ganaron casi un año adicional frente a los que no lo hicieron.

El primer autor, Steven Tohmasi, del Siteman Cancer Center en Barnes-Jewish Hospital y la Washington University School of Medicine en St. Louis, subrayó la magnitud del hallazgo. “Los cambios de estilo de vida como dejar de fumar pueden prolongar la supervivencia incluso más que algunas quimioterapias. Nuestra investigación refuerza la idea de que la cesación tabáquica debe considerarse el cuarto pilar de la atención oncológica, junto con la cirugía, la radioterapia y la quimio o inmunoterapia”.

Tohmasi insistió en el cambio de enfoque para la práctica clínica diaria. “La atención oncológica del futuro debe tratar la cesación tabáquica no como un extra opcional, sino como una parte central del plan terapéutico. Al hacerlo, podemos maximizar la supervivencia, mejorar la calidad de vida y ofrecer una oncología verdaderamente integral”.

La autora sénior, Li-Shiun Chen, también del Siteman Cancer Center, remarcó que no hay umbral a partir del cual dejarlo deje de tener sentido. “Nunca es demasiado tarde, y nadie está ‘demasiado enfermo’ para dejar de fumar. Nuestro estudio halló que las personas con cáncer que dejan de fumar tras el diagnóstico viven significativamente más que quienes continúan, incluso en estadios avanzados”.

Los autores señalaron que el NCCN ofrece recursos gratuitos para orientar conversaciones entre clínicos y pacientes sobre cómo dejar el tabaco. Esas guías ayudan a pasar del consejo genérico a intervenciones concretas y basadas en pruebas.

Tohmasi destacó el papel de estas recomendaciones. “Traducen la investigación en pasos clínicos claros, desde evaluar la disposición para dejarlo, hasta recomendar medicación eficaz y ofrecer apoyo conductual. Alinear la práctica con estas guías no solo estandariza la atención, también asegura que cada paciente recibe el tratamiento más efectivo y respaldado por la ciencia”.

Un experto externo, James M. Davis, del Duke Center for Smoking Cessation y miembro del panel de guías del NCCN, valoró el impacto del resultado y puso una nota de cautela metodológica. “Varias cosas me impresionaron de este estudio, los pacientes que dejaron de fumar después del diagnóstico mostraron una tasa de mortalidad por todas las causas dos veces menor. Es un efecto enorme. Como se trata de un estudio observacional, debemos ser prudentes al inferir causalidad, no podemos afirmar con confianza que la cesación salvó la vida de todas estas personas. Sin embargo, en el contexto de lo que ya sabemos sobre tabaco y cáncer, este estudio sugiere un impacto profundo de dejar de fumar antes y después de desarrollar cáncer”.

El trabajo recuerda que, pese a los beneficios, solo alrededor de uno de cada cinco fumadores dejó el tabaco en los seis meses posteriores a la visita. Ese dato muestra el margen de mejora y la necesidad de integrar ayudas farmacológicas y de comportamiento en el circuito asistencial, con seguimiento activo.

Dejar de fumar como parte del tratamiento estándar puede añadir meses de vida y mejorar el día a día, incluso cuando el cáncer está avanzado. Nunca es tarde para dejarlo.

REFERENCIA

Smoking Cessation and Mortality Risk in Cancer Survivorship: Real-World Data From a National Cancer Institute–Designated Cancer Center