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Brendan Zietsch, The University of Queensland

El sexo es importante. Las relaciones románticas, típicamente sexuales, suelen estar entre los vínculos más centrales en la vida de las personas y aportan toda una serie de beneficios personales, para la salud, sociales y económicos.

Pero, ¿qué pasa con quienes no tienen sexo?

En un nuevo estudio, mis colegas y yo analizamos las diferencias entre adultos maduros que nunca habían tenido relaciones sexuales y quienes sí las habían tenido. Descubrimos que la ausencia de actividad sexual se asocia con diversos factores genéticos, ambientales, físicos y mentales; sin embargo, aún queda mucho por aclarar.

Una vida sin sexo

Algunas personas —a menudo descritas como «asexuales»— simplemente no desean tener sexo.

No obstante, quienes sí lo desean pero no logran encontrar parejas adecuadas y dispuestas pueden ser vulnerables a una mala salud mental y a la soledad, a la vergüenza social y a desventajas económicas (por ejemplo, por no convivir con una pareja). Las personas involucradas en culturas “incel” (célibes involuntarios) en línea incluso pueden estar en riesgo de radicalización.

Por ello, es importante entender mejor a las personas que no tienen sexo.

Conocer las características asociadas a la ausencia de actividad sexual ayudaría a comprender sus causas y consecuencias. Incluso podría orientar estrategias para eliminar barreras y facilitar que las personas encuentren relaciones satisfactorias.

Para saber más, estudiamos a unas 400.000 personas residentes en el Reino Unido, de entre 39 y 73 años, y a otras 13.500 residentes en Australia, de entre 18 y 89 años. En torno al 1% tanto de hombres como de mujeres no había tenido relaciones sexuales.

Nuestro equipo —liderado por Laura Wesseldijk, Abdel Abdellaoui y Karin Verweij del Amsterdam UMC, y por mí— examinó las asociaciones entre la ausencia de sexo y los genes, el entorno social y diversos rasgos físicos, cognitivos, de personalidad y de salud mental.

Proporciones por sexo y desigualdad de ingresos

Observamos que los hombres sin actividad sexual tendían a vivir en regiones del Reino Unido con relativamente menos mujeres.

En hombres y mujeres, la ausencia de sexo era más común en regiones con mayor desigualdad de ingresos.

Estos nuevos hallazgos coinciden con los de un estudio anterior de publicaciones “incel” en redes sociales, que encontró que era más probable que se originaran en regiones de Estados Unidos con relativamente menos mujeres y mayor desigualdad de ingresos.

Bienestar y otros factores

También buscamos características más frecuentes entre quienes nunca habían tenido relaciones sexuales.

Las personas sin actividad sexual tendían a sentirse más nerviosas y solas y menos felices, y recibían menos visitas de amigos y familiares. También era menos probable que tuvieran alguien con quien confiar o que creyeran que la vida tiene sentido.

Estos hallazgos confirman el entrelazamiento entre sexo y bienestar.

Quienes nunca habían tenido sexo tendían a consumir menos drogas y alcohol, a tener mayor nivel educativo y a empezar a usar gafas a una edad más temprana.

Los hombres con menor fuerza de agarre y menor masa muscular en los brazos (indicadores de la fuerza general de la parte superior del cuerpo) tenían menos probabilidades de haber tenido relaciones sexuales. No observamos tales correlaciones en mujeres.

Estereotipos conocidos

El patrón general que observamos entre las personas sin sexo —inteligentes, con éxito académico, menor fuerza física y mayor aislamiento social— coincide con estereotipos de menor éxito romántico, especialmente en la adolescencia.

Nuestras y nuestros participantes eran personas adultas de mediana edad o mayores.

Sin embargo, usar gafas a una edad temprana y otros rasgos estereotípicamente “empollones” pueden dificultar las experiencias de citas en la adolescencia. Esto, a su vez, puede afectar a la confianza romántica en la edad adulta.

No hay un gen de la ausencia de sexo

También contamos con datos genéticos de todas las personas participantes. Esto nos permitió analizar si las diferencias genéticas se asociaban con haber tenido o no relaciones sexuales.

Utilizando lo que se denomina un análisis de asociación del genoma completo, encontramos que los genes explicaban el 15% de la variación en si las personas habían tenido o no sexo.

Sin embargo, no hubo genes individuales con efectos grandes. Más bien, se trata de muchos genes, cada uno con efectos diminutos.

Vínculos con la inteligencia, la introversión y otros rasgos

Nuestros análisis genéticos también nos permitieron detectar correlaciones genéticas con otros rasgos que han sido analizados genéticamente, incluso si fue en estudios separados. Una correlación genética indica que los genes asociados a un rasgo también lo están a otro.

De este modo, encontramos una serie de vínculos interesantes entre la ausencia de sexo y otros rasgos.

En particular, hubo una fuerte correlación genética no solo con la educación sino también con la inteligencia medida. También hubo correlaciones con mayores ingresos y estatus socioeconómico.

La ausencia de sexo también se correlacionó genéticamente de forma positiva con la introversión, el trastorno del espectro autista y la anorexia. En cambio, se correlacionó de forma negativa con los trastornos por consumo de drogas y alcohol, así como con la depresión, la ansiedad y el TDAH.

Es difícil discernir causa y efecto

Nuestros resultados dibujan un panorama complejo. Un aspecto importante de incertidumbre es qué causas subyacen al patrón de asociaciones que encontramos.

Por ejemplo, no haber tenido sexo puede causar infelicidad. Pero la infelicidad también puede dificultar encontrar pareja, o bien un tercer factor podría causar tanto la infelicidad como la dificultad para encontrar pareja.

Otro aspecto de incertidumbre es que las personas participantes solo informaron de si habían tenido sexo o no, no de si alguna vez lo habían deseado. Muchas personas sin sexo de la muestra pueden ser asexuales.

No obstante, algunos de nuestros resultados son difíciles de explicar mediante la asexualidad —por ejemplo, el vínculo con la proporción local de hombres y mujeres y la asociación negativa con la fuerza masculina—. Nuestros resultados probablemente reflejen una mezcla de ausencia de sexo voluntaria e involuntaria.

Un paso adelante

Nuestro estudio supone un gran paso adelante para comprender la ausencia de sexo. Sin embargo, evaluaciones más matizadas del deseo y la sexualidad serán clave para caracterizar mejor cómo se relaciona la falta de actividad sexual con la interacción entre genes, entornos locales, sexualidad y cultura.

Estudios con más personas y métodos más avanzados también podrían ayudar a discriminar causa y consecuencia.

No debe haber juicios de valor sobre quienes no tienen sexo, ya sea voluntaria o involuntariamente. Al estudiar este rasgo, nuestro único objetivo es lograr una comprensión más profunda, que en general beneficia a todas las partes interesadas.The Conversation

Brendan Zietsch, Profesor Asociado, School of Psychology, The University of Queensland

Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.