Un metaanálisis con datos de más de 1,6 millones de pacientes vincula la soledad y el aislamiento con más mortalidad por cáncer y por cualquier causa

¿Sientes soledad? La soledad y el aislamiento social no son solo estados de ánimo, también pueden actuar como factores de riesgo de enfermedades. La soledad y el aislamiento social se asocian con un mayor riesgo de muerte por cáncer y por cualquier causa en personas con esta enfermedad, según un análisis de datos combinados de la investigación disponible publicado en acceso abierto en la revista BMJ Oncology.

Los autores señalan que, a escala global, los nuevos casos de cáncer podrían alcanzar los 35 millones y las muertes asociadas 18,5 millones en 2050. En ese contexto, comprender factores no biológicos que influyen en los resultados adquiere relevancia clínica.

La soledad es relativamente común entre quienes viven con cáncer. Sabemos que se vincula a problemas de salud como alteraciones cognitivas, trastornos del sueño, disfunción del sistema inmune y dolor. Sin embargo, no estaba claro si esa experiencia subjetiva también podía relacionarse con un mayor riesgo de muerte por cáncer.

Para explorar esta cuestión, el equipo revisó bases de datos científicas en busca de estudios pertinentes publicados hasta septiembre de 2024. De una primera selección de 148 trabajos, analizaron a fondo 16 que incluían a 1.635.051 pacientes, con una edad media de 63 años, y finalmente incluyeron 13 en el análisis de datos combinados.

Los estudios se realizaron en Canadá, Inglaterra, Finlandia, Francia, Irlanda, Japón y Estados Unidos. Abarcaron muchos tipos de cáncer, lo que mejora la generalización de los hallazgos, aunque añade heterogeneidad.

Más de millón y medio de pacientes

Doce estudios, con 1.570.918 pacientes, informaron del impacto potencial de la soledad, medida con frecuencia mediante el Social Network Index y la UCLA Loneliness Scale, sobre la muerte por cualquier causa. El análisis combinado mostró una asociación con un riesgo un 34% mayor tras ajustar por el tamaño reducido de algunos estudios.

Nueve estudios, con 2.142.338 pacientes, informaron del impacto potencial de la soledad sobre la muerte por cáncer. El análisis combinado halló una asociación con un riesgo un 11% mayor de morir por la enfermedad, también tras ajustar por el tamaño reducido de algunos estudios.

Tres trabajos no se pudieron incluir en el análisis combinado por utilizar medidas de resultado diferentes. Aun así, informaron de asociaciones consistentes y sólidas entre aislamiento social y mayor riesgo de muerte.

“Estos hallazgos sugieren de forma colectiva que la soledad y el aislamiento social pueden influir en los resultados del cáncer más allá de los factores biológicos tradicionales y los relacionados con el tratamiento”, indican los investigadores.

Los autores piden cautela al interpretar los resultados. Existen variaciones en el diseño, la metodología y las medidas de resultado. Además, en algunos trabajos se controló de forma limitada la influencia de otros factores que podrían distorsionar la relación. Todos los estudios incluidos fueron observacionales, lo que impide establecer relaciones causales firmes.

Aun con esas limitaciones, añaden, “nuestros hallazgos son coherentes con investigaciones previas que vinculan los estresores psicosociales con resultados de salud adversos. Se cree que el aislamiento social y la soledad aumentan el riesgo de mortalidad en pacientes con cáncer a través de mecanismos biológicos, psicológicos y conductuales interconectados”.

Los investigadores proponen varias vías plausibles. “Desde el punto de vista biológico, la respuesta de estrés desencadenada por la soledad puede conducir a desregulación inmunitaria y a una mayor actividad inflamatoria, lo que finalmente contribuye a la progresión de la enfermedad”. Esta respuesta podría afectar a la vigilancia inmunitaria de tumores y a la recuperación tras tratamientos.

También subrayan factores psicosociales propios de la supervivencia al cáncer. “La carga única de la supervivencia al cáncer a menudo incluye formas de aislamiento que provienen directamente de la enfermedad y de las experiencias con el tratamiento, incluida la incapacidad de los seres queridos para comprender por completo los miedos asociados al cáncer, el estigma en torno a efectos visibles del tratamiento y las ansiedades relacionadas con la supervivencia”.

Los cambios físicos inducidos por el tratamiento, como la fatiga y las dificultades cognitivas, pueden limitar la participación social. El prolongado proceso de medicalización de la vida puede erosionar la identidad previa a la enfermedad y los vínculos comunitarios, lo que refuerza el aislamiento.

Si futuras investigaciones metodológicamente sólidas confirman estos resultados, concluyen los autores, convendría incorporar de forma sistemática evaluaciones psicosociales y programas de intervención específicos en la atención oncológica. La integración de apoyo social, estrategias de afrontamiento y actividades que restablezcan la conexión con la comunidad podría mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida.

REFERENCIA

Impact of loneliness on cancer mortality: a systematic review and meta- analysis