El doctor Christopher Timmermann, un experto en Bufo alvarius, cree que hay que formar a los profesionales en terapia psicodélica
¿Conoces las setas mágicas? ¿El peyote, el MDMA, el LSD, la Ayahuasca? Las drogas psicodélicas tienen mala fama. Mucha gente las conoce como sustancias recreativas e incluso como drogas peligrosas.
Sin embargo, la mayoría de estas sustancias acompañan a la humanidad desde hace miles de años, en todas las culturas. Su uso tradicional ha sido la sanación del espíritu, con el acompañamiento de chamanes y sacerdotes. Esos males del espíritu son lo que hoy llamamos trastornos mentales: la depresión, la ansiedad, el trastorno bipolar o el estrés postraumático.
En los últimos años se acumula la evidencia que respalda el valor las sustancias psicodélicas para la salud mental. La psilocibina, el principio activo de las setas alucinógenas, se ha usado con éxito para tratar la depresión que no responde a otros medicamentos. El MDMA o éxtasis ha servido para curar a veteranos de guerra que sufrían estrés postraumático, y otras sustancias están en estudio para su uso en adicciones, trastornos psiquiátricos y como apoyo a la psicoterapia.
Precisamente esta es la clave de la terapia psicodélica. No sirve con tomarse una pastilla, alucinar e irse a casa. Para que la experiencia mejore los síntomas, la persona tiene que estar acompañada por un terapeuta.
En algunos países y estados ya se ha legalizado el uso de las drogas psicodélicas para tratar trastornos psiquiátricos, y está muy cercana la legalización en Europa y también en España.
Pero pocos terapeutas en el mundo, psicólogos o psiquiatras, tienen la formación necesaria. Este es el tema de debate en el Psymposium, un encuentro de más de 300 expertos de todo el mundo que se ha celebrado en Madrid.
Uno de ellos es Christopher Timmermann, un neurocientífico de origen Chileno, investigador del Imperial College en Londres y presidente de la fundación para el estudio de la conciencia humana.
Darío Pescador: Hay evidencia científica desde los años 60, cuando se empezó a investigar con la psilocibina y el LSD, de que las sustancias psicodélicas pueden ayudar con los trastornos mentales. ¿Qué ha sido más perjudicial para el avance de la terapia psicodélica? ¿El escepticismo hacia la ciencia que hay en una buena parte de la sociedad o, por el contrario, el escepticismo de los científicos que piensan que esto es pseudociencia?
Christopher Timmermann: Mira, entre esas dos opciones, yo creo que ha habido algo del escepticismo de los científicos. Ciertamente lo hubo al principio, cuando nosotros estábamos empezando a hacer este tipo de experimento conseguir financiamiento, el público científico nos ha costado.
Entonces, convencerlos para entender el potencial de la sustancias psicodélicas para tratar distintas condiciones de salud mental, o ayudarnos a entender la relación del cerebro con la mente, eso no ha sido tan fácil. Yo creo que hay buenos motivos para hacerlo, pero también son formas de entenderlas salud mental, distintas a la forma en cómo se ha hecho hasta ahora.
El otro aspecto que puede que nos dificulte las cosas es la creencia ingenua de que esto va a resolver todo, que también viene del otro lado, de la gente que sufre y que necesita esto.
DP: ¿Qué es lo que hacen las distintas sustancias psicodélicas en el cerebro? ¿Qué efectos tienen el cerebro que son distintos en comparación con otros fármacos, como los ansiolíticos, antidepresivos o antipsicóticos?
CT: Los antidepresivos de alguna forma limitan el funcionamiento cerebral, las conexiones cerebrales para que el encuentro con el medio ambiente. El cerebro no reacciona de una forma muy fuerte para que las emociones que se experimentan no sean muy fuertes. Lo que hacen las sustancias psicodélicas sensibilizar la actividad cerebral para que sea más receptivo al medio ambiente, para que viva las emociones de una forma más intensa.
Es decir, va en la en la otra dirección. Por ejemplo, el alcohol funciona sobre el sistema que inhibe la actividad cerebral, sientes menos, y eso hace las cosas un poquito más fáciles allá afuera. Los psicodélicos, al contrario, quitan ese ese filtro que existe con el medio ambiente y con las otras partes de nuestro cerebro. Y por eso también aumenta la imaginación, la creatividad, el soñar despiertos, pero sin los límites convencionales. Es un funcionamiento cerebral que tiene que ver con lo inesperado con lo no controlado.
Una vez la persona ha tomado una droga psicodélica es mucho más sencillo, porque no tiene una reactividad tan grande. Esto ocurre con el MDMA que no es completamente un psicodélico. El MDMA libera mucha oxitocina, este químico que permite vincularte con los otros, y también con uno mismo. En la gente con estrés postraumático, el problema es que asocian el recuerdo a una reactividad automática, un patrón que persevera y es como si la gente sigue reviviendo el trauma. Lo que hace el MDMA es que permite revivir este evento traumático, que usualmente genera esta reacción, pero que lo asocia a otros circuitos, a otras áreas cerebrales que permiten una regulación, un acercamiento más progresivo y con una perspectiva alternativa.
Algo bastante similar es lo que ocurre con los hongos de psilocibina. También se rompen esos patrones habituales y se permite otro tipo de de conexión. Es lo que sucede, por ejemplo, en la depresión. El fenómeno de la rumiación, es como un loop. Yo tengo este pensamiento de que no voy a poder, no voy a ser capaz, este nuevo trabajo me limita, no tengo las habilidades necesarias, soy incapaz, no soy buena pareja. Todos estos pensamientos, estas creencias, generan un funcionamiento cerebral que se va reforzando cada vez más. Cuanto más lo pienso, más se van generando estas conexiones neuronales, cada vez más fuertes.
Lo que hace los psicodélicos es que rebajan la energía necesaria para tener otros patrones de pensamientos o de conexiones neuronales diferentes. Al bajar esa necesidad energética, soy capaz de pensar cosas distintas. Soy capaz de tener distintas creencias sobre mi persona o mis relaciones con otras personas sobre mis capacidades o mis incapacidades. Y es este gran cambio. Soy capaz de romper los patrones habituales por medio de esta experiencia que genera esta mayor flexibilidad a nivel cerebral. Es como una gimnasia cerebral, pero haciendo algo completamente distinto de lo que siempre has hecho. Y eso aumenta mi repertorio experiencial que tiene que ver con conexiones neuronales distintas.
DP: La terapia psicodélica no es una pastilla que te puedas ir a tu casa y tomarla. Lo que indican los estudios es que hace falta un acompañamiento de psicoterapia, además de la sustancia, para que pueda tener efecto. La necesidad de depender de un terapeuta, ¿facilita o dificulta aplicación de la terapia psicodélica?
CT: Claro, este aspecto del apoyo humano habla de dos factores clave. Uno tiene que ver con la seguridad. En esa experiencia, en esa mayor vulnerabilidad que tiene la persona requiere de una protección, ciertos límites.
Una muy buena analogía es la idea del juego. Cuando los niños juegan, juegan dentro de ciertos límites, que permitan que el niño pruebe identidades distintas, que experimente cosas nuevas.
El otro gran aspecto es el tema de la efectividad. Que sea una experiencia significativa que tenga un impacto en la persona y que le de una capacidad de vivir cosas que nunca ha vivido para así darle nuevas oportunidades en el futuro. Y eso requiere de un acompañamiento hábil. De alguien que sepa muy bien lo que hace.
En contextos tradicionales, tal vez es el chamán. No todos los chamanes son buenos. En un contexto contemporáneo es un terapeuta. No todos los terapeutas son buenos. Nos enfrentamos a una nueva forma de entender cuál es el rol de la terapia y cómo navegar esos estados muy vulnerables que la persona está habitando.
El contexto en el que vimos ahora dificulta la institucionalización de la terapia psicodélica. El modelo que tenemos disocia la mente del cerebro. Tú toma esto para que se arregle ese desequilibrio químico que tienes en tu cerebro. Pero eso también es un entendimiento muy ingenuo de como funciona la salud mental. La salud mental es mente, es la experiencia sugerida, y eso siempre requiere acompañamiento.
La terapia psicodélica nos obliga a pensar en algo más integrado, la mente con el cerebro. El fármaco que actúa sobre el proceso cerebral es con un acompañamiento de esa experiencia en la mente, de una forma precisa. Incluso en los estudios de psicoterapia y de psiquiatría nos estamos dando cuenta de que la alianza terapéutica predice que las personas mejoren en sus síntomas de depresión.
O sea que ya no tiene solo que ver con el efecto de la droga, tiene que ver con la relación que el paciente establece con el terapeuta. Este va a ser el gran desafío cuando se empiecen a legalizar. Entender cómo formar esos terapeutas en el mundo para ir acompañando estos procesos clave.
DP: El 5-MeO-DMT (la toxina del sapo Bufo alvarius) es probablemente una de las sustancias psicodélicas menos estudiada, y parece que se experimenta con ella en de forma casi clandestina, aunque es la más potente. ¿Qué hace que esta sustancia sea diferente?
CT: La gran diferencia entre el 5-MeO-DMT , o lo que la gente alguna vez llama el bufo, con los hongos de psilocibina, el LSD, la mescalina o incluso el DMT (la ayahuasca) es que genera una experiencia visual fuerte. Es una experiencia que mucha gente describe como simplemente una luz blanca, una luz cegadora y al mismo tiempo, genera este fenómeno de la disolución del ego a un nivel extremo, que los otros compuestos no generan.
Eso es muy interesante para nosotros los neurocientíficos, porque nos da la oportunidad de investigar una experiencia sin un ego, sin un yo, si existe eso. Es una pregunta filosófica que se ha hecho desde hace muchos años y no tenemos una respuesta, pero creemos que tal vez esta es una herramienta que sí nos puede dar luz.
Al mismo tiempo, esa disolución del ego se ha visto que se correlaciona con mejoras en salud mental de una forma muy fuerte. Ahí hay una gran oportunidad y es una experiencia que, al mismo tiempo, es distinta a los hongos. La gente que fuma el 5-MeO-DMT llega al pico de la experiencia en dos minutos y está de vuelta en 30 minutos. O sea, una experiencia muy corta pero muy intensa, en donde la gente experimenta que muere y revive.
El gran atractivo que a mí me genera como neurocientífico es entender la experiencia desde la conciencia, entender el funcionamiento cerebral. Si yo le saco todos los elementos a la a la experiencia consciente, todas las emociones, los pensamientos, el yo, el ego, ¿qué queda ahí?
Lo que nosotros vemos en nuestras investigaciones de tipo más fenomenológico, de la experiencia de las personas, es una sensación simplemente de estar vivo. Hay algo muy bonito, porque nos empieza a dar luces de que la vida está íntimamente conectada con la conciencia, el proceso de estar vivo es algo que tenemos siempre momento a momento y que puede ser que con esta experiencia se desnude, y que al mismo tiempo se relaciona con una sensación de un bienestar increíble, que también puede ayudar en muchos aspectos de salud mental. Hay algo muy bonito en esto de desnudar la conciencia y que puede después ayudar en la transformación.
Estamos en períodos preliminares, pero lo que estamos viendo es que lo que hacen es que desinhiben el cerebro. Las ondas alfa son este ritmo principal que tienen los seres humanos adultos que normalmente mantiene el funcionamiento cerebral ordenado, como un inhibidor, un filtro. Lo que vemos con el 5-MeO es que elimina el filtro, reduce las ondas alfa de una forma fundamental.
La red de modo por defecto que mencionas es también muy importante cuando estamos despiertos en estados habituales de conciencia, y está muy relacionada con las ondas alfa. Entonces creemos que hay un efecto dramático sobre la red de modo por defecto y eso lleva a una desinhibición cerebral muy fuerte. Los que sucede es un efecto de saturación de los contenidos y del funcionamiento cerebral hasta tal punto que solo hay una luz blanca, ya no hay contenidos, no hay capacidad de generar distinciones. Todo pasa a ser un gran amalgamamiento de estar vivo y consciente.
DP: ¿Cuántos años faltan para que esto sea práctica habitual para ayudar a las personas que sufren trastornos mentales?
Es muy difícil hacer estimaciones, pero yo te diría que hay avances regulatorios que ya están empezando a suceder, por ejemplo, en Australia, donde ya es legal la psilocibina y el MDMA para aplicaciones específicas, en Oregon en Estados Unidos, y también en Suiza y en Canadá, en casos especiales. Yo creo que dentro de 10 años es factible que empecemos a ver una implementación más masiva. El gran desafío es, ¿va a ser esto instaurado en el sistema público? Ahí es donde hay que ponerse las pilas para ver cómo lo enchufamos en el funcionamiento habitual de la psiquiatría.