Un metaanálisis sugiere que los vegetarianos puntúan más bajo en benevolencia, seguridad y conformidad, y más alto en estimulación, logro y poder, en comparación con quienes comen carne.

La psicología de los valores básicos intenta describir por qué priorizamos unas metas vitales y no otras. El modelo de Schwartz propone diez valores universales, entre ellos benevolencia, que alude al cuidado de familiares y amigos, seguridad, que apunta a la estabilidad personal y social, y conformidad, que refleja el respeto a normas y expectativas. Otros valores son dirección propia, independencia y creatividad, estimulación, búsqueda de novedad, logro, éxito personal, y poder, control de recursos e influencia.

Un nuevo estudio sugiere que quienes siguen una dieta vegetariana pueden dar menos importancia a ciertos valores sociales, como el cuidado de los más cercanos o la conformidad con las normas, que quienes comen carne con regularidad. La investigación es un metaanálisis de tres estudios previos en Estados Unidos y Polonia que evaluaron cómo difieren los valores humanos básicos entre vegetarianos y no vegetarianos. El autor resume su interpretación con una frase contundente: «Los resultados actuales sugieren que los vegetarianos tienen valores coherentes con el hecho de ser miembros de una minoría social dispuesta a defender sus principios».

El trabajo reunió una muestra amplia y variada. En la encuesta de Estados Unidos se sobrerrepresentó a las personas vegetarianas, con 514 participantes vegetarianos frente a 540 no vegetarianos, a pesar de que en la sociedad de aquél país solo son un 6%. En los dos estudios polacos participaron 68 vegetarianos y 1.943 no vegetarianos.

Vegetarianos: menos preocupación por quienes están cerca, más conformismo, más búsqueda de experiencias nuevas

Los resultados convergen. En los tres conjuntos de datos, los vegetarianos puntuaron más bajo en benevolencia, que se entiende como la preocupación por quienes están cerca. La diferencia fue consistente y sugiere que, en promedio, los vegetarianos dan menos peso a nutrir relaciones personales cercanas que los no vegetarianos. También puntuaron más bajo en seguridad, el valor que captura la prioridad por la estabilidad, y en conformidad, que recoge hasta qué punto uno sigue las normas sociales. En cambio, las personas que evitan la carne puntuaron por encima en estimulación, es decir, la búsqueda de experiencias nuevas y excitantes, en logro, centrado en el éxito personal, y en poder, vinculado al control de recursos y a la influencia. Este patrón dibuja una imagen más matizada que el tópico de que el vegetarianismo va inevitablemente unido a una mayor benevolencia.

El autor advierte sobre el alcance de las conclusiones. Los datos proceden de dos países occidentales y no está claro si el mismo patrón se replicaría en otras regiones del mundo. También recuerda que la elección dietética es solo un aspecto de la identidad y no agota la complejidad de los valores personales. Aun así, la consistencia entre muestras y versiones del cuestionario refuerza la idea de que las diferencias observadas no son un capricho estadístico. En su discusión, Nezlek plantea que comer de manera minoritaria puede reflejar una voluntad de separarse de la tradición, afirmar la autonomía y, a veces, perseguir metas que requieren competir o ejercer influencia. No es una sentencia sobre individuos concretos, sino un retrato estadístico, como una foto de grupo en la que nadie sale igual.

Las personas vegetarianas pueden mostrar mayor sensibilidad al sufrimiento animal y mayor conciencia ambiental, pero eso no implica necesariamente más preocupación por las personas

El artículo también se detiene en un matiz relevante. Las personas vegetarianas pueden mostrar mayor sensibilidad al sufrimiento animal y mayor conciencia de las amenazas ambientales, pero eso no implica necesariamente una puntuación alta en benevolencia, definida como preocupación por las personas cercanas. El propio autor lo formula así: «Los resultados actuales sugieren que, aunque los vegetarianos pueden ser más sensibles al dolor y al sufrimiento de los animales y pueden ser más conscientes de las amenazas al medio ambiente que los no vegetarianos, esta sensibilidad y conciencia no reflejan el valor humano básico de la benevolencia». Parte de la aparente paradoja se resuelve al recordar que benevolencia, en este marco, se refiere sobre todo al cuidado de personas cercanas, no a la compasión por seres vivos en general o a preocupaciones globales como el clima.

¿Por qué importan estas diferencias? Porque los valores guían decisiones cotidianas, desde la forma de relacionarnos hasta cómo votamos o qué trabajos elegimos. Si un grupo tiende a valorar menos la conformidad y más la dirección propia, es plausible que rompa moldes con más frecuencia. Si otro grupo prioriza la seguridad, puede mostrarse más conservador en cambios de estilo de vida. El vegetarianismo, de nuevo, no convierte en héroes o villanos a nadie. Pero se asocia con un conjunto de prioridades que conviene entender cuando debatimos de salud, medio ambiente o cultura. Este estudio aporta datos, no dogmas, y abre la puerta a nuevas preguntas en contextos culturales distintos. Como suele ocurrir, la realidad es más sabrosa que el cliché.

REFERENCIAS

Rethinking vegetarianism: Differences between vegetarians and non-vegetarians in the endorsement of basic human values