El biólogo estadounidense James D. Watson deja un legado científico inmenso, pero ensombrecido por declaraciones racistas que le valieron la censura institucional.

El descubrimiento de la estructura del ADN en 1953 es el acontecimiento clave de la biología moderna. Aquella doble hélice explicaba cómo se copian los genes y por qué ocurren las mutaciones ocurren. El trabajo, firmado por James D. Watson y Francis Crick en la revista Nature, es el resultado de una década de avances, desde las reglas de Chargaff hasta las imágenes de difracción de rayos X logradas por Rosalind Franklin. En 1962, Watson, Crick y Maurice Wilkins recibieron el Nobel de Fisiología o Medicina.

Pero el legado de Watson queda ensombrecido por su tendencia a hacer comentarios prejuiciosos y sin fundamento científico sobre las personas negras, las mujeres y otros grupos, lo que acabó por obligar incluso a la institución que había dirigido durante mucho tiempo, el Laboratorio Cold Spring Harbor (CSHL), a romper toda relación con él en 2019.

James Dewey Watson nació en Chicago el 6 de abril de 1928. Se graduó en Zoología en la Universidad de Chicago en 1947 y se doctoró en la Universidad de Indiana especializándose en genética. En 1951 llegó al Cavendish Laboratory de Cambridge, donde conoció a Crick y empezó la carrera por desentrañar la química estructural del ADN. Watson ha fallecido a los 97 años. The New York Times informa de que murió esta semana en un hospital de cuidados paliativos de Long Island.

Ya de joven, Watson fue conocido tanto por sus escritos como por su pose de enfant terrible, incluida su disposición a usar los datos de otra científica (Rosalind Franklin) para impulsar su carrera, a pesar de sus indiscutibles méritos como experimentador. En su autobiografía de 1968, «La doble hélice», Watson ofrece un relato sin concesiones de cómo él y el físico británico Francis Crick fueron los primeros en determinar la forma tridimensional del ADN, logro que les valió el prenio Nobel de 1962 y abrió el camino a la ingeniería genética, la terapia génica y otras tecnologías basadas en el ADN que son comunes hoy en día.

El libro irritó a sus colegas. Crick se quejó de que «invadía gravemente mi privacidad», y Wilkins objetó que presentaba «una imagen distorsionada y desfavorable de los científicos» como seres ambiciosos dispuestos a engañar a quien fuera para alcanzar un hallazgo importante.

Además, Watson y Crick, que trabajaban en Cambridge, recibieron críticas por usar datos de difracción de rayos X obtenidos por la cristalógrafa Rosalind Franklin para construir su modelo, dos escaleras de caracol entrelazadas, sin reconocer su contribución. En «La doble hélice», Watson escribió que la investigación científica vive «las fuerzas contradictorias de la ambición y el sentido del juego limpio».

Watson, y su caída en desgracia

En 2007, Watson declaró al Times de Londres que creía que «las pruebas indicaban que la inteligencia de los africanos no es realmente, la misma que la nuestra”. Acusado de promover teorías racistas desmentidas, dimitió poco después como consejero del CSHL. Aunque pidió disculpas, repitió ideas similares en un documental de 2019, atribuyendo diferencias en puntuaciones de cociente intelectual, que la mayoría de científicos explican por factores ambientales, a causas «genéticas». Tras ese episodio, el laboratorio le retiró sus últimos títulos honoríficos.

Tras el descubrimiento de la estructura del ADN, Watson y Crick tomaron caminos distintos. Con solo 25 años, Watson no volvió a firmar un descubrimiento de esa magnitud, pero siguió influyendo en ciencia. Se incorporó a Harvard en 1956 y, en 1968, pasó al CSHL, que transformó en un centro de referencia. En 1990 fue nombrado director del Proyecto Genoma Humano, cuyo objetivo era ordenar los 3.000 millones de «letras» del genoma. En 2007 fue la segunda persona en secuenciar su genoma completo y lo hizo público, aunque no quiso conocer su riesgo genético de alzhéimer.

Casado y con dos hijos, siempre cultivó una imagen de «chico malo». A veces despreció a las mujeres en declaraciones públicas, y presumió de perseguir a mujeres jóvenes. Sin embargo, apoyó personalmente a varias científicas. Su legado, como su biografía, habla tanto de la ciencia como del ser humano.

REFERENCIA

Molecular Structure of Nucleic Acids: A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid