La NASA publica nuevas imágenes de 3I/ATLAS, el cometa interestelar, tomadas por el telescopio espacial Hubble, en medio de la controversia sobre su origen

Los objetos interestelares como ‘Oumuamua, que apareció en 2017 o Borisov en 2019 son fascinantes porque, al contrario que otros cometas y asteroides, no proceden de nuestro Sistema Solar, sino de otros sistemas estelares. Esto nos da una oportunidad de comparar su química con la del nuestro.

Después de meses de actividad frenética alrededor del cometa interestelar 3I/ATLAS, del que recientemente se enviaron imágenes tomadas desde Marte, es ahora el telescopio espacial Hubble, un proyecto conjunto de la NASA y la ESA, quien ha convertido en el ojo de referencia para seguirlo.

Las imágenes de 3I/ATLAS del Hubble han servido para estimar el tamaño del núcleo y describir su coma, el capullo de polvo y gas que lo envuelve. Antes, estudios con otros observatorios ya habían aclarado detalles sobre su composición y trayectoria, con opiniones encontradas sobre todo cuando alguien sugiere que se trata de una nave de tecnología extraterrestre, como el astrofísico de Harvard Avi Loeb.

Las nuevas imágenes de 3I/ATLAS

La NASA difundió nuevas imágenes del Hubble tomadas el 30 de noviembre y publicadas el 4 de diciembre de 2025. En ellas se aprecia un capullo de polvo con forma de lágrima que nace del núcleo helado. Los astrónomos siguen el objeto mientras atraviesa el cielo, así que las estrellas del fondo aparecen como trazos. El visitante viaja a más de 210.000 km/h, una velocidad coherente con su órbita hiperbólica, lo que confirma que no pertenece a nuestro sistema solar. La imagen permite afinar los límites del tamaño del núcleo, que no superaría los 5,6 km de diámetro y podría ser mucho menor. Aunque el Hubble no puede ver directamente ese corazón sólido, sí capta con claridad el material que se sublima al calentarse y sale despedido en forma de chorros.

nuevas imágenes de 3I atlas

Crédito: NASA / ESA

3I/ATLAS se descubrió el 1 de julio de 2025 gracias a ATLAS, el sistema de alerta de impacto financiado por la NASA que opera telescopios de rastreo en Chile y Hawái. El objeto es el tercero confirmado de origen interestelar, después de ‘Oumuamua y del cometa Borisov. Las primeras tomas del Hubble, del 21 de julio, lo situaban a 277 millones de millas de la Tierra y ya mostraban el característico capullo de polvo. Desde entonces, la agencia ha organizado una campaña con varios telescopios, incluidos instrumentos desde tierra y, cuando la geometría lo permite, otros observatorios en el espacio. El objetivo es seguir su evolución alrededor del perihelio, el punto más cercano al Sol, y en la fase de salida, cuando el cometa se debilita en brillo al alejarse.

El debate de la nave espacial

El debate público se encendió porque el astrofísico Avi Loeb, de Harvard, ha interpretado algunas variaciones de brillo como un “latido” luminoso que recordaría a una señal de control o propulsión. También ha señalado una posible anticolm, un resplandor apuntando hacia el Sol, y ha atribuido a ese patrón un origen potencialmente artificial. En sus textos ha llegado a asignar una probabilidad del 40% a que no sea un cometa convencional. Pero  una anticoma no implica tecnología. Se trata de un efecto de perspectiva que ya se ha observado en cometas del sistema solar cuando el polvo más pesado forma un plano que, visto desde la Tierra, parece apuntar en sentido contrario a la cola habitual.

La comunidad cometaria responde que los datos encajan con un cometa activo, sin necesidad de motores ni ingeniería. NASA y ESA insisten en que las imágenes muestran chorros y polvo producidos por sublimación, el paso directo del hielo a gas cuando el Sol calienta la superficie. Observatorios como el Telescopio Espacial James Webb, JWST por sus siglas en inglés, y varios telescopios terrestres han medido firmas químicas esperables en hielos volátiles, lo que respalda la interpretación natural. Las ligeras desviaciones respecto a una trayectoria puramente gravitatoria, llamadas aceleraciones no gravitacionales, se explican bien por el empuje de los chorros de gas al expulsarse del núcleo.

3I atlas

Crédito: NASA / ESA

La NASA intensificó el seguimiento cerca del perihelio, a finales de octubre, cuando la actividad del cometa suele aumentar por la cercanía al sol. En ese periodo el brillo varía porque cambian tanto la tasa de sublimación como la geometría de observación. Durante noviembre y principios de diciembre, el Hubble continuó recogiendo datos de 3I/ATLAS mientras su coma se expandía y la cola se reconfiguraba por la presión de la luz solar y del viento solar. Las estimaciones de distancia más cercanas a la Tierra rondaron las 269 millones de kilómetros, suficientes para descartar cualquier riesgo. De hecho, el objeto ya se debilita hacia magnitud 12, lo que lo coloca fuera del alcance de observación a simple vista y reserva su seguimiento a telescopios medianos y grandes.

En las próximas semanas, 3I/ATLAS continuará alejándose entre Virgo y Leo, con actividad cada vez menor a medida que se enfría. Los equipos agotarán la ventana de observación para exprimir pistas sobre su química y densidad del polvo, y así comparar su “firma” con la de cometas de nuestro vecindario. Si algo distingue a la ciencia es esto, acumular mediciones hasta que la explicación sencilla se imponga sobre la especulación. En 3I/ATLAS, de momento, la explicación sencilla gana.

REFERENCIA

As NASA Missions Study Interstellar Comet, Hubble Makes Size Estimate