Un micrófono del rover escuchó 55 descargas eléctricas durante tormentas de polvo y captó el trueno producido por los rayos en Marte
El trueno marciano no se parece al terrestre. En la Tierra asociamos el relámpago con nubes de agua, rayos ramificados y estampidos potentes. En Marte, una atmósfera finísima y muy seca cambia las reglas. Desde hace décadas, modelos y experimentos sugerían que las tormentas de polvo marcianas podían generar electricidad estática cuando los granos chocan y se frotan, un fenómeno llamado triboelectricidad. Se habían visto señales indirectas y se debatía si habría descargas reales. Faltaba oírlo desde el suelo. El rover Perseverance, equipado con un micrófono en el instrumento SuperCam y con una estación meteorológica, ha confirmado a esa sospecha.
Grabando el sonido del trueno de los rayos en Marte
Un equipo internacional revisó 28 horas de grabaciones del micrófono de SuperCam, que puede registrar sonido e interferencias electromagnéticas. Buscaban patrones de descarga en medio del viento y la arena. Encontraron 55 eventos eléctricos en dos años marcianos. En siete de ellos el micrófono captó la firma completa de una descarga. Primero aparece un “blip” electrónico, una interferencia breve cuando el campo eléctrico perturba el cableado del sensor. Después llega una relajación, o ringdown, que se prolonga unas 8 milésimas de segundo. Finalmente, en esos siete casos, suena una minúscula explosión acústica, el equivalente a un trueno en miniatura, causada por el calentamiento instantáneo del aire alrededor de la chispa.
Para verificar que aquello era electricidad y no ruido, el equipo replicó el experimento en la Tierra. Usó una copia de SuperCam y generó chispas junto al micrófono con una máquina de Wimshurst, un generador clásico de alta tensión. Las curvas resultantes, tanto las interferencias como el sonido, reprodujeron el perfil registrado en Marte, lo que avala que el rover estaba escuchando microdescargas reales.
Rayos y truenos, pero sin lluvia
La mayoría de los eventos, 54 de 55, coincidieron con el 30% de vientos más intensos que midió el rover en ese periodo, y con frecuencia en los frentes de las tormentas de polvo. En dos encuentros directos con diablos de polvo, esos remolinos que avanzan como fantasmas sobre la superficie, el micrófono registró 16 descargas. El viento fuerte parece clave, porque acelera y hace colisionar granos, acumula carga y favorece que el aire se rompa eléctricamente.
Las energías estimadas dibujan un Marte eléctrico, pero a escala diminuta. Seis de los siete “truencos” medidos liberaron entre 0,1 y 150 nanojulios, chispas milimétricas comparables a las que saltan al tocar un pomo cargado. El séptimo alcanzó 40 milijulios y encaja con una descarga del propio rover al suelo, acumulada por el roce del polvo contra su estructura. En la Tierra, un rayo medio nube-suelo descarga alrededor de mil millones de julios. El contraste deja claro que el relámpago marciano existe, pero no tiene nada que ver con los colosales rayos terrestres.
Aunque estas microdescargas no suponen un peligro inmediato para astronautas, sí importan para el diseño de equipos. La electricidad estática puede interferir con sensores delicados o acelerar el desgaste de materiales. Además, aporta una pieza nueva al puzle químico de Marte. En la Tierra, la electricidad atmosférica impulsa reacciones que forman compuestos reactivos y moléculas de interés prebiótico. Saber que el aire marciano también se electriza permite ajustar modelos de química atmosférica y, de forma más especulativa, afinar cálculos sobre posibles rutas químicas relevantes para la astrobiología.
El hallazgo cierra una vieja pregunta y abre un campo. Ahora que conocemos las condiciones que disparan estas chispas, velocidad del viento y carga de polvo, los modelos atmosféricos de Marte pueden incorporar fenómenos eléctricos y prever con más detalle cuándo y dónde aparecerán. Perseverance, que ya nos regaló el sonido del viento y de un helicóptero, añade una banda sonora inesperada: el chisporroteo de una tormenta de arena en otro mundo.
REFERENCIA
Detection of triboelectric discharges during dust events on Mars